La foto de San Fermín del 5 de mayo: Carmenchu Alemán
Tres individuos suben hacía la plaza Consistorial “haciendo el pata” en un aparente performance preparado y evidentemente provocador.
Carmenchu Alemán Álvarez (Pamplona, 1967) es licenciada en Derecho por la Universidad de Navarra, posteriormente completó su formación con un MBA en la Universidad de Nantes (Francia) y en la Universidad Strathclyde (Glasgow, Reino Unido). Se inició en fotografía de forma autodidacta hasta que accedió a un curso de Fotografía Profesional en la Escuela de Fotografía y Técnicas de Imagen (EFTI) de Madrid, su proyecto de final de curso obtuvo el primer premio, lo que le permitió acceder al máster en el mismo centro (1999 y 2000).
En el EFTI Carmenchu tuvo la fortuna de aprender con profesores de la talla de Juan Manuel Castro Prieto, Alberto García-Alix, Cristina García Rodero y Rosalind Williams, que le abrieron un horizonte nuevo profesional; renunció al mundo de las togas para dedicarse en cuerpo y alma a la imagen. Sus fotografías, además de ilustrar libros, han sido expuestas en multitud de salas y publicadas en distintos medios como National Geographic, El País Semanal, El Mundo, La Vanguardia, El Correo...
Ella misma se define como documentalista especialista en proyectos a largo plazo sobre ritos, rituales y fiestas en España y Portugal. Su trabajo más significativo, al que ha dedicado más de veinte años, es Hispania Sacra. Lo aclara de este modo: "La iconografía simbólica de lo sagrado en la Península Ibérica, a través de sus representaciones rituales. En este recorrido visual, la herencia pagana se entrelaza con la cristiana en un diálogo a menudo bizarro y contradictorio".
Es, por tanto, complementaria al grupo de grandes fotógrafos, cada uno con sus singularidades, que han inmortalizado imágenes de gran valor etnográfico de esos eventos religiosos, como: Koldo Chamorro, Cristina García Rodero, Fernando Gordillo, Cristóbal Hara, Fernando Herráez, Rafael Sanz Lobato y Ramón Zabalza.
Carmenchu Alemán utiliza magistralmente el blanco y negro, no por ser una nostálgica de la foto analógica, ni siquiera por una estética caprichosa, sino por la convicción de que no hay otra forma de ver su obra. Realza las luces y las sombras que orbitan alrededor de esas tradiciones del territorio peninsular que entremezclan lo religioso y lo profano. El blanco y negro otorga a Hispania Sacra de una atemporalidad, en la que el reloj se ha estancado, por lo que es perfectamente continuista con las fotografías de sus antecesores.
Como documentalista recorre la Iberia más profunda a la búsqueda de esos rituales, pero cuando llegan los Sanfermines viene para continuar el proyecto sobre las fiestas de su ciudad natal. Precisamente, hace unos días, una de sus fotos del encierro (2001 San Fermín) ha sido galardonada en la tercera edición del Encuentro Fotográfico de Euskal Herria Argazkia Puntu Eus en la categoría de Navarra.
De su proyecto de San Fermín, para el escalón de hoy hemos seleccionado una esperpéntica foto, fechada el 9 de julio de 2016, que fue tomada en plena Cuesta de Santo Domingo en la confluencia de las escaleras que suben a San Saturnino. Era sábado, como sabemos es el día que tradicionalmente las calles se masifican en donde conviven una singular fauna foránea con los lugareños.
En este caso, tres individuos suben hacía la plaza Consistorial “haciendo el pata” en un aparente performance preparado y evidentemente provocador. Su atuendo consiste en un traje de baño femenino, aderezado con dos elementos básicos sanfermineros: faja y pañuelico. A la izquierda, el que enseña media nalga, sin pañuelo al cuello, con una riñonera colgada a modo de bandolera. El del medio lleva gafas de sol y la etiqueta del traje de baño colgada, en forma de rombo; obviamente forma parte del attrezzo impostado.
Sin embargo, el foco de atención de la imagen, aunque no lo parezca, no está en el paseíllo de los excéntricos figurantes, sino en la chica que les observa. Ella se presenta espontáneamente como la verdadera protagonista de la foto. Si anulásemos a la espectadora, la imagen no diría nada, porque es ella la que da sentido y confiere a la fotografía toda la fuerza; su cara muestra una mueca de extrañeza y desprecio hacía los insólitos paseantes, a pesar de que denota cierto cansancio de una posible noche de juerga.
La imagen lleva el sello de Carmenchu Alemán, como no podría ser de otra forma, en blanco y negro siendo consecuente con su estilo y el modo personal de ver las fiestas y tradiciones. Está materializada con una cámara digital Sony Alpha con un convertidor para aprovechar una óptica Summicron de una Leica M analógica. Haciendo gala de su faceta de documentalista, la instantánea está captada en el momento oportuno.
Ciertamente, la autora ha tenido la habilidad de disparar -sin ráfaga, sin motor-, delimitando el estrambótico trio entre dos carteles anunciadores de las fiestas en los paneles de madera del fondo. Como resultado, la composición es excepcional y muy acertada, concediendo a la foto un valor añadido adicional. A propósito del cartel, no cabe ninguna duda que es el del año 2016, titulado Sanmarrazkin, ganador por votación de la ciudanía pamplonesa entre 376 presentados con casi el 26% de los votos. Fue concebido colectivamente por 580 alumnos de infantil y primaria del Colegio Público Buztintxuri de Pamplona, representa un "caos ordenado" de temática festiva.
Por la cuesta por donde desfilan los tres personajes, a las ocho de la mañana se había corrido el tercer encierro de fiestas con toros de José Escolar. Los astados de esta ganadería repitieron aquel día, un encierro similar al del año anterior, de manera que Santo Domingo cobró nuevamente una relevancia excepcional. Un toro se volvió hacía los corrales e hizo la carrera en solitario. El balance final del encierro fue de dos heridos por asta de toro, uno de ellos japonés.
A pesar de ser una fotógrafa profesional reconocida, Carmenchu Alemán no es profeta en su tierra, no ha llegado a exponer en Pamplona. Por la calidad e importancia de su obra esta
anomalía debiera solventarse, más pronto que tarde, en alguna de las salas de la ciudad que la vio nacer.
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