Correr hacia una salida durante una emergencia no tendría por qué retrasar una evacuación. El verdadero problema podría aparecer cuando comienzan los empujones, las colisiones y la presión física junto a las puertas.
Así lo ha sugerido un estudio realizado mediante experimentos con robots por investigadores de la Universidad de Navarra. El trabajo ha comprobado que moverse con rapidez, siempre que se evite el contacto físico, permitiría abandonar un recinto en menos tiempo.
La investigación ha sido publicada en Physical Review Letters, una revista de referencia internacional en el ámbito de la Física. Sus autores son Marta Grasa, Laciel Alonso-Llanes, Ángel Garcimartín e Iker Zuriguel, investigadores de la Universidad de Navarra.
Hasta ahora, los manuales de seguridad han advertido de que correr hacia una salida puede generar tapones, retrasar la evacuación y aumentar el riesgo de lesiones. Sin embargo, los nuevos experimentos apuntan a que la velocidad no sería el principal obstáculo.
Para comprobarlo, los investigadores han programado un enjambre de robots con el objetivo de evacuar un recinto a través de salidas estrechas. Durante las pruebas han analizado qué ocurría al modificar tanto la velocidad de los autómatas como su comportamiento al encontrarse con otros robots.
Los resultados han mostrado que, cuando los robots evitaban tocarse, el aumento de la velocidad siempre reducía el tiempo necesario para salir. La situación cambiaba cuando los autómatas podían chocar, empujarse o ejercer presión entre ellos cerca de la puerta.
"Si los robots evitan el contacto entre ellos, cuanta más velocidad, mejor", ha explicado Marta Grasa. La investigadora ha destacado que la rapidez no ha supuesto un inconveniente durante los experimentos mientras se mantenía una separación entre los participantes.
Por el contrario, las colisiones sí han empeorado la evacuación. "Lo que realmente afecta son las colisiones: si dejamos que los robots se empujen, cuanto mayor es la fuerza con la que lo hacen, peor es el resultado", ha señalado Grasa.
El estudio apunta así a que los empujones, los codazos y la lucha física por alcanzar una salida podrían tener más peso en la formación de tapones que la propia velocidad de las personas antes de llegar a la puerta.
Los investigadores han pedido, no obstante, cautela a la hora de trasladar estas conclusiones a una emergencia real. En una evacuación protagonizada por personas intervienen numerosos factores que no pueden reproducirse completamente con robots.
Entre ellos se encuentran las diferencias de tamaño y fuerza, las posibles caídas y las distintas reacciones psicológicas ante una situación de peligro. También pueden variar las motivaciones y el comportamiento de cada persona cuando intenta abandonar un espacio.
"En una evacuación real influyen otros muchos factores, tanto físicos —diferentes tamaños de persona con diferente fuerza, aparición de caídas— como psicológicos —distintas motivaciones, reacciones—", ha explicado Ángel Garcimartín, catedrático de Física Aplicada e investigador del estudio.
A pesar de estas limitaciones, el trabajo ha abierto una posible dirección para futuras investigaciones. "En escenarios altamente competitivos, parece que el problema puede estar más en los contactos físicos —empujones, codazos, lucha por salir antes— que en la velocidad que el peatón pueda tener hasta llegar a una salida taponada", ha indicado Garcimartín.
Los resultados podrían servir como punto de partida para analizar nuevas formas de gestionar una emergencia. Según ha concluido el investigador, gracias a este tipo de estudios se podrían diseñar protocolos de evacuación más eficientes o espacios más seguros.