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SOCIEDAD

Luis Sentis anticipa la revolución de los robots de 3.000 euros: "La automatización no quitará el trabajo a nadie"

El catedrático de la Universidad de Texas y cofundador de Apptronik ha defendido una tecnología centrada en las personas, capaz de aprender, comunicarse y prestar nuevos servicios.

Luis Sentis. FUNDACIÓN LA CAIXA
Luis Sentis. FUNDACIÓN LA CAIXA

La robótica humanoide ha avanzado gracias a investigaciones como las de Luis Sentis, catedrático de Ingeniería Aeroespacial en la Universidad de Texas en Austin y cofundador de Apptronik. El científico ha desarrollado una teoría de control corporal que utilizan actualmente robots humanoides de todo el mundo.

Sentis ha explicado en CaixaForum Madrid cómo estas máquinas han dejado de ser una promesa de laboratorio. El investigador ha defendido una robótica centrada en las personas, capaz de ayudar en la industria, los comercios, las calles, los hospitales y los hogares.

Su primera teoría, denominada whole body control, permitió que los robots pudieran caminar y manipular objetos al mismo tiempo. Ahora trabaja en un nuevo concepto que ha bautizado como whole body communication, basado en la comunicación de todo el cuerpo.

El objetivo es que el robot no se limite a desplazarse o ejecutar una orden. También debe ser capaz de recopilar información, comprender el entorno y transmitir lo aprendido para prestar un servicio útil a las personas.

“Cuando camina por un barrio, recopila información que luego puede distribuir. Acumula historias sobre qué es ese lugar o quién vive allí”, ha explicado Sentis. El científico considera que estos datos pueden ayudar a que una comunidad, un pueblo o una zona funcionen mejor.

Para colaborar con una persona, el robot tampoco puede comunicarse únicamente mediante una pantalla con letras. Necesita interpretar gestos, anticipar comportamientos y comprender, al menos parcialmente, qué puede estar pensando su interlocutor.

“Quiero entender la empatía a través de los robots”, ha señalado el investigador. Sentis ha aclarado que las máquinas necesitan emociones para comunicarse mejor con las personas, pero no para sustituirlas.

Otra de las áreas en las que trabaja su equipo es la biomimética, que estudia los movimientos y capacidades del cuerpo humano. Sus investigaciones tratan de comprender cómo una persona puede correr, jugar al fútbol, lanzar una pelota o mantener el equilibrio.

El científico incluso plantea la posibilidad de crear versiones mejoradas de los grandes deportistas. Sin embargo, el propósito no consiste solamente en superar sus capacidades, sino en descubrir cómo consiguen realizar movimientos tan complejos.

Estas investigaciones también tienen aplicaciones directas en la salud y el bienestar. Permiten estudiar por qué se deterioran los músculos con la edad, por qué el cuerpo humano tiene cinco dedos o por qué muchas personas pierden la capacidad de caminar al llegar a edades avanzadas.

Ese conocimiento puede utilizarse para desarrollar prótesis, aparatos de ortesis y sistemas de rehabilitación. “La persona debe estar siempre en el centro”, ha subrayado Sentis al definir el modelo de robótica orientada al ser humano.

El investigador también ha explicado por qué muchas compañías están construyendo robots con apariencia humana. Una de las principales ventajas se encuentra en las piernas, que permiten desplazarse con rapidez, repetir movimientos y adaptarse a espacios diseñados para las personas.

Un coche puede alcanzar una gran velocidad, pero acelera a una fracción de la aceleración de la gravedad. Una persona o un robot humanoide, por el contrario, pueden acelerar mucho más durante la marcha, una capacidad útil en determinados entornos.

Para moverse con naturalidad, estas máquinas necesitan adquirir una comprensión semántica del mundo. También deben aprender de situaciones nuevas y comparar cada problema con experiencias similares almacenadas previamente.

Sentis ha recordado que los sistemas han pasado de funcionar con reglas cerradas a emplear modelos probabilísticos. Antes, los programadores indicaban al robot qué debía hacer ante cada puerta, camino o intersección.

Ahora, si una máquina abre una puerta y encuentra una situación desconocida, puede compararla con otras parecidas y decidir cómo actuar. Esa capacidad aumenta su autonomía, aunque también implica que el robot puede equivocarse.

