La foto de San Fermín del 3 de marzo: Roland Laboye
Roland Laboye (Castres Francia, 1944) está clasificado entre los fotógrafos humanistas. franceses, dentro de este grupo los más representativos son: Éduard Boubat, Jean Philippe Charbonnier, Jean Dieuzaide, Robert Doisneau y Willy Ronis. Con algunos de ellos Laboye comparte el honor de haber sido galardonado, en 1977, con el prestigioso Premio Niépce, que anualmente concede la asociación Les Gens d'images para recompensar la obra de un fotógrafo residente en Francia
Roland Laboye posee el título de Caballero de la Orden de las Artes y Letras del Ministerio de Cultura francés. Reside en Montpellier en donde ha sido director artístico, entre 1984 y 2009, del Photo-Vision; institución dependiente del Ayuntamiento, que organiza regularmente exposiciones de fotografías. Tiene también una trayectoria docente, ha impartido numerosos talleres y cursillos de formación fotográfica. Parte de su obra se conserva en colecciones privadas y públicas. En Pamplona no es un desconocido, expuso en 1991 en la galería Nueva Imagen, cuya revista publicó, coincidiendo con la exposición, un reportaje sobre él.
Si prestamos atención a su obra no podemos quedarnos indiferentes, porque sus fotografías muestran, en general, una anécdota simpática cargada de fino humor. La maestría de Laboye consiste en saber componer una imagen con sutil ironía para provocar hilaridad. Es fiel discípulo del “instante decisivo” que acuñó Henri Cartier-Bresson: sus instantáneas captan ese preciso momento que transmite el mensaje gracioso; una fracción de segundo antes o un instante después, el encanto se habría desvanecido.
Laboye es un viajero infatigable que recorre con frecuencia la geografía española de punta a punta buscando inmortalizar todo tipo de eventos, este pasado año, que sepamos, ha estado en las procesiones de Semana de la Santa de Zamora y en las Navidades de Almería.
En sus viajes por España ha recalado varios años en las fiestas de Pamplona. Junto a Jim Hollander y John Kimminch ha orbitado en el círculo íntimo de Koldo Chamorro cuya casa se convertía en Sanfermines en el campamento base de fotógrafos de todas latitudes a los que daba apoyo o alojamiento. Y es que Chamorro, además de ser un buen anfitrión, era un gran embajador de las fiestas de San Fermín de las que prodigaba sus excelencias en cualquier oportunidad.
Laboye posee un amplio reportaje de su paso por los Sanfermines del que hemos seleccionado la fotografía de este tres de marzo. Es de ambiente callejero de las muchas escenas que podemos encontrar en cualquier rincón de la ciudad. En concreto está tomada en el Paseo de Sarasate frente a la fachada principal del Banco de España.
La imagen desvela dos aspectos que ha cambiado con el paso del tiempo: 1) el pavimento de la acera en forma de panal se sustituyó por el actual de losetas cuadradas; 2) los coches además de circular podían aparcar. En ese lugar, enfrente del monumento a los Fueros, aunque no hay bares se encuentra la Tómbola de Cáritas; por lo que podríamos imaginar que las dos protagonistas han obtenido un boleto premiado con las dos botellas de vino espumoso, que en vez de pimplárselo han decido regarse mutuamente.
Aunque la escena puede ser habitual en fiestas, la foto es excepcional, tiene la impronta de su autor: es Laboye en estado puro. Cumple todas las características que identifican la esencia de la obra del fotógrafo afincado en Montpellier: tomada en la calle, es afable, lleva cierta carga de ironía y está captada en el momento oportuno.
Si los protagonistas de este duelo de cava fuesen dos hombres la foto no tendría tanta gracia. El factor relevante es que son dos mujeres, vestidas de San Fermín que se enfrentan botella de espumoso en ristre. Ambas están dispuestas a arruinar el blanco impoluto de la contrincante y, por supuesto, la permanente de peluquería.
En cualquier caso, la guinda de la foto, que la convierte en magistral, es el grafiti del fondo “NO GUERRA”. Alguien podría pensar que se trata de la profusa campaña antibelicista contra el gran error del Gobierno de José María Aznar de involucrar a España en la guerra de Irak. En aquel 2003, las protestas callejeras y las pintadas de la oposición se prodigaron por doquier con el lema oficial “NO A LA GUERRA”. Es decir, llevaba adicionalmente la preposición y el artículo.
Sería conveniente recordar que el rechazo al militarismo reciente no proviene del tiempo de la invasión de Irak, sino del movimiento hippie de EEUU de mediados de los años sesenta contra la guerra de Vietnam con el eslogan “HAZ EL AMOR Y NO LA GUERRA”. La foto de Roland Laboye está tomada en 1999; por tanto, no coincide ni en tiempo, ni en forma con las protestas contra la guerra que apoyó el PP, pero trasmite con perspicaz ironía un mensaje antibelicista atemporal.