COMERCIO LOCAL
Pablo, el joven de 19 años que coge un bar de Pamplona y se enfrenta él solo a los Sanfermines
Es un rincón sencillo, de barra pequeña con pinchos, pero con una clientela fiel que ha seguido acudiendo tras el relevo.
Pablo García Ochoa ha tomado las riendas de un pequeño bar del Segundo Ensanche de Pamplona hace apenas unas semanas. Tiene 19 años, acaba de terminar un grado superior de Imagen y Sonido en Donapea y se ha lanzado a una aventura poco habitual para alguien de su edad: ponerse al frente de un negocio hostelero casi en solitario.
El joven pamplonés se ha hecho cargo del bar Verdurihall, un pequeño establecimiento situado en el número 22 de la calle Olite, después de la jubilación de María Teresa Pérez el pasado 4 de mayo. Ella había estado casi 14 años al frente de este local, que se ha convertido con el paso del tiempo en un punto de encuentro habitual para muchos clientes de la zona.
El bar se encuentra en una ubicación muy reconocible del Segundo Ensanche, cerca de otros establecimientos conocidos como el recuperado bar Milán o el bar Ksual, famoso por su súper bocadillo de ocho huevos, y frente a la iglesia de San Francisco Javier, en la avenida de Baja Navarra. Es un rincón sencillo, de barra pequeña, pero con una clientela fiel que ha seguido acudiendo tras el relevo.
No es frecuente ver a un joven de 19 años al frente de un bar. Pablo lo sabe y asegura que muchos clientes se lo han comentado desde que ha empezado esta nueva etapa. “Me lo ha dicho mucha gente porque a esta edad la gente está terminando de estudiar. He acabado un grado superior de Imagen y Sonido en Donapea. Me dan el título y ahora a seguir con esto. Mi idea es estar aquí en el bar un par de años o tres para hacer un colchón y luego ya iremos viendo”, explica.
Su vínculo con la hostelería no ha surgido de la nada. Antes de hacerse cargo del Verdurihall, Pablo había trabajado como camarero en el bar Savoy. Allí comenzó hace aproximadamente un año y medio y, poco a poco, ha acabado encontrando una vocación inesperada. “Empecé en la hostelería hace año y medio y poco a poco me he encariñado”, reconoce.
La oportunidad ha llegado a través de su entorno familiar. Su padre conocía a la anterior dueña del bar, Tere, porque le suministraba la cerveza. A partir de ahí, Pablo empezó a hablar con ella, ambos llegaron a un acuerdo y el joven decidió dar el paso. “Me lancé. Llevo un mes y muy contento, a la espera de los Sanfermines para planificar un poco todo”, señala.
La propia Tere le ayudó durante la primera semana para facilitar el relevo. Después, Pablo se ha quedado prácticamente solo al frente del bar. Abre de martes a domingo y descansa los lunes. Reconoce que el trabajo cansa, sobre todo porque tiene que atender la barra sin compañía durante buena parte de la semana, pero asegura que la experiencia le está mereciendo la pena.
Su horario habitual comienza a las 11.30 horas y se prolonga hasta las 15 horas. Los viernes, sábados y domingos alarga el servicio hasta las cuatro de la tarde. Por la tarde vuelve a abrir de 19 a 23 horas. Los domingos, después del vermú, cierra para poder descansar.
Ese será también, en principio, el horario que mantendrá durante los Sanfermines. Pablo afrontará sus primeras fiestas de Pamplona al frente del bar con prudencia, pendiente de comprobar hasta dónde puede atender la demanda de los clientes. Su idea, en cualquier caso, es mantener la esencia del local y dar importancia al vermú de media mañana, uno de los momentos fuertes de la semana.
La acogida de los clientes ha sido uno de los aspectos que más le ha sorprendido. “Con los clientes he conectado muy bien. Me han acogido muy bien. Yo encantado porque son muy majos y se ha mantenido todo igual”, afirma. Ese ambiente cercano ha ayudado a que el cambio de dueña no haya supuesto una ruptura para quienes ya frecuentaban el Verdurihall.
Pablo también ha empezado a introducir algunas novedades en la barra. “He implementado un pincho nuevo de jamón ibérico, tartaletas de ajoarriero, el pincho vasco o donostiarra de chaka, y poco a poco iré pensando y metiendo más cosas”, explica. Su margen, de momento, está condicionado por las dimensiones del local y por el hecho de no contar con cocina con salida de humos.
Entre semana prepara tortilla de patata y ofrece pinchos de atún con mayonesa, bacalao, sardina y gildas. La barra es sencilla, pero suficiente para mantener el pulso diario del establecimiento. Los momentos de más movimiento llegan con el vermú de los viernes, sábados y domingos, cuando la clientela aumenta y el bar gana ambiente.
El primer mes ha dejado buenas sensaciones. Pablo asegura que revisó los números de la etapa de Tere antes de tomar la decisión y que, por ahora, está satisfecho con el arranque. “Esto va bien. Vi los números de Tere y muy contento con el primer mes”, comenta.
También ha contado con el respaldo de su familia, que no esperaba una decisión así tan pronto. “La familia ni se lo esperaba. Me apoyan en todo y muy contentos”, señala. Su nueva rutina le deja menos tiempo libre, incluso para su vida personal. “Tengo novia, pero la veo poco”, reconoce con naturalidad.
Pese al cansancio, Pablo no se arrepiente. Estaba a gusto en el Savoy, pero vio la posibilidad de ser su propio jefe y decidió aprovecharla. Ahora, con solo 19 años, afronta su primer gran reto al frente del Verdurihall: unos Sanfermines que pondrán a prueba su capacidad de trabajo, su barra y ese pequeño bar del Segundo Ensanche que ha iniciado una nueva etapa. “Al final estaba muy a gusto en el Savoy y vi la oportunidad de ser mi propio jefe. Ilusionado y con ganas”, concluye Pablo.