“Ser infalible es imposible”, ha reconocido el científico. El objetivo debe ser conseguir que el sistema falle muchas menos veces que una persona al caminar, conducir, manipular una herramienta o realizar cualquier otra actividad.

Para comprobarlo, se necesitan grandes bases de datos. Estas permiten entrenar las funciones de navegación, manipulación y aprendizaje, además de medir hasta qué punto cada robot está realizando correctamente su trabajo.

La robótica humanoide también ha experimentado un importante crecimiento económico. Sentis ha asegurado que, en apenas cuatro años, la inversión global en este sector ha pasado de unos 40 millones a 40.000 millones de dólares.

En ese tiempo han aparecido empresas valoradas en más de mil millones de dólares. El cambio, según el catedrático, se ha producido por la colaboración entre líderes científicos y empresariales, pero también por el descenso del coste de fabricación.

“Ahora puedes tener un robot humanoide por unos 3.000 euros y vienen con una app store que te facilita muchas tareas”, ha afirmado. Las máquinas han dejado así de costar alrededor de un millón de euros y comienzan a ser accesibles para un número mayor de empresas y usuarios.

Antes de incorporarse a una fábrica, un comercio o un hogar, los robots también necesitan aprender. Apptronik ha abierto un centro para entrenar a sus máquinas mediante la recopilación masiva de datos obtenidos en situaciones reales.

“Los robots necesitan una escuela”, ha resumido Sentis. En sus instalaciones, cientos de trabajadores realizan tareas manuales que posteriormente deberán reproducir las máquinas.

Entre esas acciones se encuentran coger una caja, cortar el celo, sacar los productos y colocarlos en una estantería. Cada movimiento permite construir una base de datos con la que los robots pueden aprender a trabajar junto a las personas.

La trayectoria de Luis Sentis en la robótica humanoide comenzó por su interés en comprender cómo camina el cuerpo humano. El investigador se preguntó cómo una persona alta y esbelta puede desplazarse sin perder constantemente el equilibrio.

Durante sus estudios de Ingeniería de Telecomunicaciones en la Universitat Politècnica de Catalunya, tuvo la oportunidad de trabajar con robots. Posteriormente se trasladó a Estados Unidos para continuar su formación y desarrollar su carrera en este campo.

En 1997 comenzó un posgrado en la Universidad de Stanford gracias a una beca de estudios en el extranjero de la Fundación ”la Caixa”. Este año ha participado en la ceremonia de entrega de la 44.ª edición del programa y ha cedido el testigo a una nueva generación de becarios.

La ayuda económica le permitió centrarse durante años en la investigación de los robots humanoides. Más adelante, su trabajo recibió financiación de Honda y se orientó hacia las máquinas de asistencia, especialmente aquellas destinadas a ayudar a las personas mayores.

Sentis desarrolló entonces la teoría del whole body control, que, según ha explicado, se utiliza en todos los robots humanoides del mundo. Después se incorporó como profesor a la Universidad de Texas en Austin y comenzó a construir sus propias máquinas.

También ha trabajado con la NASA en el desarrollo de humanoides destinados al espacio. Esa experiencia académica y profesional terminó desembocando en la creación de Apptronik.

La compañía comenzó con una inversión de unos pocos millones de dólares y realizó trabajos para la NASA y el Departamento de Defensa de Estados Unidos. Con el paso del tiempo, ha puesto en marcha cadenas capaces de desarrollar y fabricar cientos de robots.

“A veces digo que la población de humanoides en Austin está creciendo no linealmente, sino exponencialmente”, ha comentado. Sentis ha pronosticado que una evolución parecida puede producirse próximamente en Barcelona y Madrid.

La creación de Apptronik también ha cambiado su forma de entender la tecnología. Después de pasar tres décadas entre laboratorios, máquinas y matemáticas, comenzó a interesarse por los problemas sociales y de seguridad de las ciudades.

El punto de inflexión llegó cuando le pidieron su opinión sobre el uso de robots por parte de la policía. Sentis comprendió entonces que no había estado suficientemente expuesto a las consecuencias sociales de sus investigaciones.

Posteriormente fue director del centro Good Systems de la Universidad de Texas en Austin. Allí entró en contacto con periodistas, escritores, comunicadores y ciudadanos alejados de los ámbitos puramente científicos.

Esa experiencia le ha permitido orientar su trabajo hacia las personas. “Una tecnología no está justificada si no tiene un impacto positivo en todos los ámbitos”, ha defendido.

