Ana Martínez Beisti, 61 años, y Benjamín Ipiña López, 62, llevan más de una década al pie del cañón en un negocio que huele a barrio, a confianza y a horas de trabajo bien echadas en Navarra. Son un matrimonio que ha levantado su proyecto a base de constancia, de aprender sobre la marcha y de atender a una clientela que vuelve una y otra vez. Están contentos, lo repiten, aunque también miran al futuro con una duda que pesa: el relevo.
En el parque Erreniega 62 de Zizur Mayor está su tienda, El Costurero de Ana, una mercería clásica con imagen y gestión actualizadas. Allí, los clientes encuentran una amplia selección de artículos, una zona de arreglos y otra amplia para las clases, además de un trato cercano que se ha convertido en parte de su sello.
“Llevamos desde 2014 en el negocio. Estamos muy contentos, con mucho esfuerzo. Da para tirar. Trabajamos dos, pero a veces no salen dos sueldos. Vivimos bien, hacemos las cosas que nos gustan y nadie nos manda. No podemos quejarnos”, ha resumido Benjamín, que habla de un día a día exigente, pero con la satisfacción de haber construido algo propio.
Lo llamativo es que ninguno venía de este mundo. “Venimos de mundos muy diferentes. Ella viene del mundo de las agencias de viaje y yo de la publicidad”, ha explicado. Y, en realidad, el cambio empezó por necesidad. Ana lo ha contado sin rodeos: “En la anterior crisis yo me quedé sin trabajo. Estaba en Estella. La empresa decidió cerrar la agencia y me vi con 50 años sin nada. Esto yo lo tenía con mis títulos y empecé yo sola”.
La tienda fue creciendo y, con el tiempo, el trabajo de Benjamín empezó a fallar. Ahí encajó la decisión de ir juntos: “Cuando tuvimos más clientes coincidió que el trabajo de la publicidad le empezó a fallar a Benjamín. Yo necesitaba otra persona así que se quedó conmigo”, ha recordado ella. Desde entonces, dos manos en el mostrador, dos personas en el taller y una misma idea: salir adelante.
El calendario también les marca el ritmo. Van a cumplir “doce años en mayo”, y en ese tiempo han encontrado su sitio. “Nos hemos hecho un hueco. No somos la única tienda de este tipo en la localidad, pero estamos muy pocos. No nos preocupa. Tenemos nuestro hueco”, han explicado. En ese empuje tiene mucho peso una academia de corte que trabaja “mucho los trajes regionales” para grupos de danzas, cabalgatas de Reyes y gigantes.
La clientela responde y repite. “La gente repite continuamente. Tenemos muchos contactos por teléfono de nada menos que cuatro mil personas con el tema de los arreglos”, han detallado. Y no es solo por la mercería. El servicio de arreglos se ha vuelto una parte fundamental del negocio: “Arreglamos todo tipo de ropa menos la piel”, han precisado.
Además, han notado un cambio claro en los hábitos de consumo. “Notamos que va a más. Hay mucha gente que no tira la ropa y le gusta la suya aunque el arreglo cueste dinero”, han explicado, aludiendo a esa tendencia de reparar antes que renovar. En su caso, la mayor parte de quienes pasan por la tienda son vecinos de siempre: “El 90 o 95% de los clientes es gente del pueblo”, aunque también reciben a personas “de los pueblos de alrededor” que les conocen y vuelven.
En la organización del trabajo, han ajustado horarios para poder sostener el ritmo. “Los lunes y viernes hacemos jornada continua de 10 a 17 horas”, han señalado. Aun así, el gran problema aparece cuando piensan en cerrar etapa. “No hay relevo”, han asegurado. En casa lo tienen claro: “Mis hijas (Edurne, de 31, y Ainize, de 22 años) no van por ahí. En casa me dicen que lo cierre porque ellas no van a seguir”.
Para ellos, lo que ocurre en su tienda se repite en muchas otras. “Es el mal que existe en la mayoría de tiendas pequeñas”, han lamentado. Ni siquiera tener un descanso amplio les cambia el panorama: “Cerramos desde el viernes a las cinco de la tarde hasta el lunes”. Aun así, siguen viendo barreras en el tipo de jornada: “La gente no quiere un trabajo de lunes a viernes en turno partido y sábados a la mañana. Esto es difícil de conciliar. Hay que estar”.
Hace pocas fechas, el negocio recibió un reconocimiento en el municipio dentro de una iniciativa del Ayuntamiento para fomentar el comercio local y dar ambiente festivo a las calles. El Costurero de Ana se alzó con el primer premio del concurso de escaparates navideños de Zizur Mayor, con 700 euros y 42,98 puntos, gracias a su destacada ambientación y originalidad.
Ese respaldo también se refleja en las reseñas de los clientes en redes sociales, que son “bastante buenas”, según explican. En ellas se destaca que “atienden de manera muy amable, cumplen los plazos, realizan bien los trabajos y avisan por WhatsApp cuando puedes pasar a recoger los encargos”.