¿Y si las carreteras y los edificios de Pamplona pudieran actuar como bosques urbanos eliminando la contaminación? Este es el cambio de paradigma que propone un consorcio liderado por la Universidad Pública de Navarra (UPNA) y cinco empresas locales (Seguridad Sistemas Navarra, Sertecna, GEEA Geólogos, Levenger y Suescun Construcciones). Tras dos años de investigación y una inversión de 1,5 millones de euros, el proyecto ENERCON ha validado nuevos materiales de construcción "eco-activos".
La clave reside en el dióxido de titanio (TiO2) integrado en hormigones y revestimientos de fachada. Mediante un proceso llamado fotocatálisis, estos materiales aprovechan la radiación solar para activar reacciones químicas que descomponen contaminantes peligrosos como los óxidos de nitrógeno (NOx), el metano o el ozono.
Sin necesidad de energía externa, las superficies se vuelven capaces de autolimpiarse y de transformar gases tóxicos en sustancias inocuas, como agua o sales inorgánicas, que luego se eliminan con la lluvia.
Lo que hace único a este proyecto navarro no es solo el material, sino su capacidad de medir el impacto en tiempo real. El sistema incluye:
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Sensores avanzados: Monitorizan la reducción real de contaminantes y crean indicadores llamados ECO-COST.
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Plataforma de auditoría: Utiliza tecnología digital (Hashgraph) para certificar de forma transparente la descontaminación realizada.
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Bonos de carbono: Esta certificación permite convertir el aire limpio generado por un edificio en unidades comercializables en los mercados de emisiones.
Hacia la ciudad circular
Como explica José Javier Astrain, investigador del Instituto de Smart Cities (ISC) de la UPNA, el objetivo es que el sector de la construcción deje de ser solo un emisor de CO2 para convertirse en un agente activo de descontaminación. Este avance sitúa a Navarra a la vanguardia de la construcción sostenible, permitiendo incluso que la rehabilitación de edificios se financie gracias a los ahorros ambientales que ellos mismos generan.