COMERCIO LOCAL
El bar familiar de Pamplona que une dos culturas y se ha ganado el cariño de todo el barrio
El menú del día cuesta 14 euros e incluye “cuatro primeros, cuatro segundos, postres con tartas caseras y bebidas”, asegura.
Arlen Agurcia Godoy ha levantado un bar a pulso en Pamplona y lo ha hecho con una fórmula que engancha: cocina casera, horarios largos y una carta que mezcla dos mundos. La emprendedora, nacida en Nicaragua, ha contado que en su local conviven platos navarros y recetas de su país, y que la respuesta del público le ha dado la razón: “He tenido mucha aceptación”.
El proyecto se llama El Rincón Pamplonica y está en la calle Joaquín Beunza 12 bis, en pleno barrio de la Rochapea. El nombre no es casual, sino una pista de lo que se encuentra el cliente cuando entra. “Jugamos con las dos palabras, pamplo y nica, porque tengo las dos comidas. Sirvo menú del día, menú del fin de semana y aparte tengo la carta nicaragüense”, ha explicado.
Arlen ha relatado que lleva en el bar dos años y ocho meses y que en San Fermín se cumplirán tres años desde que se puso al frente del local. Antes ha trabajado en la chocolatería Valor y en La Força, en el Paseo de Sarasate, y de esa etapa se ha traído parte del oficio. “Tengo los churros de chocolate que aprendí”, ha contado, además de una repostería que prepara “de manera artesanal y casero”, como gofres o tortitas con fruta.
La carta no se queda en lo dulce. En el día a día, ha apostado por una cocina hecha en casa. “Comida navarra también casera. Se hace todo aquí desde cero. Lo he aprendido poco a poco”, ha señalado. Y, al hablar del resultado, ha repetido la idea clave: “He tenido mucha aceptación tanto de platos españoles como de mi país”.
Detrás de la barra también hay una historia de mudanzas y paciencia. Arlen ha indicado que lleva en España “once años desde el 27 de octubre”. Ha detallado su recorrido: primero ha estado en Madrid “apenas 18 días”, luego en Lekunberri, después cinco años en Barañáin y, más tarde, ha traído a sus hijos a Pamplona. “Ha sido un proceso largo, pero ha valido la pena”, ha afirmado.
El bar, además, funciona como un negocio familiar. Solo trabajan sus tres hijos con ella: Estela, de 28 años, “está conmigo en la cocina”; Emer, de 22; y Richar, de 20. “Aquí estamos trabajando y bien. Dando gracias a Dios porque he tenido mucha aceptación en el público de la Rochapea todos los días, que es lo que mantiene el bar”, ha asegurado.
En precios, Arlen ha puesto números concretos. El menú del día cuesta 14 euros e incluye “cuatro primeros, cuatro segundos, postres y bebidas”. Ha subrayado también el tirón del postre: “Las tartas son caseras porque las hago yo también”. El menú de fin de semana está en 22 euros y, según ha explicado, ofrece platos como solomillo, entrecot o sepia: “Donde te entra solomillo, entrecot, sepia y buen género, que es lo que me mantiene”.
El local tiene barra y un comedor aparte, y en momentos de mucha afluencia se queda pequeño. “No doy abasto con los almuerzos y comidas en Sanfermines. Lo tengo todo lleno. Muy contenta”, ha relatado al hablar de esas jornadas en las que la Rochapea se convierte en un ir y venir constante.
En el plano personal, Arlen ha confesado que ha sacado adelante el proyecto “sola”. “Desde que llegué a Navarra estoy yo sola y he tirado yo sola”, ha dicho, y ha añadido que ahora, con sus hijos ya mayores, no necesita depender de una pareja: “Tenemos nuestros ingresos en el bar”.
Sobre la ciudad, ha hablado con entusiasmo. “De Pamplona me gusta todo. Su gente. Su comida, sus calles, su limpieza. Estuve en Madrid y me quedo con Pamplona”, ha expresado. También ha explicado por qué se quedó: “Me vine porque tenía una hermana. Me salió trabajo y luego era un trabajo estable y ya no me muevo”.
El local, según ha contado, lo encontró cerrado “tras el covid”. El novio de su hija (Wuilfredo) es reformista y, tras cerrar La Força, han acometido la reforma para abrir aquí. “Yo era la jefa de cocina allí y el rasgo de la chocolatería nos lo conocemos”, ha indicado al recordar esa etapa.
Aunque su vida está ya en Pamplona, mantiene el vínculo con su país. “A Nicaragua suelo ir dos o tres veces porque mi madre está delicada”, ha explicado. Sus hijos, ha añadido, “ya se han adaptado a Pamplona”: “Van a ver su cultura quince días y volvemos. Ya nos sentimos pamploneses”.
El horario también marca el ritmo del negocio: abre de 8 de la mañana a 10 de la noche y el fin de semana hasta las doce de la noche. Solo cierra los miércoles por la tarde y los domingos por la tarde.
Las reseñas en redes sociales han acompañado esa buena marcha. Entre los comentarios, algunos clientes han dejado mensajes como: “Muy buen lugar para menú del día al menos. Gente muy agradable, trabajadora y comida buena”. Otros han destacado el precio y la cantidad: “Menú del día casero por 14 euros que está bien, la comida está rica y eso es lo que importa, y la cantidad también está muy bien”. Y también ha aparecido una frase que resume el cambio reciente del establecimiento: “El local ha cambiado de dueños”.