• domingo, 01 de marzo de 2026
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COMERCIO LOCAL

El inesperado cierre de una panadería con casi 100 años de vida en un pueblo de Navarra

Adiós al pan recién hecho, a las pastas caseras, a las magdalenas y a las tortas con sabor a canela que olían por todo el pueblo.

Surtido de panes y de pastas en la panadería Caballero de Sangüesa. Facebook.
Surtido de panes y de pastas en la panadería Caballero de Sangüesa. Facebook.

La panadería de un pueblo de Navarra ha cerrado de forma repentina después de casi 100 años. La decisión ha puesto fin a un negocio familiar con varias generaciones detrás y muy ligado a la vida diaria de la localidad.

La panadería Caballero Okindegia de Sangüesa estaba situada en la plaza de Santiago 16 (bajo), muy cerca de otros comercios conocidos del pueblo como Sola Moda, el supermercado Mayayo y la pastelería Aramendia. El cierre se ha comunicado a través de sus redes sociales, donde también se ha concentrado buena parte de las reacciones de los clientes.

El motivo de todo ha sido una grave avería en el horno que se produjo el 26 de diciembre, al término de una hornada, y que incluso provocó llama al exterior. La panadería anunció ese día que, “debido a una importante avería”, permanecería cerrada hasta el 2 de enero, pero después confirmó el final: “Lamentamos comunicar que panificadora Caballero cesa su actividad por fuerza mayor. Agradecemos todos estos años juntos”.

A primeros de enero colgó el cartel definitivo en el local y, para entonces, la decisión ya estaba tomada. El cierre se hizo oficial el miércoles 28. Con 61 años y 42 de ellos como panadero, Mikel ha puesto punto final a una actividad que arrancó en 1929, cuando su abuelo Asuncio Caballero abrió la panadería.

Después la continuaron sus tíos Jesús Mari y María Josefa, y su padre, Andrés Caballero, que le metió en harina cuando tenía 19 años. Con el paso del tiempo llegaron a ser seis trabajadores y el obrador mantuvo un ritmo constante. 

A todo eso se sumaba el despacho del pan, con lo que el mostrador tiene de conversación y de escucha diaria. La panadería también mantenía reparto: con su furgoneta, Mikel ha llegado durante años a Eslava, Cáseda, Rocaforte o Lumbier, entre otras localidades.

El cierre ha dejado también un reguero de mensajes de cariño en redes sociales, donde los clientes han destacado la calidad del producto y el trato recibido. “Explicar un horno de pan va ligado al olor. Ese olor a pan recién hecho. Y las magdalenas con olor a lo que son, naturales. Y si quieres probar lo típico, pues pide tortas con canela”, escribe una persona.

Otra reseña apunta: “Su pan es espectacular y las tortas de canela también. Pregunté a la dependienta por los productos y me aconsejó estupendamente. Muy recomendable”. Y una tercera añade: “No fui a comprar nada, le hice una pregunta a la señora que estaba atendiendo y fue muy amable. Desde luego los ojos y el olfato se me alteraron con lo que veía y olía”.

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