Un importante despliegue judicial y policial ha sorprendido este lunes a primera hora de la mañana a los vecinos de Pamplona. Numerosos agentes, vehículos policiales y una comitiva judicial han ocupado parte de una de las principales vías de acceso a la ciudad. La presencia de los investigadores ha despertado una gran expectación entre los ciudadanos que transitaban por la zona.
El operativo se ha desarrollado en la avenida de Zaragoza, en el barrio de La Milagrosa, donde el juez instructor, acompañado por efectivos de diferentes unidades de la Guardia Civil y la Policía Foral, ha acudido para reconstruir uno de los crímenes más estremecedores investigados en Navarra durante los últimos meses. La actuación ha ocasionado mínimos problemas de tráfico pero sí ha congregado a curiosos en los alrededores.
La diligencia judicial ha tenido como escenario el domicilio en el que, a comienzos del pasado mes de agosto, fue asesinado un ciudadano francés de unos 60 años. Su cuerpo fue posteriormente descuartizado y parte de sus restos aparecieron en el embalse de Yesa, en el término municipal de Sigüés (Zaragoza).
La reconstrucción ha llevado nuevamente hasta la vivienda a los investigadores de los dos cuerpos policiales que trabajaron conjuntamente para esclarecer lo sucedido. El objetivo de esta diligencia es reconstruir los hechos investigados y contrastar las circunstancias en las que se produjo el crimen.
El principal investigado es un vecino de Pamplona, E.B., y propietario del piso en el que convivía con la víctima El detenido reconoció en su momento los hechos ante el juez y permanece en prisión provisional comunicada y sin fianza.
Ambos compartían vivienda desde hacía aproximadamente un año. El ciudadano francés residía como inquilino en el inmueble, donde también había cinco perros: cuatro pertenecientes al propietario y uno a la víctima. La convivencia había estado marcada por los conflictos, las discusiones y las denuncias cruzadas.
Tres golpes con un hacha mientras la víctima cenaba
La investigación de la Guardia Civil y la Policía Foral ha situado el asesinato entre los días 1 y 2 de agosto de 2026. La víctima había salido a pasear a su perro durante la tarde del sábado 1 de agosto. Después regresó a su domicilio, del que ya no volvió a salir por su propio pie.
La reconstrucción policial y los elementos recogidos en el procedimiento judicial apuntan a un ataque especialmente violento. El juez de Ejea de los Caballeros consideró que el sospechoso se había acercado por la espalda a su compañero de piso cuando este se encontraba sentado a la mesa de la cocina, cenando, y le había asestado hasta tres golpes en la cabeza con un hacha.
El detenido ofreció una versión diferente de las circunstancias que rodearon el ataque. Reconoció los hechos, pero los relacionó con una discusión por el alquiler y llegó a sostener que había actuado en defensa propia, después de que la víctima supuestamente lo amenazara con un cuchillo y azuzara contra él a un perro.
Sin embargo, los indicios reunidos por los investigadores apuntan a que el ataque se produjo por la espalda, cuando el ciudadano francés estaba sentado y sin posibilidad de anticipar la agresión.
Descuartizó el cadáver y trasladó los restos hasta Yesa
La investigación ha permitido reconstruir también lo que sucedió después del asesinato. El sospechoso habría procedido a descuartizar el cuerpo de su compañero de piso antes de trasladar parte de los restos fuera de Pamplona.
Los agentes descubrieron que el detenido había comprado una sierra de sable días antes del crimen en un establecimiento cercano. La adquisición quedó registrada por las cámaras de seguridad del comercio.
El análisis de su teléfono móvil aportó otros indicios relevantes. Los investigadores localizaron búsquedas relacionadas con el seccionamiento de carne mediante herramientas cortantes, el estrangulamiento con bridas y el conocido asesinato de Edwin Arrieta a manos de Daniel Sancho en Tailandia, un caso en el que también se produjo el descuartizamiento y la ocultación de un cadáver.
Después del crimen, el investigado habría intentado eliminar las pruebas que permanecían en el domicilio. Los agentes encontraron varios botes de lejía utilizados, especialmente en el cuarto de baño, y señales de una limpieza exhaustiva de la vivienda.
