La herboristería Niyi ha bajado la persiana este viernes 28 de noviembre después de 41 años formando parte del día a día de los vecinos de Iturrama. El local, situado en la calle Padre Barace 1, ha sido durante más de cuatro décadas el punto de encuentro de clientes fieles que han visto detrás del mostrador a la misma pareja: Santosa Lie, originario de Bali (Indonesia), y Mercedes Echeveste Atorrasagasti, nacida en Andoáin.
Pamplona ha sido, desde 1984, el hogar profesional de ambos. “Abrimos allá por finales de octubre de 1984, creo que fue el 28 de octubre del 84”, recuerda Santosa, todavía sorprendido de que en aquella época “casi nadie sabía lo que era una herboristería”. Su llegada al barrio coincidió con un momento en el que el comercio de cercanía tenía otro ritmo y otra forma de entenderse, y así lo han mantenido hasta este último día de trabajo.
La pareja llevaba un año anunciando el traspaso del negocio, pero nunca terminó de cerrarse. “Y eso que funciona. Va bien, pero nosotros ya hemos llegado a los 70 años y lo tenemos que dejar por jubilación”, comentan con una mezcla de resignación y alivio. Aun así, no han querido despedirse sin un gesto hacia quienes les han acompañado tanto tiempo.
En su último día han tenido un detalle muy especial con sus clientes, comerciantes y amigos. Santosa explica que hablaron con los responsables del bar Via Veneto, situado a pocos metros del establecimiento, para que “les den gratis un café y un pincho a todos los que entren hoy preguntando por nosotros. Pero solo hoy, así que aprovechad. Luego ya pagaremos la factura final”, bromea con una sonrisa que mezcla emoción y vértigo.
“Hemos cumplido 41 años en el mismo sitio”, comenta él, consciente de que cierra una etapa vital. “Estoy a gusto aquí, pero ya con 70 años me parece demasiado, y eso que estoy bien de salud”. Su voz deja entrever nostalgia cuando añade que conoce “más gente de aquí que en mi barrio de Mendillorri, donde vivo. Conozco incluso a tres generaciones de algunas familias”. En la entrada, un cartel pegado a la cristalera resume el sentir de estos días: ‘Muchas gracias por todo’.
A partir de ahora, Santosa reconoce que no tiene un plan cerrado. “Viviré al día y así es mejor. Lo que salga sobre la marcha. Me gusta leer, pasear, ver cosas, no viajar lejos”, expresa. Tampoco contempla volver a vivir a su país de origen. “Para ver a mis hermanos sí, pero para vivir no. Yo ahí no pinto nada.
Ya soy pamplonés. Nada más llegar aquí en tren la sensación que tengo es buenísima. Me han acogido siempre muy bien. Allí es otro mundo”. En su caso, tampoco ha habido relevo familiar: “Mi hija mayor está en Escocia y mi hijo está recorriendo el mundo en bicicleta. Ahora está en Ecuador. Ha salido viajero”.
Mercedes, con 71 años, comparte ese nudo en la garganta que deja un cierre tan largo. “Hay dos sensaciones muy diferentes. Una me da pena y tristeza por dejar a un montón de personas con las que nos hemos relacionado tantos años”, admite. Pero también mira hacia adelante con cierta ilusión: “Da alegría porque vamos a empezar una nueva etapa. Lo único que pido es tener salud para disfrutar”.
Tampoco a ella le ha resultado posible encontrar quien tomara el relevo de la tienda. “Unos han estado más cerca, pero la decisión última no la han tomado. Familiarmente tampoco”, explica. Para Mercedes, estos 41 años han sido “muy bonitos porque es un trabajo muy agradable y la gente es muy maja. El trato es bonito y llegas a hacer amistades, conoces a familias enteras”.
Ahora, dice, disponen de “24 horas para lo que sea”, sin necesidad de emprender grandes viajes. “A mí me gusta leer. No necesito irme a tres mil kilómetros”. Entre abrazos y felicitaciones, muchos clientes han expresado su pena por el cierre, conscientes de que era una decisión inevitable tras toda una vida dedicada al barrio.