COMERCIO LOCAL
La dueña de la pescadería más famosa de Iturrama y el secreto con su marido: "Él es la competencia"
"Estamos dos personas y a ratos incluso nos haría falta una tercera. De momento nos arreglamos”, explica la dueña.
En el número 37 de la calle Iturrama, el hielo nunca deja de brillar y el mostrador de la Pescadería Juana Gastón marca el pulso de un barrio que se resiste a perder sus comercios de siempre. Al frente está Nuria López Gastón, una mujer de 51 años que maneja el género con la maestría de quien lleva el oficio en la sangre, pero que guarda una curiosa paradoja familiar: su mayor competidor duerme bajo su mismo techo.
Su marido, Eduardo, regenta otra pescadería en el Segundo Ensanche, un negocio al que llegó gracias a las lecciones de su propia esposa. "Es la competencia, pero lo tengo de encargado de compras", bromea Nuria en una historia de relevo, madrugones y un barrio que, a pesar de las alarmas sobre el futuro del sector, se niega a dejar de comprar "lo bueno" de cada día.
Nuria lleva allí unos 20 años, aunque su historia con el mostrador empezó antes. “Ya estuve en otra pescadería en la calle San Juan Bosco”, recuerda. En el local de Iturrama estaban sus padres, Pablo López y Juana Gastón, que iniciaron la actividad hace 35 años. Ella ha ido tomando el relevo con naturalidad, casi sin darse cuenta, hasta convertirse en la cara visible del negocio.
Hoy comparte jornada con Maira Torres, empleada de Ecuador que lleva siete años en la pescadería. Entre las dos sostienen un trabajo que no entiende de pausas largas. “Estamos muy a gusto con Maira. Estamos dos personas y a ratos incluso nos haría falta una tercera. De momento nos arreglamos”, explica. Nuria empezó con su madre, y cuando ella se jubiló hace diez años, la responsabilidad terminó de caer sobre sus hombros. “Ya me he hecho la dueña”, admite, sin dramatismos.
Lo curioso es que en casa el pescado también es tema de conversación. Su marido, Eduardo, lleva otra pescadería, Leza, en la calle San Fermín, en el segundo Ensanche de Pamplona. Nuria se ríe cuando lo cuenta: “Es competencia”, suelta, aunque enseguida puntualiza: “Gracias a mí está allí. Le enseñamos nosotros”.
Eduardo, según relata, trabajaba antes en una fábrica. El giro llegó cuando le surgió la oportunidad de hacerse con un negocio que se quedaba libre. “Cuando la dejó nos llamaron Ángel y Rosa porque se iban a jubilar, a ver si nos interesaba, y se quedó allí”, relata. No empezó de cero: “Con mi padre ya bajaba al mercado y en ratos libres nos echaba una mano”.
Más que rivales, funcionan como equipo. “Nos mandamos clientes también. Yo le digo lo que me hace falta y él baja a por el pescado para los dos. Lo tengo de encargado de compras. Es el que más madruga… y eso que yo paseo al perro. Compartimos género también”, cuenta, dejando claro que el reparto de tareas está bien medido.
En el barrio de Iturrama hay más pescaderías en manos de mujeres. Nuria menciona la de San Martín y otra en Serafín Olave, aunque en este último caso el local se ha traspasado y “la lleva un chico”. En cualquier caso, ella insiste en que el trabajo, ahora mismo, sigue saliendo. “La verdad es que se trabaja muy bien”, afirma.
Y en fechas señaladas, todavía más. “En Navidad incluso mejor que el año pasado. La gente del barrio no me falla. Funciona y espero jubilarme aquí”, sostiene. Nota que se mezcla la clientela habitual con vecinos nuevos, y comenta que también acude gente que vive en Barañáin. “Sigue la gente fija”, resume.
La preocupación aparece cuando mira al futuro del oficio. “Cada vez quedamos menos. Dicen que en cinco años nos vamos a quedar muy pocos pescateros y no hay relevo. Hay que madrugar y elegir género. No vale cualquier cosa”, advierte. En su propia casa, el relevo tampoco está claro: sus hijos, Mario y David, de 23 y 20 años, están estudiando. “No creo que sigan. Vienen a ayudar alguna vez, pero no les tira”, reconoce.
Entre madrugones y pedidos, Nuria se queda con una parte buena: “Lo bueno es que tenemos la tarde libre”. Y con un respaldo que, dice, le anima a seguir: las reseñas que dejan los clientes en redes sociales.
Una de ellas lo resume así: “La recomiendo. La calidad del producto, excelente y la atención de Nuria, excepcional. Resido en el extranjero y quería regalarles marisco a mis padres como celebración de mi cumpleaños. Con Nuria todo ha sido fácil y el resultado, de 10”. Otra opinión va directa al grano: “Calidad de género y muy buena atención”.