• lunes, 20 de julio de 2026
  • Actualizado 16:45
 
 

SAN FERMÍN

El relato ganador de San Fermín que convierte a una anciana con bastón en protagonista del encierro

Patricia Aliaga obtiene el primer premio del Certamen de Microrrelatos de San Fermín

XVIII Certamen de Microrrelatos de San Fermín. IÑIGO ALZUGARAY
XVIII Certamen de Microrrelatos de San Fermín. IÑIGO ALZUGARAY

El Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín ha entregado este viernes en Pamplona su primer premio a “La épica con artrosis”, de Patricia Aliaga Rodrigo, en la XVIII edición del concurso organizado por Blogsanfermin.

El acto se ha celebrado esta tarde en el Palacio del Condestable de Pamplona, ha sido retransmitido en directo y ha reunido a los organizadores, colaboradores, miembros del jurado y público general.

El primer premio ha reconocido un microrrelato que aborda los Sanfermines desde el humor, la ironía y la ternura. La obra sitúa como protagonista a una mujer centenaria que desafía los límites de la edad y los estereotipos para vivir el encierro a su manera.

“La épica con artrosis” presenta a una mujer de 102 años a la que han prohibido correr el encierro por seguridad. Sin embargo, la protagonista aparece en Santo Domingo con el pañuelo rojo atado a su bastón y convierte su participación en una reivindicación de todas las mujeres que han sostenido la fiesta sin ocupar siempre el centro del relato.

El segundo premio del Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín ha sido para “Before the first rocket breaks the morning open, I come back to myself”, del brasileño Adrião Pereira da Cunha. La pieza, escrita en inglés, está narrada desde la perspectiva del silencio que precede al encierro.

El jurado ha destacado en este relato una mirada poética sobre los instantes previos a la carrera. El texto recoge la emoción contenida, el miedo, los recuerdos y la tensión que se concentran en Pamplona justo antes de que el cohete rompa la mañana.

Por su parte, el tercer premio ha correspondido a “La tintorera”, de Óscar Jiménez Otero. La obra cuenta la historia de Aurora, una lavandera que lleva treinta años lavando la ropa de los Sanfermines y que ha aprendido a leer la fiesta a través de sus manchas.

El relato se detiene en una camisa completamente limpia encontrada después del 15 de julio. A partir de ese detalle, la historia reflexiona con sensibilidad sobre la huella real que dejan los Sanfermines en quienes los viven y también en quienes no han podido llegar a mezclarse con la fiesta.

Además de los tres relatos premiados, el jurado ha seleccionado otras siete obras finalistas. Todas ellas formarán parte del tradicional libro trilingüe que se distribuirá gratuitamente en librerías, bibliotecas y locales hosteleros de Pamplona.

Las obras finalistas han sido “Atzerrian, zortziak”, de Ixai Salvo Borda; “Instrucciones para atarse un pañuelico”, de Alberto Pascal Bea; “Diferido”, de José Francisco Sánchez Lozano; “¿Izquierda o derecha?”, de Ana María Abad García; “Luto en desorden”, de Alberto De Frutos Dávalos; “Mañana a la misma hora”, de Iranzu Urtasun Morrás; y “La pareja perfecta”, de David Casas-Roma.

Las obras se han presentado en castellano, euskera e inglés, lo que ha consolidado el carácter internacional del certamen. El jurado ha valorado la capacidad de los participantes para seguir encontrando nuevas miradas sobre los Sanfermines.

También ha subrayado la variedad de enfoques, temas y emociones que han aparecido en esta XVIII edición. Según ha destacado, los relatos han aportado puntos de vista originales sobre una celebración de la que ya se ha escrito ampliamente.

El Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín ha recibido este año un total de 764 relatos procedentes de 30 países. España ha sido el país con mayor participación, con 571 obras presentadas.

Primer Premio: La épica con artrosis

A mis 102 años me prohibieron el encierro por “seguridad”. Lo dijeron unos mozos con casco, rodilleras y alma de folleto. Les enseñé la dentadura y les dije: “He sobrevivido a tres maridos, dos dentistas y al flan de mi nuera; si alguien es frágil aquí, es el toro”.

