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Opinión / San Fermín

La foto de San Fermín del tres de marzo: José Torregrosa

El siete de julio de 2022, José Torregrosa obtuvo esta fotografía en la sacristía de la capilla de San Fermín de la parroquia de San Lorenzo.

7 de julio de 2022. La sacristía de la capilla de San Fermín (Foto José Torregrosa, cortesía del autor).
7 de julio de 2022. La sacristía de la capilla de San Fermín (Foto José Torregrosa, cortesía del autor).

A simple vista no dice nada, en ella aparece un señor mayor vestido de tuno y tres monaguillos. Sin embargo, la instantánea es muy explicita y desvela los bastidores de los actos religiosos en honor al santo patrón de Navarra, San Fermín.

Los pamploneses, entre el Chupinazo y el “pobre de mí”, honramos litúrgicamente al Santo con la ofrenda infantil, la misa de mayores y cuatro grandes actos religiosos. El primero de éstos, las vísperas cantadas por la Capilla de Música de la Catedral y la Orquesta Sinfónica de Navarra, que tienen lugar la tarde del día 6 en la capilla del San Fermín. En la misma iglesia también se celebra, con la misma solemnidad, la octava en la mañana del último día de las fiestas

7 de julio de 2022. La sacristía de la capilla de San Fermín (Foto José Torregrosa, cortesía del autor)
7 de julio de 2022. La sacristía de la capilla de San Fermín (Foto José Torregrosa, cortesía del autor)

Las conmemoraciones más señaladas acontecen el día de la celebración de San Fermín en el que coexisten dos grandes actos religiosos: la procesión por las calles del Casco Antiguo y la misa solemne en la capilla del Santo. Comprender lo que sucede cada siete de julio en Pamplona explica y da sentido a la foto de Torregrosa.

Ese día todo comienza hacía las 10 de la mañana, cuando las autoridades de la ciudad salen de la Casa Consistorial para dirigirse a la Catedral, en donde recogen al Cabildo Catedralicio. La Corporación Municipal acude a la cita con todo el esplendor posible, en lo que se denomina Cuerpo de Ciudad; es decir, en traje de gala con la bandera de la ciudad, se hace acompañar por la Comparsa de Gigantes y Cabezudos, clarineros y timbaleros, maceros, escolta, txistularis, dantzaris, gaiteros, y la banda de música La Pamplonesa.

Desde la Catedral el Cabildo Catedralicio y la Corporación Municipal se dirigen conjuntamente a la parroquia de San Lorenzo para recoger la imagen del Santo e iniciar la procesión propiamente dicha.

El hecho de que las autoridades de la ciudad vayan a buscar al Cabildo y no sea al contrario, no es una mera cortesía, conlleva un significado más formal de lo que pueda parecer, ya que la autoridad municipal está sometida a la eclesiástica formada por el arzobispo de Pamplona y el Cabildo Catedralicio, que son los que presiden la procesión. El orden marcado por el protocolo, indica qué autoridad es la predominante. Dicho de otro modo, la procesión es un indudable acto religioso, no sólo por pasear al Santo, sino por la autoridad que lo tutela.

El origen del culto a San Fermín está documentado desde el siglo XII, mientras que la primera procesión se celebró en 1386 cuando Carlos II de Navarra recuperó una reliquia del Santo que depositó en San Lorenzo. Por eso, la procesión vela por conservar la tradición, siendo extremadamente rigurosa en su orden y protocolo.

A lo largo de los años ha sufrido variaciones, en la actualidad se compone de once grupos: 1. La Comparsa de Gigantes y Cabezudos; 2. Cruces parroquiales; 3. Maceros municipales; 4. Hermandad de la Pasión y Congregación Mariana; 5. Gremios de la Carpintería y Labradores; 6. Clarineros y timbaleros; 7. Corte de San Fermín; 8. Cabildo Catedralicio y Arzobispado de Pamplona; 9. Corporación Municipal; 10. El jefe de la Policía Municipal; cierra el séquito La Pamplonesa

El macero de la Catedral abre la comitiva de las cruces parroquiales, se distingue por la peluca gris del siglo XVIII, impolutos guantes blancos y una gramalla medieval de color rojo con cenefa dorada; porta en el hombro derecho la maza y en la mano izquierda, pegado al pecho, un sombrero de color rojo. El macero teóricamente utiliza su maza para abrirse paso en caso de aglomeración; este personaje lo encontramos en las procesiones del Cabildo Catedralicio. La mayoría discurren en el interior del recinto de la iglesia catedral, saliendo al exterior cuatro días señalados: Domingo de Ramos, Corpus Christi, San Fermín y San Saturnino.

