• viernes, 11 de septiembre de 2026
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PAMPLONA

Una joya de 1788 vuelve a lucir en Pamplona tras una delicada restauración en uno de los parques más emblemáticos

Los trabajos se han prolongado durante cinco días y han permitido eliminar musgo y suciedad, reparar grietas y reconstruir varios desperfectos de la histórica figura.

La Mariblanca, en el parque de la Taconera. AYUNTAMIENTO DE PAMPLONA
La Mariblanca, en el parque de la Taconera. AYUNTAMIENTO DE PAMPLONA

La Mariblanca de Pamplona ha recuperado su aspecto original después de una nueva intervención impulsada por el Ayuntamiento de Pamplona en el parque de la Taconera. La escultura de la Beneficencia, como se denomina oficialmente esta conocida figura, ha sido limpiada y restaurada tras casi un siglo formando parte de este emblemático espacio de la ciudad.

Los trabajos sobre la Mariblanca, que se han prolongado durante cinco días, han permitido retirar musgo, deposiciones de aves y diferentes marcas provocadas por la humedad y el agua. Su exposición permanente al aire libre hace que la pieza sea especialmente vulnerable a las condiciones meteorológicas.

La actuación también ha permitido corregir pequeños desperfectos detectados en distintos puntos de la escultura. Entre ellos se encontraba el dedo del pie del niño, que estaba roto, aunque el estado general de conservación de la obra se considera aceptable.

La restauración se ha desarrollado bajo criterios de "mínima intervención", buscando que los materiales utilizados sean compatibles con los originales y que los procesos aplicados puedan resultar reversibles. Antes de comenzar los trabajos se ha documentado detalladamente el estado en el que se encontraba la escultura.

La primera fase se ha centrado en una limpieza en profundidad mediante la aplicación de biocidas destinados a eliminar la proliferación de hongos y otros organismos presentes sobre la piedra. Este tratamiento ha facilitado posteriormente la retirada de los restos acumulados.

Para esa limpieza se han empleado brochas, bisturíes, escalpelos y cepillos de distintas durezas. El procedimiento ha comenzado con una actuación general y ha continuado de una forma más minuciosa sobre las zonas que requerían mayor atención.

De esta manera se ha eliminado el musgo acumulado, pero también hongos, deposiciones y suciedad generada durante los últimos años. El proceso ha concluido con una limpieza mediante agua a baja presión sobre la superficie de la Mariblanca de Pamplona.

Una vez terminada esta fase, los especialistas han rellenado pequeñas grietas y fisuras con mortero de cal. El objetivo ha sido cerrar posibles vías de entrada de agua y suciedad para mejorar la conservación de la escultura a medio y largo plazo.

También se han reconstruido distintos elementos que habían sufrido pequeños daños. Además del dedo del pie del niño, se ha intervenido en una esquina de la base, así como en desperfectos localizados en la barbilla, el escudo, la mano y la nariz de la figura de la Beneficencia.

En estos puntos se ha empleado mortero de reconstrucción, siguiendo los criterios establecidos para respetar la obra existente. Como último paso, se ha aplicado una capa de protección hidrorrepelente con efecto hidrofugante y antimicrobiano.

Esta protección busca retrasar los efectos que pueden provocar sobre la piedra los agentes medioambientales y las condiciones propias de una escultura situada permanentemente al aire libre. La intervención permitirá así prolongar la conservación de una de las figuras más reconocibles de la Taconera de Pamplona.

La historia de la Mariblanca se remonta a 1788, cuando fue realizada por el escultor Julián San Martín. La pieza se concibió inicialmente como el remate superior de una de las cinco fuentes diseñadas por Luis Paret y Alcázar para Pamplona.

En concreto, la escultura coronaba la fuente situada en la Plaza del Castillo, donde permaneció hasta 1910. Ese año fue retirada después de que aquella instalación fuese sustituida por un kiosco de madera.

Tres años más tarde, en 1913, la Mariblanca fue trasladada a la entonces nueva plaza de San Francisco. Allí permaneció hasta 1927, cuando encontró su ubicación definitiva en el entorno de la Taconera, donde continúa casi cien años después.

La escultura ya había sido objeto de diferentes actuaciones de conservación antes de esta última restauración. Las intervenciones más recientes se realizaron en los años 2009 y 2018, también con el propósito de proteger la piedra y reparar los daños provocados por el paso del tiempo.

Los trabajos recién concluidos forman parte del compromiso del Ayuntamiento de Pamplona de intervenir de forma progresiva sobre el patrimonio escultórico urbano. La previsión municipal es continuar realizando cada año nuevas restauraciones en diferentes esculturas repartidas por la ciudad.

En el propio entorno de la Taconera ya se han restaurado las esculturas de los seis reyes que fueron trasladadas desde el paseo de Sarasate. También se ha intervenido en el monumento dedicado a Pablo Sarasate, situado sobre la fuente existente en la confluencia de varios recorridos peatonales del parque, cerca del portal Nuevo.

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Una joya de 1788 vuelve a lucir en Pamplona tras una delicada restauración en uno de los parques más emblemáticos