A las ocho, en Santo Domingo, até el pañuelo rojo a mi bastón como quien iza una república de saldo. Rezaron al santo. Yo negocié: “Fermín, bonito, no me hagas quedar como una anciana adorable, que tengo reputación”.

Cuando abrieron el corral, Pamplona se volvió estampida y escaparate. Yo no corrí. A mi edad, correr es vulgar: lo elegante es llegar tarde y que parezca estrategia.

Un toro rezagado me encontró en mitad de la calle. Le miré el ojo y vi a mi madre planchando camisas ajenas, a mi hermana sirviendo almuerzos, a todas las mujeres que sostuvieron la fiesta sin salir en el cartel.

Levanté el bastón y le dije: “Pasa tú primero, hermoso. Yo ya he toreado bastante humano suelto”.

El toro pasó. Detrás, yo crucé despacio hasta la plaza. Aplaudían sin saber si era hazaña o desacato.

Qué más da. A veces la épica es una vieja que no se aparta.

Segundo premio:  Before the first rocket breaks the morning open, I come back to myself

I’m the Silence that drifts through Pamplona long before anyone thinks of me. Most of the year I stay hidden, pressed between shutters, sleeping under the dust that settles after ordinary days. But on this morning, I rise early, unsure of my own shape, as if stepping into a story that has already begun without me.

The air tastes different now. There’s wine clinging to people’s skin, and a nervous warmth spreading from shoulder to shoulder. I hear hearts everywhere — fast, uneven, hopeful — and for a moment I gather them into something like a single beat. They believe they’re waiting for the bulls, but really, they’re waiting for this stillness that holds everything in place.

I move through the crowd without touching anyone, though some feel a shiver and turn their heads. I lean close to their chests and hear the things they don’t say: the promise whispered last night, the fear they try to swallow, the memory they hope the run will erase or rewrite.

Even the bulls sense me. They lower their heads, breathing slowly, as if recognizing an old companion.

For one fragile heartbeat, the whole city belongs to me.

Then the rocket screams, and I let them go.

Tercer premio: La tintorera

El quince de julio era su día favorito. Las bolsas entraban a pares, todavía húmedas por el vino, el sudor y la sangre. Camisas blancas con lamparones rosados, pantalones con barro en los bajos, pañuelos que olían a tabaco, a colonia barata o al sudor frío que deja el cohete.

Aurora llevaba treinta años lavando la ropa de los Sanfermines y había aprendido a distinguir cada mancha con la precisión de un médico. La sangre tiraba a marrón enseguida. El vino se abría nada más rozar la tela. El deseo, en cambio, tenía sus propios síntomas: un cuello vencido, la tela estirada, una mancha de carmín.

Pero esa mañana encontró una camisa totalmente limpia.

La extendió rápidamente sobre la mesa y la examinó con cuidado. Nada.

Entonces se le cerró un poco la garganta.

Porque una camisa así, después de San Fermín, solo podía pertenecer a alguien que no había llegado a mancharse, que no había podido correr, ni brindar, ni besar a nadie. que no había podido mezclarse con la fiesta, ni dejarse rozar por ella, ni salir de allí con una herida, un vino encima o un recuerdo que valiera la pena lavar.

Y eso, para Aurora, era peor que la sangre.

¿Tienes una tienda, un bar, un restaurante o un local comercial en Pamplona o alguna localidad de Navarra?

¿Quieres salir en nuestra sección de Comercio Local y que miles de personas conozcan todo lo que ofreces con una noticia y fotografías hechas por profesionales?

Escríbenos a esta dirección y hablaremos contigo para contactar cuando antes: [email protected]


Apóyanos para seguir realizando periodismo independiente.


  • Los comentarios que falten el respeto y que no se ciñan al tema de la noticia, podrán ser eliminados.
  • Cada usuario será el único responsable de sus comentarios.
El relato ganador de San Fermín que convierte a una anciana con bastón en protagonista del encierro