Arancha Murillo e Iñigo Guerrero atienden la última ferretería que queda en un pueblo de Navarra con unos ocho mil habitantes. El establecimiento se ha convertido en el único comercio de este tipo para toda la localidad y mantiene una clientela formada por vecinos, profesionales y empresas de la zona.
El negocio se encuentra en Huarte, una localidad de la comarca de Pamplona situada a muy poca distancia de Burlada y Villava, y a solo diez minutos de la capital navarra. Allí, la ferretería Berriainz mantiene su actividad en un entorno en el que este tipo de comercio tradicional ha ido desapareciendo.
Los navarros Arancha Murillo, de 52 años, e Iñigo Guerrero, de 48, son las dos personas que atienden en la tienda de Huarte. La empresa cuenta, además, con otro local más grande en un polígono industrial cercano de Berriozar, desde donde se refuerza el servicio y el suministro de productos.
Arancha lleva 21 años en la tienda, casi desde su apertura. Iñigo suma ya 14 años detrás del mostrador. Ambos han visto cómo el comercio se ha quedado como la única ferretería del pueblo. “Hace años había otra ferretería en el pueblo, pero cerró y solo queda esta. Nos va bien. La gente se porta bien con nosotros”, aseguran.
La ferretería Berriainz cuenta con una oferta muy amplia. En sus estanterías hay productos para el hogar, herramientas, artículos de droguería, tornillería, menaje y materiales para profesionales. Y cuando algo no está disponible en la tienda, se encarga. “Lo que no hay aquí, se trae. Tenemos un poco de todo”, explican.
Por el establecimiento pasan tanto particulares como trabajadores de distintos sectores. Algunos clientes compran menaje, sartenes o pequeños artículos para casa. Otros buscan herramientas, pinturas o material más específico para su actividad profesional. La cercanía de empresas importantes en la zona también ha ayudado a mantener el movimiento del negocio.
“Viene tanto el particular, que compra menaje o sartenes, como el profesional. Hay mucha empresa grande alrededor como Cinfa, San Andrés, etc.”, señalan Arancha e Iñigo, que destacan que la tienda ha ido ganando clientela con el paso de los años.
Desde que abrió sus puertas, la venta ha ido a más. Sus responsables lo atribuyen a la variedad de producto, a los precios y a la posibilidad de traer aquello que el cliente necesita. Entre los artículos más demandados figuran herramientas con batería, pinturas al agua y máquinas de llaves automáticas y manuales.
El comercio también funciona por temporadas. En primavera, por ejemplo, aumentan las compras relacionadas con las huertas y el trabajo al aire libre. En esos meses se venden máquinas para cortar, alubias para sembrar, semillas y raticidas. Tampoco faltan artículos de droguería, tirafondos, escarpias, tornillería o incluso ambientadores.
La tienda abre de lunes a viernes de 8.30 a 14 horas y de 16 a 18.30 horas. Los sábados y domingos permanece cerrada. Los sábados dejaron de abrir desde el verano, después de muchos años acumulando largas jornadas tras el mostrador. “Estamos aquí un montón de horas”, reconocen.
Ese cambio de horario también ha modificado algunos hábitos de los clientes. Según explican, ahora notan más movimiento los viernes por la tarde y los lunes, cuando comienza la semana y muchos profesionales y particulares preparan sus trabajos o compras pendientes.
Arancha e Iñigo también recuerdan algunos momentos en los que determinados productos se dispararon de forma inesperada. Uno de ellos fue el famoso apagón del 28 de abril, que provocó una fuerte demanda de pequeñas cocinas de gas. Otro fue la pandemia, cuando vendieron una gran cantidad de mascarillas.
También tienen presente la respuesta solidaria tras la DANA de Valencia. Desde la central de Berriainz se enviaron dos furgonetas llenas con botas y trajes de agua, un material especialmente necesario en aquellos días.
El objetivo de la empresa ha sido, desde sus inicios, ofrecer un servicio de calidad tanto al profesional como al particular. Esa atención directa, unida a una amplia gama de productos, novedades y ofertas, les ha permitido ganar presencia en el mercado industrial y de la construcción en Navarra.
La ferretería está asociada a Synergas, una cooperativa asentada en la zona y con una trayectoria comercial de 25 años. Para el negocio, esa pertenencia ha reforzado su capacidad de ofrecer productos, servicio y asesoramiento a distintos tipos de clientes.
El secreto, explican, sigue siendo el mismo que al principio: buen servicio, una gran oferta de producto, precios ajustados y un asesoramiento personal. En una localidad de ocho mil habitantes en la que ya solo queda una ferretería, Arancha e Iñigo mantienen vivo un comercio cercano, práctico y necesario para el día a día.