REVISTA
El documental que rescata a Alfredo Landa, el actor de Pamplona que nunca dejó de presumir de ser navarro
El documental recupera la dimensión más personal del intérprete nacido en Pamplona y siempre vinculado a Navarra y a San Fermín.
Alfredo Landa regresa al primer plano con el estreno de ‘Landa’, el documental dirigido por Gracia Querejeta y Miguel Olid que se ha presentado en el Festival de Málaga y que llegará a los cines el 17 de abril. La película nace con la voluntad de cubrir una deuda pendiente con uno de los grandes nombres del cine español, un actor capaz de dar nombre a todo un género y, al mismo tiempo, de dejar algunas de las interpretaciones más recordadas de varias décadas de cine.
Pero si hay una idea que atraviesa su figura de principio a fin es esta: Alfredo Landa era de Pamplona, era navarro y nunca dejó de presumir de ello. Nació en la capital navarra el 3 de marzo de 1933 y esa fecha quedó también unida a una de sus referencias más repetidas, el 3-3-33, que él mismo evocaba como una forma muy personal de resumir su origen, nacido en plena la escalera de San Fermín. Su identidad navarra no fue un detalle secundario, sino una parte esencial de cómo se veía a sí mismo.
El documental recupera al actor que durante los años setenta quedó ligado al llamado ‘landismo’, un fenómeno cinematográfico que tomó directamente su apellido. Los propios directores explican que han querido abordar esa etapa con mirada crítica, sin complacencia y sin ocultar que aquellas películas respondían a una sociedad muy distinta. A la vez, la cinta reivindica que reducir a Landa a esa etiqueta sería injusto, porque su carrera fue mucho más amplia y compleja.
Ahí aparece la otra gran dimensión del intérprete nacido en Pamplona: su capacidad para pasar de la comedia más popular a personajes de enorme profundidad. El documental insiste en esa versatilidad y en el giro que supuso ‘El puente’, la película que cambió su trayectoria y abrió el camino hacia papeles como los de ‘Los santos inocentes’, ‘El crack’ o ‘El bosque animado’. Ese tránsito es precisamente una de las claves que Querejeta y Olid han querido subrayar en su retrato.
Ese vínculo con Navarra también quedó reflejado en uno de los homenajes que más valor dio en vida. Alfredo Landa fue el primer Gallico de Oro de Napardi en 1986, un reconocimiento sanferminero reservado a personas nacidas en Navarra o muy vinculadas a ella que hayan destacado en la cultura, las artes, las ciencias o el deporte. Al recibirlo, agradeció que aquel premio en su tierra le quitaba “una espina”, una frase que resume bien lo que significaba para él ser reconocido en Pamplona.
La relación de Pamplona con Alfredo Landa no terminó ahí. La ciudad ha mantenido vivo su recuerdo con espacios dedicados a su nombre, como el parque Alfredo Landa en Lezkairu, y también con la despedida que recibió tras su fallecimiento, ya que sus cenizas fueron depositadas en el panteón familiar del cementerio de Pamplona. Son gestos que muestran hasta qué punto su figura siguió siendo sentida como propia en la capital navarra.
Además de las voces de sus directores, el documental cuenta con testimonios de figuras como José Sacristán, Antonio Resines o Miguel Rellán, y también con la implicación de sus hijos, Idoia y Alfredo. Esa combinación de miradas busca ofrecer un retrato amplio del actor, pero también del hombre que, pese a haber desarrollado gran parte de su carrera lejos de Navarra, siguió proyectando una identidad muy marcada.
‘Landa’ llega así como una revisión de su dimensión artística, pero también como una forma de devolver al foco al pamplonés que nunca escondió de dónde venía.