COMERCIO LOCAL
Valentín, el pamplonés que se despide de su tienda de toda la vida: "Nos abrasan a impuestos"
"Sobre todo me da pena por la gente mayor que no puede desplazarse y ya no queda nada por aquí de electricidad", asegura.
A Valentín Martín González le queda ya muy poco para bajar la persiana de forma definitiva. A sus 63 años, ha decidido poner fin a una etapa de 35 años en el pequeño comercio de electricidad en el que ha pasado media vida trabajando en Pamplona. El cierre será el 30 de abril, aunque, como él mismo aclara, la jubilación comenzará oficialmente el 14 de mayo.
La tienda es Termogar y está situada en la avenida Baja Navarra 15 de la capital navarra, en una zona muy transitada del segundo Ensanche y rodeada de otros negocios conocidos, como el nuevo supermercado que han abierto recientemente en la plaza de Salesianos o el bar Ksual. En el escaparate ya no hay margen para la duda: varios carteles anuncian el final con mensajes directos como “Liquidación por jubilación. Cierre. Precios especiales”.
Valentín habla del cierre con la serenidad de quien siente que ya ha cumplido, aunque reconoce que no es una decisión sencilla. “Llevo 35 años trabajando. Coincidí con el primer dueño, Emilio López Davalillo, y cuando se jubiló él, hace 15 o 16 años, tomé el relevo”, explica. Ahora ha decidido parar, descansar y dejar atrás una rutina que empezó demasiado pronto: “Llevo desde los 14 años trabajando. Tengo ya un montón de años cotizados y dejamos el asunto”.
Lo que más pena le da no es tanto cerrar el negocio como dejar atrás a los clientes de siempre, muchos de ellos vecinos del barrio que encontraban en la tienda una ayuda cercana para resolver cualquier necesidad eléctrica. “Sobre todo por la gente. Sobre todo la gente mayor que no puede desplazarse y ya no queda nada por aquí de electricidad. Vienen y me dicen a dónde vamos a ir ahora, qué vamos a hacer ahora, pero nos llega la hora y hay que descansar también, que son muchos años”, cuenta.
La decisión, insiste, está tomada y no tiene marcha atrás. Alguna persona se ha interesado por continuar con el negocio, pero el interés ha sido escaso. “Ha habido alguno que se ha interesado un poquito para cogerlo, pero tampoco ha habido mucho interés”, relata. Para él, la falta de relevo tiene una explicación bastante clara: cada vez menos gente quiere asumir lo que supone sacar adelante un pequeño comercio.
“La gente hoy día no quiere saber nada de ser autónomo. Entre que nos abrasan a impuestos y demás, nadie quiere saber nada”, lamenta. En su propia familia tampoco habrá continuidad. “Una hija tiene una tienda de telefonía en Barañáin y el hijo trabaja en la Volkswagen. No quieren saber nada y entonces esto se cierra y punto”, zanja.
Su visión sobre la situación del comercio pequeño es rotunda. Valentín sostiene que abrir la persiana cada mañana exige cada vez más esfuerzo para sacar menos rendimiento. “Hay mucho impuesto, mucho gasto de local y al final trabajas para sacar un pequeño sueldo. No es como hace años. La gente no quiere saber nada y los locales se van quedando vacíos. Dentro de poco se va también el relojero de al lado y nadie toma el relevo”, asegura.
Para poner cifras a esa sensación de ahogo, menciona uno de los recibos que más le indignan. “La gente quiere trabajar ocho horas, irse a casa y descansar. No quieren complicarse la vida. Es que no hay derecho. Tú te crees que el otro día me llega la factura de la basura y son 300 euros por sacar cuatro cartones. Al año son 1.200 euros. A eso añades asesorías, seguros, teléfono, luz…”, enumera.
En Termogar se ha vendido durante décadas material de electricidad para todo tipo de clientes. “Muchas resistencias para empresas, bombillas, interruptores, cables. Tanto para profesionales como para particulares”, resume. Entre las firmas con las que trabajaban habitualmente cita a BSH, que ya ha cerrado, y a Cinfa.
Valentín recuerda además que hubo tiempos mucho mejores para el negocio. “Aquí se ha ganado bastante dinero, pero a partir de que nos quitaron los módulos ya empezó a bajar. Nos subieron los impuestos, las cuotas de autónomo y al final…”. Aun así, se marcha con la sensación de haber hecho bien su trabajo. “Yo me quedo muy tranquilo después de 35 años y la gente está muy contenta. Tengo muchos clientes que me piden que aguante un poco más, pero no. Ya estamos hartos”, admite.
La historia del negocio viene de mucho antes de que él tomara las riendas. Termogar abrió en 1970, muy cerca de su emplazamiento actual, en la calle Teobaldos. “Allí empecé yo. Luego cogimos una nave en Talluntxe para todo el tema de calefacción y aquí se quedó la electricidad. Luego se jubiló Emilio y se quedó con lo de Talluntxe y yo con la tienda. Esto lleva aquí más de 60 años”, recuerda.
Su trayectoria laboral siempre ha estado ligada al mismo gremio. Estudió en Nicasio Landa, en Echavacoiz, y después pasó 13 años en la ferretería Aldaz Echarri, “que estaba en la esquina de la plaza de Toros donde luego se puso la tienda Springfield”. Después llegó a Termogar y ya no se movió de ahí. “Llevo toda la vida en esto”, resume.
Cuando cierre definitivamente la tienda, sabe muy bien qué hará con el tiempo libre que ha ido aplazando durante tantos años. “A la huerta. Tengo un terrenico en Mendigorría y a disfrutar. A cortar el césped, a podar los arbolicos, que ya nos hace falta relax. Quitarnos de horarios fijos y hacer lo que nos dé la gana. No me voy a aburrir”, afirma.