Hay tumbas que resumen una vida y otras que esconden una historia casi tan extraordinaria como la del personaje que descansa bajo ellas. En Viana, junto a una de las iglesias más monumentales de Navarra, una sencilla lápida recuerda a uno de los hombres más poderosos y controvertidos del Renacimiento europeo.
Para encontrarla hay que acercarse hasta la iglesia de Santa María de la Asunción, en pleno casco histórico de la localidad navarra. Allí, a los pies de su espectacular portada renacentista y todavía fuera del templo, descansan actualmente los restos de César Borgia, hijo del papa Alejandro VI, antiguo cardenal, príncipe, militar y una de las figuras más conocidas de la poderosa familia Borgia.
Su presencia en este rincón de Navarra es el desenlace de una trayectoria que lo llevó desde los palacios y las intrigas de la Italia renacentista hasta los campos de Viana, donde murió en 1507 cuando apenas tenía 31 años.
César Borgia había nacido en Roma en 1475. Era hijo natural del papa Alejandro VI y de Vannozza Cattanei y tuvo una fulgurante carrera eclesiástica. Con apenas 16 años fue nombrado obispo de Pamplona, posteriormente arzobispo de Valencia y, en 1493, cardenal.
Sin embargo, acabó abandonando la carrera religiosa para desarrollar una intensa trayectoria política y militar. Su ambición, sus campañas y sus métodos lo convirtieron en uno de los personajes más admirados y temidos de su época. Su figura quedó además vinculada para siempre a Nicolás Maquiavelo, que encontró en él uno de los referentes utilizados para reflexionar sobre el ejercicio del poder en "El príncipe".
Su relación con Navarra llegó también a través de su matrimonio. En 1499 se casó con Carlota de Albret, hermana del rey navarro Juan de Albret. Tras la muerte de Alejandro VI en 1503 y el ascenso al papado de Julio II, enemigo de los Borgia, la fortuna política de César cambió radicalmente. Perdió buena parte de su poder, fue detenido y terminó encarcelado en el castillo de La Mota, en Medina del Campo.
Consiguió escapar y en 1506 llegó a Navarra, donde se refugió bajo la protección de su cuñado, el rey Juan de Albret. El monarca lo nombró condestable y capitán general de los ejércitos navarros en plena guerra civil entre agramonteses y beamonteses.
Su última campaña lo llevó precisamente hasta Viana. En marzo de 1507, mientras las tropas reales trataban de recuperar el castillo de la localidad, Borgia salió en persecución de varios hombres vinculados a las fuerzas del conde de Lerín. Se separó de sus soldados y terminó atrapado en una emboscada en el paraje conocido como Barranca Salada, a las afueras de Viana.
Murió en una emboscada y, según la tradición histórica recogida en Viana, Garcés de Ágreda lo atravesó con una lanza. Sus enemigos lo despojaron de sus armas y de buena parte de sus ropas antes de abandonar el cuerpo. Sus propios soldados lo encontraron después y lo trasladaron hasta Viana.
Por su condición de cuñado del rey de Navarra y capitán general de sus ejércitos, César Borgia fue enterrado con grandes honores dentro de la iglesia de Santa María. Sin embargo, ni siquiera después de muerto consiguió escapar de las enemistades acumuladas por su familia.
En algún momento del siglo XVI, los restos de César Borgia fueron sacados del interior de Santa María y enterrados en el exterior. La tradición ha atribuido durante años aquella decisión a un obispo de Calahorra, diócesis de la que dependía Viana, aunque los historiadores no han podido acreditar documentalmente quién ordenó el traslado ni las razones que lo motivaron.Comenzó entonces la parte más insólita de la historia de su sepultura. Los restos del hombre que había frecuentado las cortes europeas y dirigido ejércitos permanecieron durante más de tres siglos enterrados en el exterior de Santa María, prácticamente a ras de suelo. Aquella situación alimentó además numerosas historias y leyendas sobre una especie de castigo póstumo al controvertido personaje.
La situación cambió en 1945, cuando los restos fueron exhumados gracias a las gestiones de Santiago Becerra. Los posteriores estudios forenses concluyeron que correspondían a César Borgia y, finalmente, en 1953 fueron nuevamente inhumados en el atrio de la iglesia de Santa María.
Allí continúan en la actualidad. Una sencilla lápida de mármol situada delante de la portada renacentista recuerda al personaje y señala que allí descansa "César Borgia, Generalísimo de los ejércitos de Navarra y Pontificios".
Más de cinco siglos después de aquella emboscada, Viana mantiene viva su vinculación con César Borgia. En la Barranca Salada existe una cruz que recuerda el lugar de su muerte y la localidad celebra cada año una conmemoración que recorre el camino hasta ese paraje.
Su tumba se ha convertido además en uno de los puntos más singulares y visitados del patrimonio de Viana. Paradójicamente, después de haber sido cardenal, príncipe, duque, capitán de los ejércitos pontificios y uno de los grandes protagonistas de la política europea del Renacimiento, César Borgia ha terminado ligado para siempre a este pueblo de Navarra y descansando a las puertas de la misma iglesia de la que sus restos fueron expulsados siglos atrás.