La hostelería de Pamplona suma desde este miércoles 1 de abril un nuevo proyecto con mucho de ilusión y también de riesgo personal. El colombiano Daniel Eduardo Rojas, de 28 años, y la boliviana Alejandra Arlet Usca Espejo, de 31, han abierto su primer negocio propio y lo han hecho apostándolo todo. “Hemos invertido todos los ahorros y confiamos en que salga bien”, aseguran los dos, que hasta ahora habían trabajado en el sector como empleados y que se estrenan como autónomos al frente de un bar.
El nuevo local se llama La Colmena de Abejeras y ocupa el antiguo bar Gredos, que llevaba varios años cerrado. Está en la calle Abejeras 20, haciendo esquina con Serafín Olave, en el barrio de Iturrama, muy cerca de negocios conocidos de la zona como la floristería Floresther o la pescadería Hermanos Arlegui. La pareja conoce bien ese entorno y precisamente ahí ha visto la oportunidad de arrancar con un establecimiento al que quieren devolver movimiento, clientela y vida diaria.
Para ambos, este paso supone mucho más que una apertura. Es la primera vez que ponen su nombre y su trabajo al frente de un negocio propio. Daniel lleva 20 años en Pamplona y Alejandra, cuatro. Ella será quien atienda la barra y él se encargará de la cocina, una división de tareas que encaja con la experiencia de los dos. “Yo llevo una trayectoria trabajando de camarera en muchos bares. Me gusta mucho este sector. El barrio es precioso, muy bonito. Es la idea que teníamos para poder empezar un nuevo negocio”, explica Alejandra. Daniel, por su parte, siempre se ha dedicado a los fogones.
La idea de La Colmena de Abejeras pasa por ofrecer una propuesta reconocible, cercana y con personalidad. “Le queremos dar un toquecito de amor a la comida”, cuentan. La base será la cocina española, aunque con algún guiño a sus raíces. “Es cocina española con un toque de nuestro país como alguna salsa, pero vamos a elaborar comida navarra que es muy buena”, subrayan. En esa carta no faltan platos muy de aquí como las cazuelicas de callos, carrilleras, ajoarriero, chorizo a la sidra y huevos rotos.
Entre las apuestas más personales de la casa aparecen también las croquetas, con una receta nueva bautizada como ‘corocroqueta’, que Daniel define como una especie de guiso de ternera convertido en bocado. A eso se suman raciones de patatas bravas, patatas alioli, rabas con padrón, chistorra con padrón, jamón ibérico, fritos variados, hasta ocho platos combinados diferentes, seis ensaladas y todo tipo de bocadillos. La intención es que el bar funcione tanto para el pincho rápido como para el plato más contundente.
Uno de los productos que más está llamando la atención en estos primeros días es la hamburguesa de la casa. Según explican, lleva carne angus, la salsa propia del bar y queso de cabra, con ese contraste entre salado y dulce que buscan potenciar. La sirven con pan de cristal, patatas fritas y, como repiten ellos, “el cariño” con el que preparan cada plato. En la barra tampoco falta un clásico que consideran intocable: la tortilla de patata. “No la quitamos por nada del mundo”, dejan claro.
El cambio en el local también ha sido importante. El espacio llevaba tiempo cerrado y, según relatan sus nuevos dueños, estaba “un poco dejado”. Por eso, una parte importante del esfuerzo inicial se ha ido en mejorar la imagen del bar y hacerlo más agradable. “Conocemos la zona y me gusta porque la gente está respondiendo muy bien y tiene una terraza espectacular”, señalan. Para darle ese nuevo aire, han apostado por más luz natural, pintura, luces nuevas y un letrero renovado, además de varios arreglos para actualizar el establecimiento.
El nombre del bar no salió por casualidad. Después de darle vueltas a varias opciones, repararon en que estaban en la calle Abejeras, que en euskera es lugar de abejas, y vieron ahí una idea con fuerza. Les pareció un nombre bonito, diferente y muy ligado al entorno, así que se quedaron con La Colmena de Abejeras. El guiño aparece también en uno de sus acompañamientos más singulares: una salsa de la casa llamada abeja reina, elaborada con miel, bacon y mostaza.
La historia personal de la pareja también está muy ligada ya a la ciudad. Alejandra tiene en Pamplona “a mi padre y a mi hermano pequeño”, mientras que Daniel cuenta aquí con “mis tíos, mi abuela y mi madre”. Ella reconoce que al principio le costó adaptarse, pero asegura que la ciudad le ha ido ganando poco a poco.
“Al principio me costó un poco adaptarme, pero me gustan la comida, las costumbres y las fiestas. Son muchas cosas. Me encanta. Siento que he tenido un buen recibimiento”, relata. Daniel lo resume de forma más directa: “Vine con cuatro años y me he criado aquí. Siempre he estado aquí y me siento pamplonés”.
Abren todos los días, excepto los martes, desde las 8.30 horas hasta las 22 horas entre semana, y hasta las 23 horas los fines de semana y festivos. Además, ya aceptan reservas para los almuerzos del 6 de julio, una fecha muy señalada para la hostelería de la ciudad y en la que esperan sacar partido a la amplia terraza que da a Serafín Olave. Además, en su gran televisión interior ofrecen todos los partidos de Osasuna y de la liga española.