Pese a esos esfuerzos, los especialistas localizaron pequeñas gotas de sangre en lugares poco habituales, como el techo y las paredes. Los análisis genéticos permitieron establecer su coincidencia con los restos humanos encontrados posteriormente en el embalse de Yesa.
Los investigadores también comprobaron que las cámaras de seguridad del interior de la vivienda y de las zonas comunes habían sido desconectadas o saboteadas. La última captura disponible correspondía al 24 de julio. En las imágenes también se observó al sospechoso utilizando un paraguas para ocultar su rostro.
La investigación reconstruyó además los movimientos del detenido con su Audi A3, vehículo que habría utilizado para trasladar bultos desde la vivienda hasta las inmediaciones del embalse de Yesa.
Parte de los restos fueron arrojados al pantano. El propio investigado reconoció que también había depositado otros en vertederos y contenedores de basura. No todos los restos de la víctima han podido ser recuperados.
El hallazgo de unos restos humanos destapó el asesinato
El caso comenzó a descubrirse el 4 de agosto de 2026, cuando un bañista encontró restos humanos en una zona de playa situada en la cola del embalse de Yesa, dentro del término municipal de Sigüés, cerca de la frontera con Navarra.
El testigo alertó inmediatamente al 112 y la Guardia Civil puso en marcha un dispositivo de búsqueda en el que participaron especialistas del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS), unidades caninas y drones.
Los agentes rastrearon la zona para tratar de localizar más partes del cadáver, aunque las primeras labores de búsqueda no permitieron recuperar nuevos restos de forma inmediata.
Tres días después, el 7 de agosto, se produjo un hallazgo que resultaría decisivo para resolver el caso. Un perro apareció deambulando en las inmediaciones de la balsa de Morea, en Beriáin, a unos 40 kilómetros del lugar donde habían aparecido los restos humanos.
El animal, llamado Xur, pertenecía al ciudadano francés desaparecido. Su identificación mediante el microchip permitió conocer quién era su propietario y relacionarlo con una denuncia por desaparición que había presentado su exmujer. A partir de ese momento, los investigadores comenzaron a conectar las piezas de un caso que inicialmente había arrancado con la aparición de restos humanos sin identificar en un embalse.
La sangre encontrada en el piso fue decisiva
El 8 de agosto, la Guardia Civil y la Policía Foral practicaron una entrada y registro en la vivienda de la avenida de Zaragoza que compartían el desaparecido y el principal sospechoso.
Durante la inspección encontraron restos de sangre, señales de limpieza reciente, recipientes de lejía y cámaras de seguridad desconectadas. También analizaron el vehículo del propietario del inmueble.
Las pruebas biológicas permitieron vincular el domicilio con los restos recuperados en Yesa. Al mismo tiempo, los investigadores reconstruyeron los desplazamientos del sospechoso y examinaron las denuncias anteriores relacionadas con los problemas de convivencia.
La investigación también se centró en los movimientos realizados durante los días posteriores a la desaparición, las grabaciones de seguridad y el contenido del teléfono móvil del sospechoso.
El análisis forense situó la muerte aproximadamente 72 horas antes del hallazgo de los restos humanos, una estimación compatible con las fechas en las que los investigadores consideran que se produjo el asesinato.
Detenido cuando salía de casa para pasear a sus perros
La investigación culminó el 8 de septiembre, cuando agentes de la Guardia Civil y la Policía Foral desplegaron un dispositivo conjunto para detener al sospechoso en Pamplona.
Los policías lo arrestaron cuando salía del domicilio de la avenida de Zaragoza para pasear a sus perros. La detención se produjo después de varias semanas de investigaciones y de la recopilación de pruebas que permitieron reconstruir lo sucedido.
El 10 de septiembre, el arrestado pasó a disposición del juzgado de Ejea de los Caballeros, que acordó su ingreso en prisión provisional comunicada y sin fianza en la cárcel de Zuera, ante el riesgo de fuga y de destrucción de pruebas.
En el procedimiento se le atribuyen delitos de asesinato, profanación y ocultación de cadáver, sabotaje de equipos informáticos y abandono de animales. La causa pasó posteriormente a un juzgado de Pamplona.
Ahora, casi tres meses después de los hechos, la investigación ha regresado al escenario en el que comenzó todo. La presencia del juez instructor, la Guardia Civil y la Policía Foral en la avenida de Zaragoza ha vuelto a situar este crimen en el centro de la atención.