El macero de la Catedral, Julián Solano, antecede a las cruces parroquiales e inicia la procesión de San Fermín (Foto Jasmina Ahmetspahic)
El macero de la Catedral, Julián Solano, antecede a las cruces parroquiales e inicia la procesión de San Fermín (Foto Jasmina Ahmetspahic)

En la foto de Ahmetspahic observamos la salida de la Catedral del macero y algunas cruces parroquiales, el orden depende de la antigüedad de la parroquia. La primera es San Saturnino, la segunda San Nicolas y la tercera San Lorenzo con su inconfundible cruz. Participan otras cruces como la de San Francisco, San Miguel y la arzobispal. Hace un tiempo cada parroquia aportaba sus propios portadores. Actualmente, el cabildo gratifica a voluntarios para portar las cruces, exceptuando San Lorenzo que tiene sus propios acólitos. Todos los portadores de cruces van vestidos con alba que ajustan a la cintura con un cíngulo.

El actual macero de la Catedral es Julián Solano; viene realizando esta función desde hace ocho años. Lo curioso es que heredó el puesto de su hijo, que se lo cedió cuando Julián se jubiló de su carnicería de la calle Comedias. Es una persona afable, vecino de Idocin, aficionado a la fotografía y a caminar por el monte. Asume la responsabilidad de abrir el cortejo de la procesión de San Fermín, con la dificultad de no poder volver la cabeza para saber si lleva el paso correcto; depende de la ayuda de tres personas de Liturgia de la Diócesis de Pamplona que se comunican por walkie-talkie coordinados por el maestro de ceremonias José Antonio Goñi.

El día que tomó la fotografía José Torregrosa fue muy especial, los dos años anteriores, debido a la pandemia, no se había procesionado al Santo. Por eso, todos los actos y la procesión fueron especialmente emotivos.

Si “los momenticos” de la procesión son ya de por sí conmovedores, aquel año cobraron un significado especial, un verdadero homenaje a la jota navarra. Al final de la procesión cuando el Santo retornaba a San Lorenzo recibió un baño de pétalos.

Hacía un impenitente calor, el macero llevaba más de dos horas vestido con toda la parafernalia recorriendo las calles del Casco Antiguo. A medida que los grupos procesionales iban llegando a la iglesia de San Lorenzo, unos entraban en la sacristía, otros esperaban el inicio de la solemne misa en honor del Santo. 

En la sacristía Julián apoya la maza en el radiador, se quita los guantes, deja el sombrero en una silla y se despoja de lo más aparatoso de la vestimenta: la calurosa peluca y la gramalla medieval; respira aliviado. En la puerta de la sacristía se ha apostado José Torregrosa con su cámara, al igual que un francotirador, dispara una ráfaga en modo reportaje que capta la secuencia de cómo el macero se ha desvestido del ropaje superfluo.

La instantánea de La Escalera Fotográfica de hoy inmortaliza a Julián con una mirada de sorpresa, nos descubre que lleva un agobiante traje de golilla; éste era el oficial de los regidores de la ciudad hasta 1842, posteriormente se adoptó el frac. El macero tras el consuelo de quitarse parte de la ropa, observa con admiración al fotógrafo, cruzando los pies en una posición irrepetible. Destaca el calzado con hebilla como complemento del atuendo.

A la izquierda de la fotografía distinguimos los tres acólitos de San Lorenzo: Marcos Navarrete, Pelayo Sánchez y Jaime Solá. Uno de ellos se ha quitado el alba. Distinguimos al fondo por encima de la peluca del macero, la cruz de San Lorenzo. A la derecha posado en el suelo laminado -indica que ha sido reformado- se observa un zaldiko que destaca por su belleza y el faldón de tela adamascada. No pertenece a la Comparsa de Gigantes y Cabezudos del Ayuntamiento. En 2010 la Asociación de Amigos de la Catedral recuperó este zaldiko que se integra en el séquito catedralicio.

El reloj de pared del fondo marca las 12 y diez minutos. La imagen del Santo ha retornado a la capilla y todo está dispuesto para comenzar la misa oficiada por el arzobispo de Pamplona, Francisco Pérez, y el Cabildo Catedralicio en la que participan la Capilla de Música de la Catedral y el Orfeón Pamplonés.

La fotografía de Torregrosa nos descubre la importante figura del macero de la Catedral y nos recuerda que hay una parte litúrgica de las fiestas que, afortunadamente, los pamploneses viven cada año con más intensidad. No es de extrañar que fuese galardonada aquel año con el primer premio del concurso organizado por el Banco de Santander y Diario de Navarra. Una reproducción en grandes dimensiones de la misma fue expuesta, durante un año, en la fachada de la entidad bancaria en la plaza del Castillo.

La escalera fotográfica de 2024

La escalera fotográfica de 2023

La escalera fotográfica de 2022


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La foto de San Fermín del tres de marzo: José Torregrosa