POLITICA
Muere Alfonso Bañón Seijas a los 95 años, el diputado navarro que vivió el 23-F en el Congreso
“Tenía una radio pequeña y nos pasamos toda la noche escuchando la SER. Después de varias horas ya se formaban hasta corrillos", aseguró.
Alfonso Bañón Seijas ha fallecido este jueves 19 de marzo a los 95 años en Pamplona. El funeral tendrá lugar este sábado 21 de marzo a las 19 horas en la iglesia parroquial de San Saturnino, en la capital navarra. La conducción al cementerio de San José en Pamplona para su incineración se realizará este domingo 22 de marzo a las 11.15 horas desde el tanatorio San Alberto.
Bañón Seijas fue una figura vinculada a la Transición en Navarra y a la política centrista de la UCD en España. Nacido en Valladolid el 8 de agosto de 1930, desarrolló buena parte de su trayectoria en Navarra. Fue ingeniero de Montes, participó en los primeros años de la nueva etapa democrática y llegó a ocupar cargos como concejal en Pamplona, parlamentario foral y diputado en el Congreso.
Su trayectoria política estuvo ligada al espacio de la Democracia Cristiana en Navarra, integrado después en la UCD. En las elecciones municipales de 1979 encabezó la candidatura centrista en Pamplona, fue concejal y segundo teniente de alcalde, y más tarde dio el salto al Congreso de los Diputados, donde ocupó un escaño por Navarra entre 1979 y 1982.
Pero si por algo quedó marcado su paso por la política nacional fue por haber vivido desde dentro uno de los episodios más graves de la democracia española. Alfonso Bañón Seijas estaba sentado en su escaño dentro del Congreso el 23 de febrero de 1981, cuando el teniente coronel Antonio Tejero irrumpió armado en el hemiciclo durante la votación de investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo.
Aquel día había viajado a primera hora de la mañana desde Pamplona a Madrid para asistir a la sesión. Lo que parecía una jornada parlamentaria decisiva acabó convirtiéndose en una noche de miedo, incertidumbre y tensión dentro de la Cámara. Bañón fue uno de los diputados que tuvieron que tirarse al suelo cuando comenzaron los disparos en el hemiciclo.
En una entrevista concedida en 2016 al periodista Álvaro Medina, recordó con detalle aquellos primeros instantes del golpe. “Era una situación bastante desconcertante y tampoco tuvimos tiempo de pensar mucho. Justo en ese instante pronunció la famosa frase: ‘Todo el mundo al suelo’. Nadie hicimos ni caso, hasta que cogieron la pistola y se pusieron a disparar. Y en un hemiciclo cerrado los disparos suenan. Y mucho”.
En ese mismo relato explicó que el miedo fue real desde el primer momento. También recordó que hubo heridos durante el asalto. Según contó, uno de ellos fue el cuñado de Calvo-Sotelo, que se encontraba en la tribuna del público y resultó herido en una pierna. El segundo fue el diputado canario Sagaseta de Ilurdoz, alcanzado por los efectos de un impacto en un foco, cuyos cristales le causaron una herida en la nariz.
Bañón relató que, pese al miedo, con el paso de las horas dentro del Congreso comenzó a circular la información entre los propios diputados. “Tenía una radio pequeña y nos pasamos toda la noche escuchando la SER. Después de varias horas ya se formaban hasta corrillos y, entre unos y otros, nos íbamos informando de lo que estaba pasando fuera”, explicó. Aquella pequeña radio se convirtió para él y para otros parlamentarios en una de las pocas conexiones con el exterior durante las largas horas del secuestro.
Su testimonio reflejaba también cómo cambió la percepción del peligro a medida que avanzaba la noche. “Nosotros cuchicheando y no pasaba nada, ya vimos que en principio no iban a matar”, señaló en aquella entrevista. Aun así, dejó claro que el miedo estuvo presente y que todos los presentes vivieron horas de enorme angustia, sin saber cómo iba a terminar el golpe.
Con el paso del tiempo, Alfonso Bañón ofreció además una reflexión política sobre la figura de Tejero y sobre el propio golpe de Estado. “Siempre se ha dicho, pero la verdad es que yo confié muy poco en la intelectualidad de Tejero. Estaba manejado. Era un hombre muy patriota, a su manera, eso sí”, afirmó entonces, convencido de que detrás de aquella acción había intereses y maniobras que iban más allá del propio asaltante.
Ese recuerdo del 23-F convirtió a Alfonso Bañón Seijas en uno de los testigos navarros directos de una de las jornadas más decisivas de la historia reciente de España. Su muerte deja también la desaparición de una voz que pudo contar desde dentro cómo se vivió aquella noche en la que la democracia española estuvo al borde del abismo.