• miércoles, 08 de julio de 2026
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SAN FERMÍN 2026

¿Quién es Miguel Reta, el pastor de San Fermín al que saludan todos los mozos antes del encierro?

Pastor del encierro desde 1994, Miguel Reta es una de las figuras más respetadas de las mañanas de San Fermín en Pamplona.

Miguel Reta, pastor del encierro de San Fermín.
Miguel Reta, pastor del encierro de San Fermín.

A las ocho menos unos minutos, Pamplona contiene la respiración. En Mercaderes, el murmullo de los corredores se mezcla con los nervios, las miradas rápidas y ese silencio extraño que aparece justo antes del cohete. Entre los mozos, hay un gesto que se repite cada mañana: muchos se acercan a chocar la mano de Miguel Reta, pastor del encierro desde hace 32 años.

No es un saludo cualquiera. Es casi un ritual. Una forma de pedir suerte, de reconocer autoridad y de confiar en quien conoce como pocos el peligro del encierro de San Fermín. Reta lleva una vara de fresno y una vida entera mirando a los toros desde el lugar más difícil: la retaguardia.

Miguel Reta, pastor del encierro de San Fermín

Miguel Reta empezó en las calles de Pamplona como corredor. Como tantos otros, sintió primero la llamada del encierro desde dentro, delante de los toros, con la adrenalina de los adoquines y la velocidad de la manada.

Pero en 1994 cambió de sitio. Pasó a ser pastor del encierro.

Desde entonces, su papel ha sido otro. Menos visible para muchos espectadores, pero fundamental para que cada carrera llegue limpia hasta la plaza. En este San Fermín 2026, descontando los años de parón por la pandemia, Reta acumula ya más de tres décadas dentro de una de las funciones más delicadas de los sanfermines.

Su trabajo no consiste en correr para lucirse. Tampoco en buscar una imagen. Su misión es ordenar el peligro.

El encierro de Pamplona desde atrás

En el encierro de San Fermín, los pastores forman un equipo de una decena de personas repartidas por los 875 metros del recorrido. No improvisan. Cada uno sabe dónde debe estar, cuándo intervenir y cómo moverse cuando los toros avanzan desde los corrales de Santo Domingo hacia la plaza.

Se entienden con gestos, miradas y silbidos. En apenas unos segundos, deben interpretar si la manada viene agrupada, si un toro se descuelga o si algún corredor está poniendo en riesgo a los demás.

La imagen más conocida del encierro de Pamplona suele estar delante de los astados. Pero detrás ocurre otra carrera. Allí están los pastores, atentos a todo, con la vara en la mano y el cuerpo preparado para intervenir cuando algo se complica.

La vara de fresno y el toro suelto

La posición más comprometida es la de cierre. Allí, el pastor actúa como una especie de escoba del encierro. Va detrás de la manada, controla que los toros no pierdan la dirección y evita una de las situaciones más temidas en las fiestas de Pamplona: que un astado se quede suelto.

Un toro suelto puede desorientarse, girarse y volver sobre sus pasos hacia una calle llena de corredores. En ese momento, la reacción de los pastores es decisiva. Deben empujar la carrera hacia adelante, proteger a los mozos caídos y cortar cualquier movimiento que pueda aumentar el peligro.

También tienen otra función incómoda, pero necesaria: frenar a los corredores imprudentes. La vara no es un adorno. Sirve para marcar límites, apartar a quien no debe estar y recordar que el encierro de San Fermín no es un espectáculo sin normas.

San Fermín y el respeto de los corredores

Por eso, muchos mozos buscan a Miguel Reta antes de correr. No lo hacen por fama. Lo hacen porque saben que detrás de esa figura hay años de experiencia, autoridad y conocimiento del toro.

Reta forma parte de ese grupo de personas que sostienen la esencia del encierro de San Fermín sin ocupar siempre el primer plano. Los corredores tienen sus tramos, sus momentos y sus carreras. Los pastores tienen otra responsabilidad: que todo siga su curso cuando el miedo se desordena.

En Pamplona, cada mañana de San Fermín, la diferencia entre un susto y una tragedia puede depender de una decisión tomada en décimas de segundo. Ahí aparece el oficio de los pastores.

La vida de Miguel Reta lejos del encierro

Pero Miguel Reta no se entiende solo en julio ni solo sobre el asfalto de Pamplona. Fuera de los Sanfermines, su vida está profundamente unida al campo bravo y a la conservación ganadera.

En su finca La Tejería, situada en Grocin, en Tierra Estella, ha impulsado un proyecto que muchos consideraban casi imposible: recuperar la pura Casta Navarra para la lidia moderna a pie.

No se trataba solo de criar toros. Era una apuesta de largo recorrido por un encaste histórico, ligado a Navarra y marcado por animales listos, nerviosos, fieros y de enorme carácter. Durante décadas, la Casta Navarra había quedado muy vinculada a festejos populares como recortes y capeas.

Reta quiso ir más allá.

La Casta Navarra y el sueño de La Tejería

Su proyecto en La Tejería ha sido una labor paciente. Rastreó y unió genéticamente las últimas cinco líneas puras de este encaste. Invirtió años, patrimonio y trabajo en una selección ganadera muy exigente.

Él mismo ha definido esa tarea como una forma de “arqueología ganadera”. Una expresión que resume bien la dimensión de su empeño: mirar al pasado para recuperar un patrimonio vivo y devolverlo al presente.

El gran hito llegó en julio de 2021, en la plaza francesa de Céret. Allí, después de más de un siglo de ausencia, la Casta Navarra volvió a lidiarse en una corrida de toros formal.

Fue una tarde de enorme tensión, con animales que devolvieron a los tendidos una sensación antigua de respeto y miedo. Aquel paso tuvo continuidad en Estella en 2022 y reforzó el reconocimiento de Miguel Reta entre la afición torista y en el entorno de la Unión de Criadores de Toros de Lidia.

Un ganadero ligado a Navarra

La historia de Miguel Reta también tiene una dimensión menos conocida para el gran público. Además de ser pastor del encierro y ganadero, trabaja como técnico del Instituto Navarro de Tecnologías e Infraestructuras Agroalimentarias, INTIA.

Desde esta empresa pública del Gobierno de Navarra, ejerce como secretario técnico de las razas bovinas en peligro de extinción de la Comunidad Foral.

Su trabajo está relacionado con el estudio genético, la protección y la conservación de especies autóctonas. Entre ellas se encuentra la vaca Betizu, de carácter semisalvaje, y también la preservación del patrimonio genético de la propia Casta Navarra.

Pamplona, San Fermín y una forma de entender el toro

Por eso, la figura de Miguel Reta une dos mundos que parecen distintos, pero que en realidad forman parte de una misma manera de mirar al toro.

En Pamplona, durante San Fermín, aparece como el hombre que ordena el peligro en el encierro. En el campo, trabaja por conservar una herencia ganadera que forma parte de la identidad navarra.

Cada mañana de julio, cuando los toros salen a la calle y la ciudad entera mira hacia Santo Domingo, Mercaderes, Estafeta y la plaza, Reta vuelve a ocupar su sitio. No busca protagonismo. No corre para ser visto. Está ahí para que otros puedan correr.

Y quizá por eso tantos corredores le chocan la mano antes del cohete. Porque en el corazón del encierro de San Fermín, entre el ruido, el miedo y la emoción de las fiestas de Pamplona, Miguel Reta representa una de las cosas más difíciles de encontrar cuando todo se mueve a toda velocidad: la calma de quien sabe exactamente lo que tiene que hacer.

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