• viernes, 23 de octubre de 2026
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SOCIEDAD

Ni fortaleza ni optimismo bastan: las claves que un estudio identifica para prevenir el burnout entre sanitarios

La investigación, impulsada por el Observatorio Social de la Fundación "la Caixa", también advierte de una mayor incidencia entre los profesionales jóvenes y pide mejorar las condiciones de trabajo.

Imagen de un equipo de sanitarios. FUNDACIÓN 'LA CAIXA'
Imagen de un equipo de sanitarios. FUNDACIÓN 'LA CAIXA'

El burnout sanitario no depende únicamente de la capacidad de cada profesional para soportar el estrés. Un estudio realizado con 992 médicos y enfermeros de Cataluña ha identificado la importancia del descanso, el buen trato y el apoyo laboral para reducir el riesgo de sufrir este síndrome.

La investigación ha puesto de manifiesto que los profesionales con menores niveles de agotamiento presentan mejores hábitos de sueño y se sienten más valorados por sus superiores y compañeros. También ha detectado una mayor incidencia del burnout entre los sanitarios jóvenes, lo que plantea la necesidad de reforzar su acompañamiento cuando comienzan a trabajar.

El burnout, conocido también como síndrome del quemado, es una consecuencia del estrés laboral crónico que no se ha podido gestionar adecuadamente. Se caracteriza por un desgaste físico y emocional que puede afectar a cualquier trabajador, aunque tiene una especial incidencia entre los profesionales sanitarios.

Las elevadas demandas asistenciales, la presión del tiempo, la burocracia, la falta de recursos o las dificultades para conciliar la vida laboral y personal son algunos de los factores relacionados con este problema. Sus consecuencias incluyen agotamiento emocional, distanciamiento psicológico del trabajo y pérdida de realización profesional.

El estudio, titulado Caracterización de los profesionales sanitarios que presentan bajos niveles de burnout profesional, ha sido impulsado por el Observatorio Social de la Fundación "la Caixa" y liderado por el doctor Oriol Yuguero, del eHealth Centre de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), y Anna Mitjans, coordinadora de proyectos de la Fundación Galatea.

En su elaboración también han colaborado la Universitat Autònoma de Barcelona, la Universitat de Lleida y el Institut Català de la Salut. La investigación ha buscado identificar qué protege a los profesionales frente al agotamiento, en lugar de centrarse exclusivamente en los factores que lo provocan.

Para ello, los investigadores han analizado las respuestas de 992 profesionales de medicina y enfermería, que han completado cuestionarios mensuales durante seis meses. Del total, 239 participantes, equivalentes al 24 %, han presentado niveles bajos de burnout.

Además, un grupo de 103 profesionales sin burnout persistente ha participado en grupos de discusión y en una experiencia de realidad virtual inmersiva. Esta metodología ha permitido estudiar cómo responden ante situaciones de estrés relacionadas con su trabajo.

Uno de los resultados más llamativos ha aparecido al analizar los hábitos de descanso. Entre los profesionales sin burnout persistente, solamente el 10,8 % dormía menos de seis horas diarias, frente al 28,3 % de quienes presentaban indicios de desgaste profesional.

En ese mismo grupo con mejores indicadores, el 84,8 % dormía entre seis y ocho horas. También manifestaban menos cansancio al despertarse y menos dificultades para conciliar o mantener el sueño durante la noche.

Las diferencias se han extendido al estado físico. Los profesionales con menores niveles de burnout sanitario sufrían menos cansancio a mitad de la jornada y al terminar el día, además de registrar menos dolores de cabeza, espalda y articulaciones, así como menos molestias digestivas.

También se han encontrado diferencias importantes en el bienestar psicológico. La presencia declarada de ansiedad o depresión ha sido del 3,6 % entre los profesionales sin burnout persistente, frente al 17,7 % del grupo con indicios de agotamiento.

Los investigadores han observado, además, un menor consumo de somníferos y unos hábitos alimentarios más saludables entre quienes presentaban mejores indicadores de bienestar.

Sin embargo, uno de los hallazgos más destacados no está relacionado con la salud física, sino con el entorno de trabajo. Los sanitarios sin burnout persistente se sentían mejor tratados por sus organizaciones, superiores y compañeros.

