Con miles de hectáreas calcinadas cada verano y unos costes de extinción disparados, la ganadería extensiva se consolida como una de las herramientas de prevención más eficientes y desaprovechadas. Sin embargo, Vicente Ferrer Lores, doctor por la Universidad de Zaragoza y experto en experimentación ganadera de la sociedad pública INTIA, advierte de que la solución no pasa por soltar al ganado sin control, sino por una gestión planificada en áreas estratégicas y el reconocimiento económico directo al sector.
“Existe un profundo desequilibrio en el gasto público: según diversas fuentes, el 78% del presupuesto estatal se destina a tareas de extinción y apenas un 12% a la prevención”, señala Ferrer. El especialista recuerda el impacto del despoblamiento rural y la acumulación de maleza en los montes: “Revertir el abandono del campo a escenarios de hace décadas es casi imposible. El censo de ovino en Navarra ha caído un 40% en diez años, por lo que tenemos cada vez más superficie que gestionar y mucho menos ganado”.
"Paisajes cortafuegos" y pagos por servicios ambientales
El técnico explica que especies como el caprino —cuya dieta se compone de entre un 60% y un 80% de vegetación leñosa— o el vacuno y equino —clave por su labor de pisoteo— son capaces de moldear los llamados “paisajes cortafuegos”. Para aprovechar este potencial, INTIA y el Gobierno de Navarra trabajan en proyectos piloto con vallados virtuales y pastoreo dirigido en municipios como Olóriz o el Valle de Roncal.
Sin embargo, para que el modelo funcione, Ferrer reclama un cambio estructural en las políticas públicas: “Es prioritario establecer un mecanismo de pago directo a los ganaderos que retribuya este servicio de control de combustible vegetal en franjas estratégicas. Además, las entidades locales no deben mirar solo el beneficio económico inmediato al arrendar los pastos de sus montes, sino el valor de proteger sus núcleos urbanos frente al fuego”.