SAN FERMÍN
La ciudad francesa hermanada con Pamplona que celebran sus fiestas como si fuese San Fermín
Si eres de los que vive San Fermín como algo mágico, debes vivir esta fiesta francesa que es prácticamente igual.
Si eres de los que vive el 7 de julio como un día mágico, seguro que el bajón del Pobre de mí te dura meses. Pero, ¿y si te dijera que no hace falta esperar un año entero para volver a sentir esa vibra única? Cruzando la frontera, a poco más de una hora en coche de Pamplona, hay una preciosa ciudad francesa que celebra sus fiestas patronales con un calco casi idéntico de los Sanfermines.
Hablamos de Bayona, una joya del País Vasco francés que está oficialmente hermanada con Pamplona desde 1960. Y vaya si se nota el parentesco. Cada año, a finales de julio, sus calles se inundan de una marea humana vestida rigurosamente de blanco y rojo, dispuesta a darlo todo en las famosas Fêtes de Bayonne.
La conexión entre Pamplona y Bayona viene de lejos, pero la chispa de sus fiestas se encendió de una forma muy curiosa. Las fiestas de Bayona nacieron oficialmente en 1932 gracias a la iniciativa de un grupo de amigos del equipo de rugby local. Estos hombres solían viajar a Pamplona para disfrutar de los Sanfermines y quedaron tan fascinados por el ambientazo, la música y el espíritu de la calle que decidieron que querían replicar esa misma magia en su propia casa.
Al principio, los colores oficiales de las fiestas de Bayona eran el azul y el blanco, los mismos que los de su club de rugby, pero con el paso de las décadas el rojo pamplonés acabó ganando la batalla. Hoy en día, saltarse el código de vestimenta de camisa blanca y pañuelo rojo es casi un pecado allí.
Este hermanamiento no es solo un papel firmado; es un puente cultural real. Durante las fiestas, es de lo más común ver a bandas de música, peñas y miles de jóvenes de ambos lados del Pirineo cruzando la frontera para unirse a la celebración de la mejor manera que conocemos: compartiendo una buena mesa, canciones tradicionales y muchas risas en plena calle.
Aunque en Bayona no tienen un encierro de toros salvajes por sus estrechas calles medievales, ellos optan por las tradicionales sueltas de vacas en la plaza pública, algo mucho menos peligroso pero igual de emocionante. Asimismo, el parecido con San Fermín te va a dejar con la boca abierta.
Para empezar, el inicio de las fiestas es prácticamente calcado. En lugar del mítico Chupinazo, en Bayona la locura se desata cuando el Rey León (un simpático personaje gigante de cartón piedra que es la mascota de la ciudad) se asoma al balcón del Ayuntamiento. Desde allí, se lanzan simbólicamente las tres llaves de la ciudad a la multitud que abarca la plaza, dando el pistoletazo de salida a cinco días de fiesta ininterrumpida.
La música de las charangas (allí llamadas bandas) llena cada rincón del casco antiguo, mientras la gente comparte comida en las barras de los bares y en las casetas callejeras. Es una fiesta superalegre de día y con un ambientazo increíble de noche. Así que ya sabes: si te quedas con ganas de más tras el 14 de julio, prepara tu pañuelo rojo, repasa un poco de francés y pon rumbo a Bayona.