El arranque de los Sanfermines de 2026 ha vuelto a sufrir la habitual y reiterada injerencia de los proetarras de la izquierda abertzale. En los minutos previos al lanzamiento del cohete que abre las fiestas, han desplegado una elaborada infraestructura propagandística en la Plaza del Ayuntamiento, manchando el carácter unificador y festivo de una jornada que la gran mayoría de pamploneses y visitantes deseaba vivir en paz.
En esta ocasión, la maniobra ha ido un paso más allá en su nivel de provocación. Mediante un sistema de cables tirados de lado a lado de la plaza, los radicales han colgado grandes ikurriñas y pancartas a favor de los presos de la banda terrorista ETA. El despliegue se ha realizado de forma estratégica con el objetivo de colarse en el plano de la retransmisión televisiva, colocándose de tal manera que las proclamas se veían tras la cámara de estudio de RTVE, justo detrás de los presentadores.
La colocación de esta simbología política, que se divisaba con claridad desde cualquier ángulo de la plaza, ha generado una profunda indignación entre la marea blanca y roja. Con este acto, el entorno abertzale vuelve a demostrar su absoluta falta de respeto por las tradiciones de Pamplona, imponiendo su agenda ideológica y utilizando una fiesta universal como altavoz para ensalzar a los terroristas, rompiendo el clima de convivencia que debería definir el 6 de julio.
Además, la tensión política proetarra habitual de los minutos previos al Chupinazo ha hecho acto de presencia en el centro de la marea humana con proclamas antisemitas. Varios colectivos de la izquierda abertzale han aprovechado la aglomeración para desplegar una bandera que contenía un lema explícito que invitaba a "destruir Israel".