Los matrimonios también pueden "enfermar". Y, del mismo modo, una relación deteriorada puede recuperarse si los problemas se detectan y afrontan antes de que hayan pasado años.
Es una de las principales enseñanzas que deja la Unidad de Terapia Familiar de la Clínica Universidad de Navarra, que acaba de cumplir 25 años ayudando a parejas y familias a superar conflictos, crisis vitales y las consecuencias que una enfermedad puede provocar dentro del hogar.
La Dra. Raquel Martín Lanas, psicóloga y terapeuta familiar y de pareja de la Clínica, pone el acento en un error que se repite con frecuencia en consulta: esperar demasiado. "Muchas parejas piden ayuda demasiado tarde", advierte.
No hace falta, explica, que una relación esté prácticamente rota para recurrir a un especialista. Hay una referencia mucho más sencilla que puede servir como aviso: si uno de los miembros de la pareja considera que existe un problema, ese problema ya merece atención.
El momento adecuado para pedir ayuda
"La terapia debería plantearse cuando aparece una señal de alarma y no cuando la situación lleva años enquistada", sostiene Raquel Martín Lanas.
Las relaciones, explica la especialista, pueden deteriorarse cuando dejan de cuidarse adecuadamente, pero también cuando atraviesan momentos especialmente exigentes. La crianza de los hijos, los problemas laborales o una enfermedad son algunas de esas circunstancias capaces de poner a prueba incluso relaciones consolidadas.
El contexto permite entender la importancia del problema. En España, los matrimonios que terminaron en separación o divorcio durante 2025 habían durado una media de 16,2 años, mientras que la tasa de nulidades, separaciones y divorcios se situó en 1,7 por cada 1.000 habitantes.
Sin embargo, acudir a terapia continúa siendo una opción menos utilizada de lo que los propios especialistas consideran conveniente. Para Martín Lanas, la terapia familiar está todavía infrautilizada, pese a que puede convertirse en una herramienta importante para el bienestar de una familia.
Una tasa de éxito de hasta el 85%
Los resultados de la atención especializada son otro de los datos que llaman la atención. Según la información facilitada por la Clínica Universidad de Navarra, la asistencia en consulta presenta tasas de éxito de entre el 70% y el 85%.
La intervención puede permitir una mejora de la comunicación, una mayor intimidad entre los miembros de la pareja y una capacidad superior para resolver los conflictos que aparecen en la convivencia.
Pero el trabajo de la unidad no se limita a los problemas estrictamente matrimoniales. Una enfermedad física o mental también puede cambiar por completo el funcionamiento de una familia.
Los especialistas parten de una idea doble: una enfermedad puede afectar a todas las relaciones del entorno del paciente y, al mismo tiempo, la respuesta de la familia puede influir positiva o negativamente en la manera de afrontar esa enfermedad.
El origen de una unidad que cumple 25 años
Precisamente esa conexión entre paciente y familia estuvo en el origen de la unidad hace ahora 25 años.
Los profesionales comenzaron a observar que algunos pacientes evolucionaban favorablemente durante su ingreso hospitalario, pero volvían a empeorar cuando regresaban a casa. Otros, por el contrario, disponían de un entorno de mayor apoyo y su evolución resultaba mejor.
El Dr. Salvador Cervera, que fue director del Departamento de Psiquiatría y Psicología Clínica de la Clínica e impulsor de la Unidad de Terapia Familiar, comprendió entonces que en determinados casos no era suficiente con tratar únicamente al paciente.
"Comprendió que no bastaba con tratar al paciente, ya que en determinados casos era necesario intervenir también sobre su entorno familiar", recuerda Raquel Martín Lanas.
Esa filosofía se ha mantenido durante estas dos décadas y media. Cuando existen otras enfermedades relacionadas con el caso, la unidad trabaja además de manera coordinada con otros departamentos de la Clínica Universidad de Navarra, buscando un abordaje multidisciplinar.
Ni jueces ni culpables dentro de la consulta
La terapia familiar puede utilizarse ante conflictos de pareja, problemas en la relación entre padres e hijos, desacuerdos sobre la educación, crisis provocadas por diferentes etapas de la vida o situaciones en las que una enfermedad altera el equilibrio familiar.
Y existe una idea que los profesionales consideran especialmente importante aclarar: el terapeuta no entra en la consulta para decidir quién tiene razón.
Su función tampoco consiste en buscar un culpable. El trabajo se centra en comprender qué está ocurriendo dentro de las relaciones familiares y cómo cada uno de sus integrantes puede estar contribuyendo, en ocasiones sin darse cuenta, a que el problema continúe.
"El foco no está en una persona concreta, sino en las relaciones que se construyen entre sus integrantes", explica Martín Lanas.
Buena parte de las sesiones consiste así en observar situaciones cotidianas desde una perspectiva diferente, detectar problemas de comunicación y adaptar la intervención a las necesidades específicas de cada familia.
Las sesiones tampoco tienen por qué reunir siempre a todos sus integrantes. Dependiendo de cada situación, pueden desarrollarse de manera grupal o individual.
Después de 25 años de experiencia en la Clínica Universidad de Navarra, Martín Lanas resume el objetivo de ese trabajo con una idea sencilla: "Nuestra labor consiste en ayudar a que esas relaciones puedan convertirse en parte de la solución".