• domingo, 10 de mayo de 2026
  • Actualizado 16:07
 
 

COMERCIO LOCAL

Teresa se despide de uno de los bares más castizos de Pamplona: “Mi hija está dando saltos de alegría”

La hostelera cerrará una etapa de casi 14 años detrás de la barra y deja el negocio en manos de un joven de 20 años.

María Teresa Pérez en la barra del bar Verdurihall de Pamplona. Navarra.com.
María Teresa Pérez en la barra del bar Verdurihall de Pamplona. Navarra.com.

María Teresa Pérez González ha decidido bajar la persiana de una etapa muy ligada a la barra, a los pinchos fríos y a una clientela de esas que todavía entra en el bar y escucha su nombre antes de pedir. El próximo 4 de mayo será su último día de trabajo en Pamplona, tras casi 14 años atendiendo a vecinos fieles en pleno Segundo Ensanche.

El local en cuestión es el bar Verdurihall, un pequeño establecimiento con nombre peculiar situado en el número 22 de la calle Olite, muy cerca de otros bares conocidos como el Milán o el bar Ksual con el súper bocadillo de ocho huevos y frente a la iglesia de San Francisco Javier, en la avenida de Baja Navarra. Un rincón sencillo que, con el paso del tiempo, se ha convertido en punto de encuentro habitual para muchos clientes.

Teresa es de La Rioja, aunque lleva prácticamente toda la vida en Navarra. “Soy de La Rioja, pero llevo aquí desde los 18 años y voy a cumplir 67. Estoy cansada. Tengo que vivir”, reconoce la hostelera, que encara la jubilación con serenidad y con el alivio de dejar el negocio en buenas manos.

El relevo lo asumirá un joven de 20 años que actualmente trabaja por las tardes en otro bar del Ensanche. Teresa se muestra convencida con el cambio y dispuesta a echarle una mano en el arranque. “Hay que dar oportunidades a los chicos jóvenes. Yo le apoyo totalmente y le ayudaré hasta que conozca todo”, explica.

Su trayectoria en la hostelería viene de lejos. Antes de hacerse cargo del Verdurihall, trabajó durante 13 años en el hostal Aguirre de Oricain, junto a Agustín Aguirre, Conchita y Julián. “Allí aprendí mucho”, recuerda. También pasó por varias empresas, aunque la falta de estabilidad laboral terminó empujándola hacia los bares. “Como no te hacían fija, al final optas por la hostelería”, relata.

En este pequeño local ha pasado casi 14 años. El balance, pese al desgaste, es positivo. “He estado muy bien. Tengo una clientela maravillosa”, asegura. El bar no tiene cocina, pero Teresa ha sabido sacar adelante una oferta sencilla: tortilla de patata, gildas y pinchos fríos entre semana, y opciones como bacalao o salmón ahumado los fines de semana.

También ofrece raciones de oreja y morros, que calienta en el microondas, además de cortar jamón, queso y chorizo con una pequeña máquina. “No me preocupa no tener cocina porque te obliga a contratar a un cocinero para un bar pequeño”, comenta sobre un negocio que siempre ha sido manejable para ella.

El trabajo diario, sin embargo, ha sido exigente. Teresa ha estado prácticamente sola detrás de la barra. Abre a las 11 de la mañana, cierra sobre las 15.30 horas, vuelve a abrir a las 19 horas y aguanta hasta las 22 horas entre semana. Descansa los domingos por la tarde y los lunes. “Al final es mucha paliza. La edad se nota mogollón. Ya no aguantas tanto como cuando eres joven”, admite.

La decisión de jubilarse también ha sido bien recibida en casa. Su hija, que durante los Sanfermines acudía a ayudarle pese a tener tres hijos, lo celebró especialmente. “A mi hija la cogía en Sanfermines para ayudarme y eso que tiene tres niños y no le gusta la hostelería. Cuando le dije que me jubilaba en mayo, saltaba de alegría por no estar los Sanfermines trabajando”, cuenta Teresa. Además, señala que en San Fermín abrían a las 12 horas "para los aperitivos" y por la tarde "cuando salía la gente de ver la corrida de toros".

Los clientes, en cambio, no lo llevan igual. “No quieren que me jubile. Me dicen que siga y les digo que voy a tener que venir con el bastón”, bromea, consciente del vínculo que ha construido durante estos años.

Teresa se marcha satisfecha. Ha pagado el alquiler del bar y el de su vivienda, cerca del negocio, ha asumido los gastos de autónoma y asegura que incluso ha podido ahorrar algo. “No me voy a quejar. Me he ganado la vida estupendamente”, afirma.

A partir de ahora quiere cambiar de ritmo. Planea caminar más, apuntarse a gimnasia y pasar tiempo con sus nietos en la Chantrea. “Me he perdido muchos de sus años”, reconoce. También busca descansar mentalmente tras años de rutina exigente. De hecho, cuando los lunes le proponen salir por la tarde, suele rechazarlo. “Les digo que no por cansancio”, comenta.

¿Tienes una tienda, un bar, un restaurante o un local comercial en Pamplona o alguna localidad de Navarra?

¿Quieres salir en nuestra sección de Comercio Local y que miles de personas conozcan todo lo que ofreces con una noticia y fotografías hechas por profesionales?

Escríbenos a esta dirección y hablaremos contigo para contactar cuando antes: [email protected]


Apóyanos para seguir realizando periodismo independiente.


  • Los comentarios que falten el respeto y que no se ciñan al tema de la noticia, podrán ser eliminados.
  • Cada usuario será el único responsable de sus comentarios.
Teresa se despide de uno de los bares más castizos de Pamplona: “Mi hija está dando saltos de alegría”