La salud mental en la Universidad Pública de Navarra (UPNA) presenta una importante brecha entre los estudiantes que consideran que necesitan apoyo psicológico y quienes finalmente acuden a un profesional. Una investigación realizada con datos de 4.925 estudiantes ha concluido que más de la mitad de quienes percibieron esa necesidad no ha solicitado ayuda especializada.
El trabajo ha analizado las respuestas del 46 % del alumnado de la Universidad Pública de Navarra y ha detectado que el 31 % ha reconocido haber necesitado ayuda psicológica desde que comenzó sus estudios. Sin embargo, solo el 13,5 % ha consultado con profesionales de salud mental.
Esto supone que, entre los estudiantes que han percibido la necesidad de recibir apoyo psicológico, un 56,3 % no ha acudido a profesionales. El equipo investigador ha planteado por ello la necesidad de reforzar la detección precoz y realizar una evaluación continuada de la salud mental en el ámbito universitario.
La investigación forma parte del proyecto EVAPSI, Estudio y Valoración de la Salud Psicológica Universitaria, liderado por la UPNA y financiado por el Departamento de Salud del Gobierno de Navarra. Su objetivo es analizar la salud emocional del alumnado, identificar factores de riesgo y protección y diseñar estrategias de prevención e intervención.
El proyecto está dirigido por los profesores del Departamento de Ciencias de la Salud Marta Beranuy Fargues y Mark Beyebach. También participan Diego Rivera Camacho, docente del mismo departamento, y Sylver Yllanes Lizarraga, personal investigador predoctoral en formación.
Los datos ahora analizados corresponden a una parte de la información obtenida dentro del proyecto. La investigación ha sido realizada por Elena Esteban Rezusta como trabajo de fin del máster universitario en Psicología General Sanitaria, bajo la dirección de Marta Beranuy.
El estudio se ha centrado en cuatro ámbitos considerados críticos: el malestar psicológico, los estresores académicos, la conducta suicida y la búsqueda de ayuda psicológica. Los resultados han reflejado distintos niveles de sintomatología entre los estudiantes participantes.
En concreto, el 16,2 % del alumnado ha presentado sintomatología depresiva, mientras que el 21,3 % ha mostrado sintomatología ansiosa y el 39,8 % síntomas de estrés. Además, 205 estudiantes, un 4,2 % de la muestra, han registrado niveles severos o muy severos de malestar psicológico.
La investigación también ha estudiado diferentes indicadores de conducta suicida durante el último año. El 5,3 % ha señalado haber sentido que la vida no merecía la pena; el 5,1 % ha manifestado deseos de muerte; y el 5,2 % ha informado de ideación suicida.
Además, un 2,3 % ha indicado haber elaborado planes de suicidio y un 1,7 % ha referido intentos de suicidio. Si se tienen en cuenta los indicadores considerados de mayor gravedad, 144 estudiantes, el 2,9 % de la muestra, han informado de planes y/o intentos.
El trabajo ha constatado que los niveles elevados de malestar psicológico se han asociado con una mayor presencia de conducta suicida. En particular, la sintomatología depresiva ha mostrado asociaciones significativas con todas las formas de conducta suicida analizadas.
Otro de los ámbitos examinados ha sido el impacto de los estresores académicos. Entre ellos figuran la sobrecarga de trabajo, la presión por las calificaciones, la incertidumbre sobre el futuro profesional, las creencias sobre el rendimiento y el miedo al fracaso.
Precisamente, el miedo al fracaso ha sido el factor que ha mostrado las asociaciones más fuertes con el malestar psicológico. El resto de los estresores académicos estudiados también ha mantenido una relación estrecha con este tipo de malestar entre el alumnado de la UPNA.
Los aspectos económicos han presentado, por su parte, una relación con las variables de conducta suicida. El estudio apunta que este resultado podría estar relacionado tanto con la situación socioeconómica de los estudiantes como con el estrés económico percibido y su influencia sobre la salud mental.
La investigación también ha puesto el foco en el grado de conocimiento de los recursos existentes en la propia universidad. Solo el 29,3 % del alumnado ha asegurado conocer el servicio de atención psicológica de la UPNA, mientras que únicamente el 1,9 % ha señalado haberlo utilizado.
La brecha se ha mantenido incluso entre los estudiantes que han presentado situaciones consideradas de mayor gravedad. Entre quienes registraban malestar psicológico severo o muy severo, planes de suicidio o intentos, entre un 63 % y un 73 % percibía que necesitaba apoyo psicológico.
Pese a ello, entre el 49 % y el 53 % de estos estudiantes no había consultado con profesionales de salud mental. Los niveles graves de malestar sí se han asociado con una mayor probabilidad de buscar ayuda, pero la presencia de planes o intentos de suicidio no ha mostrado una asociación significativa con esa búsqueda.
La investigación de la UPNA no ha identificado un único perfil de riesgo claramente definido. Las variables sociodemográficas y académicas explican poca variabilidad en la sintomatología, aunque el análisis sí ha encontrado algunos patrones entre determinados grupos.
Así, se ha observado una mayor vulnerabilidad entre las mujeres que entre los hombres y también se han detectado indicios entre estudiantes de género diverso, aunque los investigadores han advertido de que estos últimos resultados deben interpretarse con cautela debido al reducido tamaño de la muestra.
El alumnado de las facultades de Ciencias Humanas, Sociales y de la Educación y de Ciencias Jurídicas también se ha asociado con mayores niveles de malestar y estrés académico. Elena Esteban ha apuntado que la elevada feminización de estas disciplinas podría facilitar un mayor reconocimiento y expresión del malestar.
Por cursos, el alumnado de primero ha presentado más malestar, especialmente sintomatología ansiosa. El trabajo ha relacionado este resultado con el proceso de transición universitaria y la adaptación a la nueva etapa académica.
En los cursos intermedios ha disminuido el malestar general, pero han aumentado los estresores académicos, especialmente el miedo al fracaso y el estrés relacionado con el rendimiento. En los niveles más avanzados, el malestar ha vuelto a aumentar.
El doctorado aparece como una etapa en la que ese malestar vuelve a adquirir relevancia. En este nivel también han ganado peso los factores económicos, de acuerdo con los resultados de la investigación.
Ante estos datos, el estudio ha defendido la necesidad de reforzar la detección precoz del malestar psicológico, mejorar la accesibilidad a los servicios de atención y aumentar su difusión. También plantea intervenciones dirigidas a los grupos que acumulan más factores de riesgo, con perspectiva de género y socioeconómica.
El trabajo propone además actuar sobre los estresores académicos, especialmente sobre el miedo al fracaso, y tener en cuenta las dificultades económicas por su relación con la conducta suicida. Otra de las líneas señaladas es mejorar la alfabetización en salud mental para facilitar que el alumnado identifique cuándo necesita ayuda.
Esta cuestión resulta especialmente relevante entre los hombres, que, según el estudio, muestran una menor predisposición a reconocer el malestar y solicitar ayuda profesional. La investigación plantea evitar que los estudiantes afronten estas situaciones en solitario y favorecer el conocimiento de los recursos disponibles.
Los datos del proyecto EVAPSI han sido recogidos entre septiembre y octubre de 2025 mediante cuestionarios dirigidos al alumnado de la Universidad Pública de Navarra. La participación se ha desarrollado garantizando el anonimato y la confidencialidad de las respuestas y la iniciativa cuenta con la aprobación del Comité Ético de Investigación Clínica de Navarra.