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TERRORISMO

Dolor y rabia en el homenaje a Beiro en Leiza: "Invito a Sánchez a vivir aquí y luego pactar con Bildu"

Familiares y amigos de Juan Carlos Beiro han honrado un año más la memoria del guardia civil asesinado el 24 de septiembre de 2002 por la banda terrorista ETA en Leiza.

Homenaje a Juan Carlos Beiro, guardia civil asesinado por ETA en Leiza. JULIO VIDAURRE
Homenaje a Juan Carlos Beiro, guardia civil asesinado por ETA en Leiza. JULIO VIDAURRE

Familiares, amigos y compañeros de Juan Carlos Beiro han honrado un año más la memoria del guardia civil asesinado el 24 de septiembre de 2002 por la banda terrorista ETA en Leiza.

Como cada año desde el vil asesinato, el homenaje ha tenido lugar en la localidad navarra, en el punto en el que los terroristas cometieron el atentado mortal, un talud ubicado en la carretera que une las localidades de Leiza y Berástegui.

Los asistentes han depositado una ofrenda floral junto a la placa que recuerda al guardia civil, asturiano de nacimiento que solo llevaba tres meses en Navarra cuando fue brutalmente asesinado con una bomba.

Un atroz crimen que a día de hoy continúa sin responsables, hecho que ha destacado su viuda María José Rama en su discurso de este domingo en Leiza.

"Yo hace veintiún años que no tengo marido, no tengo paz y no tengo justicia. Hace ya años que me siento abandonada por los gobiernos de mi país. Y como yo, muchas víctimas", ha señalado.

Además, ha recalcado que los objetivos políticos del terrorismo se ven más cumplidos que nunca en 2023.

"Han pasado 21 años, pero el recuerdo duele como el primer día. Eso es el terrorismo. Su dolor no desaparece nunca en las familias de quienes lo hemos sufrido. Siempre está ahí. Por eso mataban. Para generar ese miedo y ese dolor. Para conseguir sus objetivos políticos, su independencia, su dictadura lingüística. ¿Perdieron? No, perdió España. Perdió España porque aquellos que no han condenado el terrorismo deciden el futuro de nuestra patria a cambio de cesiones bochornosas. Perdió España porque, para mantener el poder político, existen partidos que tanto en Navarra como en España no tienen ningún complejo en pactar con esta gente. Perdió España, porque parte de sus mejores hijos están muertos, y quienes jalearon a los asesinos hoy deciden el futuro del país. ¡Pobre España! ¿De verdad para esto hemos sufrido tanto?", ha recalcado.

Al homenaje han acudido diferentes representantes de cuerpos policiales y también ha tomado la palabra Silvestre Zubitur, militante de UPN en la localidad , cuyas palabras ha leído Juan Frommknecht, abogado. 

"Hoy es para nosotros el día más importante del año. Nos visita una amiga, una heroína a quien hemos arropado, a veces no sin dificultades, desde hace 21 años. Así prometimos hacerlo y así lo hemos hecho. No es un día alegre, porque recordamos el asesinato en este lugar de su marido, nuestro guardia civil Juan Carlos Beiro. Yo lo vi, y no lo olvidaré nunca".

En su discurso han señalado que "no es fácil contener emociones en un día como hoy" y ha querido reconocer la valía de muchos vecinos de Leiza que cada año acuden al homenaje.

"Hay gente anónima que espera con ilusión esta fecha, ayuda a adecentar el lugar, prepara el aperitivo o la comida, ayuda con la placa, va a por las flores, acude a la eucaristía. Todos ellos son de Leiza, lo que tiene un mérito especial, y a ellos se les unen gentes que no son de Leiza, cada año", ha destacado.

Además han agradecido la labor del cuerpo de la Guardia Civil, por "cuidarles entonces" y han transmitido su cariño y agradecimiento a la Policía Foral, Policía Nacional y miembros del ejército por su apoyo.

En el trascurso final de la intervención, han querido mostrar su "desolación" por el panorama político actual de España.

"Si los mandatarios políticos que hoy corren a los brazos de Bildu para pactar presidencias, puestos y prebendas hubieran vivido en Leiza, o en Echarri Aranaz, o en otros pueblos de Navarra una sola semana, esto no hubiera ocurrido o habría que estudiar un nuevo síndrome peor que el de Estocolmo. Queremos que los españoles sepan que sentimos una enorme frustración y dolor porque los asesinos de Juan Carlos no hayan sido todavía condenados ni juzgados".

"Y sentimos, también lo vamos a decir, un inmenso orgullo por la presencia de María José, por haber cumplido la palabra más de dos décadas, por seguir siendo fieles a la memoria que la víctimas merecen, por intentar recordar y fomentar su dignidad con éste acto, por la presencia de todos y cada uno de vosotros hoy, este domingo, en este acto y por no olvidar lo que pasó, a pesar de ir contra corriente. Señores del Gobierno. Altas esferas del País. Aquí pasó lo que pasó. Vivimos lo que vivimos y aguantamos como aguantamos. Fuimos leales a nuestro país, a la constitución y a la democracia. Antes de someterse a una posible investidura, invito personalmente al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez a mi casa, a vivir una semana en Leiza, y luego buscamos otro alojamiento para pasar una semana en Echarri Aranaz. Le invito a que vea las calles y coma con los vecinos constitucionalistas para que le expliquen cómo vivieron y como viven, a que se acerque a los cuarteles de la Guardia Civil, y luego, si su conciencia se lo permite, acepte los votos de Bildu. No antes. Pero no. Aquí presidentes y ministros no han venido más que para atentados y funerales", ha concluido Frommknecht con las palabras de Zubitur. 

