• domingo, 29 de marzo de 2026
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SOCIEDAD

Ver para creer: el ladrillo que protege a los vencejos y que podría dar el salto a España

Escocia ha empezado a exigir ladrillos nido en edificios de nueva construcción y el debate sobre llevar esa fórmula a España ya ha llegado también a Navarra.

Un vencejo se protege en un ladrillo nido de la fachada de una vivienda.
Un vencejo se protege en un ladrillo nido de la fachada de una vivienda.

Cada primavera, todos volvemos vuelve a mirar al cielo sin darse demasiada cuenta. Allí reaparecen los vencejos, veloces, ruidosos y fieles a unos huecos que cada vez encuentran con más dificultad en cornisas, tejados y fachadas rehabilitadas. Mientras las ciudades ganan aislamiento, cierres perfectos y edificios más sellados, estas aves han ido perdiendo justo lo que más necesitan para seguir regresando: un lugar donde anidar.

En Escocia están haciendo ladrillos nido para pájaros

En ese choque entre la arquitectura urbana y la biodiversidad, Escocia ha decidido mover ficha con una medida tan simple como llamativa. El Parlamento escocés ha aprobado que los edificios de nueva construcción integren ladrillos nido para vencejos en sus fachadas, una fórmula ya convertida en referencia europea y que encaja con un debate que también se ha asomado en Navarra y en el resto de España.

La reforma plantea que cada edificio de nueva planta reserve pequeños huecos específicos para estas aves. Por cada unidad habitacional se prevé un espacio de 10,5 cm³ en la fachada, suficiente para incorporar los llamados swift bricks, piezas diseñadas para que los vencejos puedan criar sin alterar la estructura del inmueble ni modificar de forma visible su imagen exterior.

Los ladrillos nido para vencejos se pueden colocar en obra

Estos ladrillos nido se colocan durante la propia obra y se integran en la albañilería convencional. Suelen fabricarse en hormigón o terracota, cuentan con una cavidad interior y una pequeña entrada, y se instalan en las partes altas de los edificios, allí donde los vencejos suelen volar y buscar refugio. La clave está en que no son un añadido posterior, sino una solución prevista desde el diseño.

El paso dado en Escocia responde a un problema cada vez más evidente. Las poblaciones de vencejo han caído un 40% en las dos últimas décadas, en buena parte por la desaparición de los huecos tradicionales de nidificación. Son aves migratorias que pasan el invierno en África y regresan entre marzo y abril a sus lugares de cría, casi siempre en pueblos y ciudades. Además, muestran una enorme fidelidad a sus nidos, por lo que sellar grietas, reformar cubiertas o demoler edificios antiguos puede suponer un golpe directo para su supervivencia.

La medida escocesa intenta frenar ese declive con una decisión de bajo coste y efecto duradero. No se trata solo de proteger a una especie llamativa, sino de reforzar la fauna urbana con un ave que cumple una función útil en el ecosistema de las ciudades. Cada vencejo consume a diario grandes cantidades de insectos, de modo que su presencia actúa como un regulador natural de plagas y ayuda a reducir la dependencia de tratamientos químicos.

En España, ese mismo enfoque lleva tiempo ganando terreno. SEO/BirdLife viene reclamando que el Código Técnico de la Edificación incorpore soluciones de refugio para fauna urbana tanto en obra nueva como en rehabilitación. La organización ha impulsado una guía técnica y un catálogo de medidas dirigidas a arquitectos, promotores y particulares con el objetivo de que construir y conservar no sean caminos opuestos.

Una estudiante promovió una caja nido para vencejos

La idea, en realidad, no resulta ajena a Pamplona. Hace unos años, Aintzane Huarte, graduada en Diseño por la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra, presentó un Trabajo Fin de Grado centrado en la conservación de fauna urbana y forestal amenazada. Su propuesta consistía en una caja nido capaz de cambiar de usuario y albergar tanto al vencejo común como a insectos saproxílicos.

Aquel diseño apostaba por una forma curva, inspirada en mapas de curvas de nivel, que permitía crear agrupaciones modulares en fachadas para facilitar la vida en colonias de vencejos. También podía colocarse en horizontal o en vertical según la especie y estaba pensado con criterios de sostenibilidad y educación ambiental, dos ideas que atravesaban todo el proyecto.

La propuesta de Huarte también destacaba por los materiales. La anidadera estaba ideada para fabricarse en madera, sin piezas metálicas, sin colas y sin resinas, recurriendo a especies resistentes como la acacia o algunos pinos. Más allá del objeto en sí, el proyecto defendía una idea de fondo: que el diseño también puede servir para tender puentes entre la ciudad y la naturaleza.

A esa línea se sumó también el Ayuntamiento de Pamplona, que desarrolló en años recientes un programa de instalación de cajas-nido-refugio en colaboración con la Fundación Ilundain-Haritz Berri. La iniciativa buscó ayudar a los vencejos a encontrar acomodo en la ciudad y, al mismo tiempo, sensibilizar sobre la importancia de estas aves dentro del entorno urbano.

Cajas nido para vencejos colocadas en espacios verdes

Dentro de ese programa se planteó la colocación de una veintena de cajas nido para vencejos en espacios verdes con apoyo de centros escolares. Aquella campaña formó parte de una estrategia más amplia de fomento de la biodiversidad que elevó hasta 289 los refugios para aves e insectos beneficiosos instalados en la ciudad. No eran ladrillos integrados en obra nueva, pero sí un antecedente claro de la misma preocupación: devolver espacio a especies que lo habían ido perdiendo.

La diferencia ahora está en la escala y en el momento de intervenir. Mientras las cajas nido actúan como una medida complementaria, los swift bricks cambian la lógica del problema porque incorporan el refugio desde el mismo plano del edificio. Por eso la decisión de Escocia no solo ha llamado la atención por su simbolismo, sino porque abre una vía concreta para que las nuevas promociones urbanísticas convivan con la fauna desde el primer ladrillo.

Ese es el debate que empieza a asomar también en Navarra y en España. La pregunta ya no pasa solo por instalar refugios puntuales cuando una colonia está en riesgo, sino por decidir si las futuras fachadas deben reservar, de forma normalizada, un pequeño espacio para quienes llevan décadas formando parte del cielo de nuestras ciudades. En una época de edificios cada vez más herméticos, ese hueco mínimo puede acabar siendo la diferencia entre que los vencejos sigan volviendo o que un día dejen de hacerlo.

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