La organización de las ambulancias nocturnas está provocando una situación en el Hospital Reina Sofía de Tudela difícilmente comprensible. Pacientes de avanzada edad, dependientes o con movilidad reducida están teniendo que esperar durante horas después de recibir el alta porque el vehículo encargado de llevarlos hasta sus domicilios o residencias ya no permanece por la noche en Tudela.
Fuentes del propio hospital consultadas explican que la situación se arrastra desde el pasado mes de mayo. La ambulancia destinada tradicionalmente a las altas nocturnas del Reina Sofía tiene ahora que desplazarse cada noche hasta Pamplona, donde establece su base a partir de las 23 horas hasta la mañana siguiente. Desde allí debe regresar a la Ribera cada vez que el hospital tudelano necesita trasladar a un paciente.
La ambulancia de Tudela tiene que esperar en Pamplona
La medida afecta especialmente a pacientes que no pueden marcharse de Urgencias por sus propios medios y que han recibido el alta tras su atención. Entre ellos se encuentran personas mayores, dependientes, pacientes con movilidad reducida o enfermos que necesitan camilla o silla de ruedas para regresar a casa. Las altas en urgencias ocurren en cualquier momento y a cualquier hora del día, incluso de noche o de madrugada. Un servicio de ambulancia se encarga siempre de estas gestiones para retornar a los pacientes que no tienen medios.
Profesionales que conocen directamente el funcionamiento de estos traslados explican que, en algunos casos, el trabajo de los técnicos va mucho más allá del viaje en ambulancia. Hay pacientes que necesitan incluso ayuda para llegar hasta su cama porque sus viviendas carecen de ascensor o presentan problemas de accesibilidad.
El cambio organizativo se produjo después de que Salud eliminara sobre el papel una de las dos ambulancias de estas características que operaban en Pamplona. Sin embargo, trabajadores consultados sostienen que el resultado práctico ha sido diferente: el vehículo que estaba destinado en Tudela se desplaza cada noche hasta Pamplona, de forma que la capital mantiene operativos dos recursos mientras la Ribera deja de disponer de uno fijo durante esas horas.
Fuentes consultadas de las ambulancias describen esta organización como “absurda” por los desplazamientos que genera. Cuando se produce un alta en el Reina Sofía, el vehículo tiene que salir desde Pamplona y recorrer el trayecto hasta Tudela antes de poder atender al paciente.
Esperas que pueden alcanzar las cuatro o cinco horas
Los profesionales señalan que, incluso cuando la ambulancia se encuentra libre, el paciente debe asumir el tiempo necesario para recorrer la distancia entre Pamplona y Tudela. Calculan que la espera puede situarse, en las mejores circunstancias, alrededor de una hora y media desde que comienza toda la operativa.
El problema aumenta cuando ese mismo vehículo está realizando otro servicio en Pamplona. Trabajadores del hospital relatan que entonces el paciente que ya ha recibido el alta tiene que esperar a que termine el traslado anterior y que la ambulancia pueda emprender finalmente el viaje hacia la Ribera.
Las situaciones más difíciles se producen cuando el vehículo llega hasta Tudela, realiza un traslado corto a alguna localidad próxima y, en lugar de permanecer disponible en el Hospital Reina Sofía, recibe la indicación de regresar de nuevo a Pamplona.
Fuentes conocedoras de esta operativa ponen como ejemplo un posible traslado entre Tudela y cualquier localidad cercana. Un servicio que podría resolverse en poco tiempo desde una base situada en el Reina Sofía acaba obligando al vehículo a regresar posteriormente hasta Pamplona.
Viajes de vuelta a Pamplona para regresar después a Tudela
Aseguran que incluso se han producido situaciones en las que la ambulancia ha terminado un servicio en la Ribera, ha regresado hasta Pamplona y, prácticamente al llegar, ha recibido un nuevo aviso para volver al Hospital Reina Sofía.
Los profesionales cuestionan especialmente esos kilómetros realizados sin pacientes mientras en Urgencias puede haber personas esperando para regresar a sus casas. Distintas fuentes del centro aseguran que se han registrado demoras de cuatro y hasta cinco horas.
Las consecuencias recaen especialmente sobre pacientes vulnerables. Personal del hospital relata que personas mayores y dependientes tienen que permanecer durante largos periodos sentadas en una silla de ruedas o tumbadas en una camilla en los pasillos de Urgencias después de haber recibido ya el alta médica.
La situación se complica durante los periodos en los que hay menos camas disponibles. Los trabajadores señalan que durante el verano se han cerrado camas hospitalarias y que las unidades de observación de corta estancia no siempre disponen de espacio para mantener allí a estos pacientes mientras esperan la ambulancia.
El personal del centro también lamenta que las consecuencias del sistema terminen recayendo sobre los trabajadores que mantienen el contacto directo con los pacientes. Enfermeras, auxiliares y personal administrativo son quienes tienen que explicar las esperas y atender las quejas de familiares y enfermos.
Fuentes del hospital insisten en que esos profesionales no deciden dónde se establece la base de las ambulancias ni cómo se organiza el servicio. Sin embargo, son quienes deben afrontar en primera línea el malestar cuando un paciente lleva varias horas esperando después de recibir el alta.
Una decisión que castiga especialmente a los pacientes más vulnerables
Entre los trabajadores consultados existe especial preocupación por el impacto sobre las personas mayores y dependientes, precisamente quienes tienen menos alternativas para abandonar el hospital cuando reciben el alta durante la noche.
Los profesionales reclaman una organización que vuelva a garantizar una respuesta rápida desde Tudela y evite desplazamientos innecesarios entre la capital ribera y Pamplona. Consideran difícil justificar que una ambulancia recorra repetidamente la autopista mientras existen pacientes esperando en el Reina Sofía.
La situación se mantiene desde mayo y ha continuado durante todo el verano. Mientras tanto, profesionales y trabajadores del hospital aseguran que las esperas continúan produciéndose noche tras noche y que el malestar crece tanto entre las familias como entre el propio personal sanitario.
Para las fuentes consultadas, el problema entra dentro una preocupación mucho más amplia sobre la situación sanitaria en la Ribera: falta de profesionales, presión creciente sobre Urgencias y decisiones organizativas que, aseguran, terminan perjudicando directamente a los pacientes que más necesitan del sistema sanitario.