UN ASESINATO QUE NO SE OLVIDA

Hace veinte años, Juan Carlos Beiro murió brutalmente asesinado en un talud en Leiza. Los terroristas de ETA sembraron una vez más el terror en tierras navarras. Quienes conocieron al joven guardia civil lo describen como valiente, impetuoso y casi temerario. Por lo tanto, su esposa, María José Rama, temía desde el principio que llegase un día en el que Beiro pusiera su profesión por delante de su vida. Así aparece reflejado este testimonio en el libro 'Relatos de Plomo'. Finalmente, se convirtió en una triste realidad el 24 de septiembre de 2002, cuando el asturiano fue asesinado por ETA.

El matrimonio llegó a Pamplona después del ascenso de Beiro a cabo primero. Pasaron varios meses esperando una asignación, con la esperanza de que fuera cerca de Gijón, donde habían comprado recientemente un piso y planeaban establecerse. Sin embargo, no fue posible, y se mudaron a la Comunidad Foral. En la Comandancia de la Guardia Civil en la avenida de Galicia, Beiro prestaba servicio en el control de acceso al edificio, un puesto que no le terminaba de convencer.

Acostumbrado a patrullar, decidió esperar a que surgiera la primera oportunidad que le permitiera acceder a otro puesto. Poco después, surgió la vacante en Leiza, la cual solicitó sin pensárselo dos veces. Beiro solo llevaba tres meses prestando servicio en esta localidad navarra cuando se sucedieron los hechos que condujeron a su muerte.

Era alrededor de las doce y media del mediodía del fatídico 24 de septiembre de 2002. Un guardia civil del destacamento de Tráfico de Vélez Málaga circulaba en su Peugeot 306 por la carretera antigua que conectaba Leiza con Berastegi, cuando una pancarta de grandes dimensiones llamó su atención. En ella, pudo leer "Guardia Civil" y unas palabras en euskera que no comprendía.

En ese mismo instante, el alguacil del pueblo apareció, y ambos decidieron llamar al cuartel para dar aviso. Tras recibir la llamada, los agentes de Leiza se movilizaron. El sargento Miguel de los Reyes Morata ordenó al cabo Juan Carlos Beiro y a su compañero de patrulla que se dirigieran al talud en un Nissan Patrol oficial. Él los seguiría en su coche, un Renault Laguna, junto con otro guardia. En el camino, se cruzaron con el Peugeot 306 del guardia que se sumó a la comitiva por detrás.

Al llegar al lugar, el sargento rápidamente tradujo las palabras en euskera: "Guardia Civil, mátalo aquí". "¡Todos para atrás!", ordenó a sus compañeros, quienes obedecieron de inmediato, resguardándose detrás de los coches. El patrulla en el que viajaba Beiro estaba más cerca de la pancarta y la observaba de frente. Los otros dos vehículos estaban estacionados en paralelo a la carretera.

Mientras el sargento subía por un camino hacia la parte superior del talud para observar la escena desde arriba, el cabo Beiro avanzó unos pasos y se posicionó junto a la parte delantera del Patrol. En ese momento, se activó la bomba que le arrebató la vida. La explosión lo alcanzó de lleno, y aunque fue trasladado al Hospital Nuestra Señora de Aranzazu en San Sebastián, los profesionales médicos solo pudieron certificar su fallecimiento.

El sargento quedó ingresado en la UVI del mismo hospital debido a las múltiples heridas de metralla en la cara, el tórax, el abdomen y las extremidades, además de un traumatismo craneoencefálico, y necesitó asistencia respiratoria. Los otros tres guardias fueron trasladados a la Clínica San Miguel de Pamplona, donde fueron tratados de heridas de metralla y perforación de los tímpanos.

Esa tarde, un pequeño grupo de vecinos, aproximadamente cuarenta personas de las 3.000 que residían entonces en la localidad, salió a protestar por el atentado. Se acercaron al cuartel del instituto armado, y fue la primera vez que en Leiza se escuchó gritar "¡Viva la Guardia Civil!".

El asesinato del cabo primero Beiro fue la respuesta de la banda terrorista ETA a algunas detenciones. El 16 de septiembre, en Francia, fueron arrestados dos líderes de la banda: Juan Antonio Olarra Guridi, quien había sido buscado durante años por la justicia y estaba acusado de varios asesinatos, y Ainhoa Mujika, corresponsable de comandos de ETA. Como respuesta, la dirección de ETA ordenó tres atentados contra la Guardia Civil. Dos de ellos no se concretaron debido a diversas circunstancias, pero el de Leiza llegó a consumarse. Aunque ETA reivindicó el atentado, aún persisten incógnitas sin resolver.


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