• lunes, 05 de enero de 2026
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COMERCIO LOCAL

La nota escrita por un cliente en Navidad que llena de orgullo al hotel de un pueblo de Navarra

El establecimiento, situado a solo dos kilómetros de Aoiz, ha difundido la nota en sus redes sociales como si fuera un regalo inesperado.

Nota escrita por un cliente en el hotel Restaurante Ekay, muy cerca de Aoiz. Facebook.
Nota escrita por un cliente en el hotel Restaurante Ekay, muy cerca de Aoiz. Facebook.

La Navidad ha dejado en un hotel de un pueblo de Navarra una de esas escenas pequeñas que pesan mucho: una nota escrita a mano, unas líneas sencillas y un equipo que se siente reconocido por lo que más cuida cada día, el trato.

El mensaje ha aparecido en el Hotel Restaurante Ekay, en la carretera de Lumbier 35, en Ecay de Lónguida. El establecimiento, situado a solo dos kilómetros de Aoiz (zona noreste de Navarra), difundió la nota en sus redes sociales como si fuera un regalo inesperado.

La dejaron en la habitación 110. No fue una reseña fría ni una puntuación rápida. Fue una frase a pie de cama, escrita tras la estancia, que apuntaba directo al corazón del oficio: “Hacía mucho tiempo que no nos sentíamos tan a gusto en un hotel, no por las instalaciones sino por el personal. Seguir así. Volveremos. Os recomendaremos siempre. Eskerrik Asko. Plazer bat (Gracias. Un placer)”.

El hotel recogió el guante con una respuesta igual de clara. “Hay valoraciones que nos llegan de una manera muy especial. Muchas gracias por vuestro apoyo”, trasladó el Hotel Restaurante Ekay en su publicación, poniendo el foco en lo que el cliente destacaba: el personal.

Según informó el propio establecimiento, la nota la escribió una pareja de San Sebastián que pasó dos noches en el hotel y la han hecho pública por ser algo inusual actualmente al dejarla escrita en un papel y no en redes sociales. Un detalle más que, en fechas de comidas, reuniones y prisas, convierte el mensaje en una especie de fotografía de lo que buscaban quienes viajaban: sentirse en casa.

Aquel reconocimiento llegó además en un momento simbólico. El negocio caminaba hacia los 50 años de historia. Sus orígenes se remontaban 48 años atrás, a 1978, cuando el matrimonio formado por Luis Rebollo y Alicia García abrió un negocio en el pueblo natal de ella, Ecay.

Él se ocupaba de la barra. Ella, junto a su hermana Charo, se ponía al frente de la cocina. Y, como ocurrió en tantos proyectos familiares, los hijos, José Luis y Jesús, también echaban una mano cuando no tenían clase. Un bar sencillo, en un rincón del valle, que fue creciendo sin atajos.

El día a día se llenó de cafés, menús caseros, cenas familiares, bautizos y sobremesas. “Yo con solo doce añitos ya ayudaba en casa”, recordaba Jesús Rebollo García, el hijo menor, con la calma de quien vivió todas las fases del negocio.

Con el paso de los años, el proyecto cambió de tamaño sin perder apellido. “En 1996 nos animamos a hacer el restaurante y el hotel, planta por planta, poco a poco. Fue cabezonería emprender en el pueblo natal de uno, y es que siempre tiran las raíces”, explicaba Chuchín, al relatar cómo creció el establecimiento.

La familia asumió la gestión definitiva en 1990, junto a su cuñada Isabel Leache y su hermano José Luis, ya jubilados. Desde entonces, Jesús llevó el proyecto en solitario y tomó el testigo definitivo de la empresa familiar.

Casi medio siglo después de aquella primera apertura, aquel bar se transformó en un hotel con 20 habitaciones, un restaurante para 120 personas, terraza, bar y un amplio aparcamiento. El Hotel Restaurante Ekay quedó asentado en Ecay de Lónguida, en pleno corazón de la Merindad de Aoiz.

El establecimiento mantiene su actividad también en Navidad, aunque se toma un pequeño descanso del 31 de diciembre al 6 de enero “por temas de mantenimiento”, según aseguraron desde el hotel.

Hoy, Jesús, con 59 años, dirige el negocio y coordina un equipo de 23 trabajadores. “Es una empresa de referencia en el valle y en la comarca. Es una manera sostenible de mantener el trabajo local y el trabajo femenino. Luchando mucho, pero contentos”, señalaba.

A lo largo de la trayectoria, el hotel ha recibido varios premios y reconocimientos. Aun así, su responsable insistía en la misma idea que destilaba la nota de la habitación 110: el valor real lo ponía el cliente. “Siempre hemos sido discretos a la hora de funcionar, sin intentar sobresalir mucho, pero sí se nos reconoció el trabajo. El cliente es el que al final te recompensa con sus valoraciones”, afirmaba Jesús Rebollo.

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