NAVARRA
Un historiador desmonta en Pamplona los mitos del nacionalismo vasco: "Navarra no fue invadida"
Carlos Rilova impartió esta semana una charla organizada por Sociedad Civil Navarra
El historiador Carlos Rilova Jericó defendió en Pamplona que Navarra no fue invadida en 1512, sino que aquel episodio fue el desenlace de una guerra civil entre navarros. El doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco sostuvo que la historia navarra había sido alterada con fines políticos por el nacionalismo vasco.
Rilova pronunció esta semana la conferencia “La historia de Navarra frente a los mitos”, organizada por Sociedad Civil Navarra junto a Elpida Más y Héroes de Cavite. En su intervención, cuestionó los relatos identitarios que presentaban a Navarra como una nación separada de España o como víctima de una supuesta conquista extranjera.
“La historia de Navarra ha sido distorsionada con fines políticos y solo una lectura rigurosa, basada en el método histórico y no en relatos identitarios, permite entender su pasado con fidelidad”, afirmó el ponente durante la charla celebrada en Pamplona.
Uno de los ejes centrales de la conferencia fue el año 1512, fecha de la incorporación de Navarra a la Monarquía Hispánica. Frente a la tesis nacionalista de la “invasión castellana”, Rilova explicó que aquel proceso había respondido al final de una guerra civil interna entre los dos grandes bandos navarros de la época: beamonteses y agramonteses.
El historiador recordó que los beamonteses habían apostado por una unión pragmática con Castilla y Aragón. Por su parte, los agramonteses se habían alineado con intereses franceses que, según expuso, resultaban más arriesgados para el futuro del reino.
Rilova subrayó que proyectar el concepto moderno de “nación” sobre el siglo XVI suponía un anacronismo. Según explicó, en aquel periodo las decisiones políticas se tomaban por razones dinásticas y geoestratégicas, no por nacionalismos como los que surgirían siglos después.
También aludió a la disposición de la casa Albret-Borbón a negociar Navarra a cambio del ducado de Milán. Con este ejemplo, defendió que las élites de la época no contemplaban el territorio como un bien sagrado e innegociable, sino dentro de las lógicas políticas propias de su tiempo.
El historiador rechazó además que la integración de Navarra en la Monarquía Hispánica hubiera supuesto una “aniquilación” de la identidad navarra. Para sostener esta idea, citó a figuras de origen navarro o agramontés que habían alcanzado puestos relevantes dentro de esa estructura política.
Entre esos nombres mencionó a Martín de Azpilcueta, San Francisco Javier y el economista Jerónimo de Uztáriz. Este último sirvió tanto a los Austrias como a los Borbones y dedicó su obra a Felipe V.
“Hubo integración y ascenso social, no exclusión sistemática”, concluyó Rilova al referirse al papel que desempeñaron distintos navarros dentro de la Monarquía Hispánica.
Durante su intervención, el historiador también abordó el uso político de la historia por parte de los nacionalismos periféricos surgidos en el siglo XIX. Según expuso, estos movimientos habían aprovechado la crisis del Estado español para construir identidades enfrentadas a lo español.
Rilova criticó la utilización de la leyenda negra como instrumento para debilitar a España desde dentro y desde fuera. En este punto, citó la visión anglosajona histórica y una frase atribuida a Henry Kissinger: “España, si es fuerte, será un país peligroso”.
La conferencia fue presentada por Eduardo López-Dóriga, de Sociedad Civil Navarra, y por Ángel García, de Elpida Más. El encuentro tuvo como objetivo ofrecer herramientas intelectuales para responder a los relatos militantes que buscaban desvincular Navarra de su historia común con España.
Rilova advirtió, además, de los riesgos asociados a los proyectos secesionistas que prometían paraísos identitarios. A su juicio, la experiencia histórica mostraba que estos movimientos podían derivar en división, dependencia y fractura social.
En ese contexto, el historiador defendió que la historia no debía utilizarse como un arma ideológica, sino como un instrumento para comprender el pasado con rigor. Su intervención presentó a Navarra como un territorio con identidad propia, pero firmemente integrado en la historia de España.