También percibían un mayor reconocimiento profesional por parte de los pacientes, los equipos, los responsables inmediatos, las instituciones y la sociedad. El estudio ha situado estos factores organizativos entre los elementos más relevantes para proteger frente al desgaste.

La investigación ha identificado tres grandes retos para mejorar el bienestar de los profesionales y construir unos sistemas sanitarios más sostenibles. El primero consiste en desmontar la idea de que la prevención depende principalmente de la fortaleza personal.

Aunque la estabilidad emocional y el optimismo pueden ayudar, los investigadores consideran que no sustituyen unas condiciones laborales adecuadas. "La resistencia individual tiene un límite que las organizaciones deben respetar", ha señalado el médico e investigador Oriol Yuguero.

El segundo reto pasa por mejorar el funcionamiento de las organizaciones sanitarias. El buen trato, el reconocimiento y un liderazgo cercano, claro y empático han aparecido como algunos de los factores protectores más sólidos frente al agotamiento.

"Un equipo cohesionado y con espacios de apoyo mutuo actúa como un escudo natural frente al estrés crónico", ha explicado Coral Fernández, gerente de la Fundación Galatea.

La tercera cuestión afecta especialmente a los profesionales que comienzan su trayectoria laboral. El estudio ha detectado una mayor prevalencia de burnout entre los sanitarios jóvenes, por lo que plantea reforzar la transición entre la formación académica y el ejercicio profesional.

Entre las medidas propuestas figuran las tutorías de calidad, los espacios de supervisión y el apoyo emocional. También se considera necesario ofrecer condiciones que faciliten el aprendizaje seguro, la autonomía progresiva y la conciliación.

"Los profesionales que disponen de más factores protectores no solo presentan menos síntomas, sino que también muestran más bienestar, optimismo, apoyo social, sentido del control, estabilidad emocional y capacidad de reparación emocional", ha concluido Oriol Yuguero.

Por su parte, Coral Fernández ha insistido en que la calidad del entorno laboral resulta determinante. "El buen trato, el reconocimiento, el liderazgo de apoyo, la autonomía profesional, la cohesión y la claridad organizativa actúan como recursos protectores", ha señalado.

La responsable de la Fundación Galatea ha explicado que estos resultados refuerzan el trabajo de la entidad en la promoción de la salud, la prevención del desgaste profesional y la intervención en equipos sanitarios.

Otra de las particularidades de esta investigación ha sido su metodología. Los responsables han combinado encuestas realizadas durante seis meses, grupos de discusión y realidad virtual inmersiva para analizar tanto las respuestas de los profesionales como su comportamiento ante situaciones de tensión.

Las simulaciones han reproducido situaciones asistenciales críticas, como una parada cardiorrespiratoria, una sepsis pediátrica o la atención domiciliaria a pacientes paliativos. De esta manera, los investigadores han podido observar la regulación emocional y la capacidad de apoyo entre compañeros en tiempo real.

El estudio propone así un cambio de enfoque en la investigación del síndrome del quemado. Frente a los análisis centrados tradicionalmente en los factores de riesgo, plantea prestar más atención a las condiciones que protegen la salud de los trabajadores.

La investigación ha contado con el impulso del Observatorio Social de la Fundación "la Caixa", un espacio dedicado al análisis de los cambios sociales y a la divulgación del conocimiento científico para enriquecer el debate público.

La Fundación "la Caixa" dispone en 2026 de un presupuesto de 710 millones de euros, un 8,4 % más que el año anterior. De esa cantidad, cerca del 60 %, más de 415 millones de euros, se destina a programas de transformación social.

Por su parte, la Fundación Galatea lleva más de 25 años promoviendo la salud y el bienestar de los profesionales sanitarios, tanto del sector público como del privado. En colaboración con colegios profesionales e instituciones, desarrolla iniciativas asistenciales, preventivas y de investigación para favorecer una atención segura y de calidad.

La Universitat Oberta de Catalunya (UOC), que cuenta con más de 97.000 estudiantes de todo el mundo, también ha participado en el proyecto a través de su actividad investigadora. La universidad impulsa investigaciones aplicadas e interdisciplinares vinculadas a los principales retos sociales, tecnológicos y educativos.

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