• domingo, 25 de febrero de 2024
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SOCIEDAD

El pueblo de Navarra de menos de 200 habitantes que tiene un tesoro de la Edad Antigua

Este yacimiento es un portal hacia el pasado y permite conocer la vida cotidiana de una sociedad romana. 

Yacimiento arqueológico de Santa Criz en Navarra. Javier Campos
Yacimiento arqueológico de Santa Criz en Navarra. Javier Campos

Situado en el corazón de la Comarca de Sangüesa, en la Zona Media de Navarra, el municipio de Eslava se erige como un testigo de la historia que se ha desplegado a lo largo de los siglos en esta región. A tan solo 56 kilómetros al sur de la capital, este tranquilo enclave de hoy en día alberga a una modesta población de 124 habitantes, un número que contrasta enormemente con su importancia histórica en la Edad Antigua.

Uno de sus puntos más conocidos es el yacimiento de Santa Criz, ubicado en las proximidades y declarado Bien de Interés Cultural. En el interior se encuentran los restos de una ciudad romana que vivió su máximo esplendor entre los siglos I y II. Su gran extensión hace pensar que fue una gran cuidad. 

Santa Criz es un portal hacia el pasado y permite conocer la vida cotidiana de una sociedad romana que dejó huellas en estas tierras. Desde su descubrimiento, se han acondicionado zonas de acceso y circulación de visitantes. También, se puede realizar un recorrido a través de los restos por un sendero interpretativo autoguiado con paneles informativos

Los descubrimientos arqueológicos revelan vestigios de dos áreas cruciales de la ciudad: el prestigioso foro, epicentro de la vida comercial, legal y religiosa, con sus galerías y espacio central.

La excavación desvela en particular el criptopórtico septentrional, diseñado para nivelar el terreno abrupto que sustentaba el foro. Este pasaje semisubterráneo conserva escombros de la columnata circundante y posiblemente de la estructura que se alzaba sobre ella.

Las excavaciones en la zona han revelado tesoros arqueológicos asombrosos, incluyendo tres esculturas notables: un busto en mármol de un hombre con toga de tamaño real, probablemente de origen italiano; además de una estatua divinizada, fragmentada pero de gran tamaño.

También se han desenterrado numerosos elementos arquitectónicos como columnas, pilas, sillares decorados con variadas molduras, estucos y frescos con geometrías y flores, estos últimos adornados con pigmentos rojo pompeyano, negro, verde y el valioso azul traído desde tierras lejanas, indicando la opulencia de la villa.

En la necrópolis de la ciudad, se han desenterrado vestigios de rituales de incineración y majestuosos mausoleos. Destacando la reconstrucción parcial de uno de ellos, utilizando los elementos arquitectónicos hallados en la excavación, arrojando luz sobre la historia funeraria de la región.

Dentro de la necrópolis, hallazgos inusuales incluyen objetos de la vida cotidiana como numerosas agujas para el cabello, urnas funerarias de cerámica roja con asas, aunque la mayoría se encontraban dañadas, con una excepción intacta.

Además de restos humanos, la ausencia de ajuares funerarios destaca las prácticas funerarias distintivas de los romanos, quienes no enterraban a los difuntos con sus posesiones, a diferencia de otras culturas como los egipcios.


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El pueblo de Navarra de menos de 200 habitantes que tiene un tesoro de la Edad Antigua