COMERCIO LOCAL
La pamplonesa que cumple 50 años en su tienda familiar: "Es una pena, pero se acabó"
Ya piensa en su próxima jubilación: "En enero si Dios quiere y se permite. Quiero para el día 26 más o menos”, asegura.
Inma Martínez Aguilar ha cumplido 69 años y ha decidido poner punto final a una vida entera detrás del mostrador en Pamplona. Lleva medio siglo atendiendo a clientes, doblando ropa y recomendando prendas “de toda la vida”. Ahora, tras 50 años de trabajo, ha sentido que ha llegado el momento de dejarlo.
Lo ha hecho en Almacenes Numancia, la tienda familiar de la calle San Antón 1, en el Casco Viejo de la ciudad, uno de esos comercios de siempre donde todavía se compra sin prisa y con conversación. La pamplonesa se ha despedido con la calma de quien ha cumplido: su sobrino Carlos Ollo mantendrá la tienda abierta.
Inma se ha definido como pamplonesa “de toda la vida” y ya ha puesto la vista en la jubilación. “En enero si Dios quiere y se permite. No hay un día en concreto. Quiero para el 26 más o menos”, ha comentado. Es una retirada sin ceremonia oficial, pero con el peso de lo que significa cerrar una etapa tan larga.
Su historia dentro del negocio familiar ha estado marcada por una evolución que ella misma ha resumido con claridad. Recuerda cómo era el día a día cuando empezó: “Aquí estábamos con cajera fija solo para cobrar once personas trabajando”. Había dos chicos en la sección de hombre y ocho personas dedicadas a ropa de mujer. “Esto fue yendo a menos desde hace 25 años y ahora estamos solo los de casa”, ha explicado.
También ha repasado la cronología de la empresa sin perder el hilo de lo vivido. Ha recordado que lo primero que se abrió fue el almacén en la calle Sangüesa y que ella, entonces, vivía en la calle San Fermín. Después, en el año 60, la familia se asentó en la ubicación actual de San Antón 1, donde el comercio ha seguido levantando la persiana durante décadas.
Almacenes Numancia ha formado parte del paisaje del Casco Viejo desde hace mucho más que esos 50 años de Inma. La tienda se puso en marcha en 1949, cuando Evaristo Martínez y Marciano Martínez, tío y sobrino, abrieron el primer local. Con el tiempo, el negocio llegó a tener tres tiendas y más de 40 empleados.
En ese recorrido también estuvo su hermana Pilar, que trabajó en la empresa familiar y falleció en 2018. Desde entonces, Inma y Carlos Ollo —hijo de Pilar— han sido quienes han “tirado del carro”, como ella misma cuenta, sosteniendo el comercio con una mezcla de costumbre y responsabilidad.
Este final de etapa ha coincidido además con unas semanas de esfuerzo extra. “Ahora llevo sola desde el 25 de noviembre que le operaron a mi sobrino Carlos y hasta que venga, pero bien”, ha dicho. Aun así, ha insistido en que la salud le ha acompañado: “Gracias a Dios la salud acompaña. Estoy muy bien. He dicho hasta aquí porque podría seguir, pero no”.
Cuando hace balance, Inma no habla de números, sino de gente. “Es muy bueno. La gente es muy maja”, ha resumido. Su tienda ha sido un punto de encuentro para vecinos del barrio y también para clientes de otros lugares, en parte porque “van cerrando tiendas, pequeñas mercerías, y todos vienen aquí”.
En su relato aparece una idea que se repite: el comercio tradicional se ha quedado sin relevo. “Da pena que la gente no quiera seguir. No quieren trabajar en horario de mañana y tarde”, ha lamentado. Y ha explicado que el perfil de su clientela ha cambiado: ahora llegan compradores “de pueblos, de residencias de mayores” y, sobre todo, personas “ya de cierta edad”, porque “para gente joven tienen en cualquier lado”.
El producto que se vende en Almacenes Numancia también ha mantenido una línea reconocible. “Se sigue vendiendo, no con la alegría que había antes, pero se vende”, ha señalado. En su día a día siguen apareciendo pijamas, batas e interiores de toda la vida. También prendas prácticas como “el pantalón clásico que puedas lavar en casa” o el “pantalón de goma para hombre en residencias”, con jornadas de más trabajo y otras más tranquilas.
La relación con los clientes ha sido, para ella, una de las claves de estos 50 años. “A mí me conocen de toda la vida y a Carlos muchas porque lleva casi 30 años”, ha explicado. En su familia no hay un relevo que venga detrás: “No hay relevo en la familia. Carlos es el último con 53 años y se acabó”. Y en lo que a su situación personal se refiere, es sincera: "Es una pena, pero se acabó".
Aun así, la continuidad del negocio, al menos por ahora, ha sido una noticia recibida con alivio por muchas clientas. Inma cuenta que le han dicho “enhorabuena” y que valoran que la tienda siga abierta con Carlos, sobre todo por una razón práctica: “La gente mayor del barrio no puede coger un coche para ir a comprar fuera del casco viejo”.
Ella misma ha expresado el futuro de la tienda con franqueza, sin adornos: “Mientras la salud funcione, que es lo principal, adelante y el día que falle, a cerrar”. Es una forma de mirar al mañana con realismo, muy parecida a la que ha aplicado durante años a cada jornada de trabajo.
Y después, ¿qué? Inma lo ha respondido sin dudar: “Vivir”. Ha dicho que quiere viajar, hacer aquagym, bailar sevillanas y estar en casa “con total tranquilidad” con su marido Ramón y su hija Nirya, “que es de la India”. También ha adelantado que se pasará “de vez en cuando” por la tienda y que, a partir de ahora, le tocará comprar cerca de donde vive, en Echavacoiz norte.