Apptronik se ha centrado inicialmente en la industria, la logística y el comercio minorista, tres sectores con un gran volumen de actividad. Sin embargo, Sentis considera que los robots también tendrán una presencia cada vez mayor en espacios públicos y servicios sociales.

En algunas ferias de automóviles de Pekín, los vehículos ya son presentados por robots humanoides. En los centros comerciales, estas máquinas pueden guiar a los clientes, ofrecer información o anunciar la ubicación de una tienda.

El científico también ha imaginado su implantación en las calles españolas. En un país con un gran peso del turismo, los robots podrían orientar a una persona que se ha perdido, explicar una ruta o ayudar a encontrar un monumento.

En los restaurantes podrían informar sobre el menú, atender preguntas o facilitar la comunicación con visitantes extranjeros. Sus aplicaciones dependerán de la capacidad de cada máquina para entender el contexto y relacionarse de manera natural.

La expansión de la automatización ha generado dudas sobre su impacto en el empleo. Sentis, sin embargo, sostiene que la llegada de los robots permitirá aumentar la capacidad de producir bienes y crear nuevos servicios.

En el futuro, las familias podrían disponer de varios robots para realizar tareas domésticas, reparar máquinas o poner en marcha pequeños negocios. Una persona podría adquirir equipamiento y fabricar productos que anteriormente no habría podido elaborar por falta de tiempo, recursos o trabajadores.

“La automatización no le quitará el trabajo a nadie, sino que le dará a cada persona la oportunidad de crear algo que de otra manera no habría podido sacar adelante”, ha asegurado el cofundador de Apptronik.

Según su planteamiento, cualquier ciudadano podrá convertirse en un pequeño empresario y ampliar su capacidad para ofrecer productos y servicios. La tecnología actuaría como una herramienta de apoyo y no como un sustituto directo de las personas.

El crecimiento de la robótica también plantea interrogantes relacionados con la regulación. Sentis ha señalado que Estados Unidos y Europa han adoptado modelos diferentes para garantizar la seguridad.

En Estados Unidos predomina la autorregulación. Las empresas lanzan sus productos, invierten en sistemas de seguridad y realizan modificaciones cuando aparecen problemas, reclamaciones o demandas.

Europa, en cambio, suele establecer normas antes de que una tecnología llegue al mercado. El propósito es impedir la comercialización de productos peligrosos o de sistemas que no tengan una utilidad suficientemente justificada.

El investigador considera que la beca de la Fundación ”la Caixa” ha resultado decisiva en toda su trayectoria. “Fue absolutamente transformadora”, ha recordado durante su participación en el encuentro celebrado en CaixaForum Madrid.

Poco después de llegar a Stanford pudo conversar sobre robótica con Edward Teller. También trabajó en una empresa surgida de Motorola y vivió desde Silicon Valley el crecimiento y el posterior colapso de las compañías puntocom entre los años 2000 y 2001.

Sentis ha señalado que la beca le proporcionó tranquilidad para elegir un tema que realmente le interesaba y dedicar varios años a investigarlo. En su caso, empleó una década en desarrollar una teoría que ha terminado teniendo una repercusión internacional.

“Me atrevería a decir que los robots humanoides quizás no existirían sin la beca de la Fundación ”la Caixa””, ha afirmado. El científico ha considerado que estas ayudas permiten asumir riesgos académicos y perseguir investigaciones con impacto social.

A los jóvenes que dudan sobre la posibilidad de desarrollar una carrera internacional les ha recomendado confiar en sus capacidades. Sentis ha defendido que el éxito no depende únicamente del coeficiente intelectual, sino también de la creatividad, la motivación y la constancia.

“Que no tengan miedo”, ha señalado. El investigador les ha animado a buscar aquello que realmente les interesa, invertir en su formación y estar preparados para sorprenderse ante las oportunidades que pueden encontrar.

Tras una carrera desarrollada entre Stanford, la NASA, la Universidad de Texas y Apptronik, Sentis continúa trabajando en la teoría del whole body communication. También está apoyando económicamente a personas de distintas edades que tienen ideas empresariales novedosas.

Además, participa en debates sobre la relación entre tecnología, democracia y derechos humanos. Forma parte del comité del World Forum on the Future of Democracy, AI/Tech and Humankind y colabora en iniciativas relacionadas con los principios éticos y los derechos humanos de la inteligencia artificial.

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