COMERCIO LOCAL
El triste adiós a la tienda familiar de 80 años en un pueblo de Navarra: “Nos da mucha pena”
El dinero se ha ido a “otras cosas” y “no merece la pena”. La forma de consumir "ya no tiene nada que ver con la de hace décadas", asegura.
En Tafalla se empieza a despedir estos días una de esas tiendas que han vestido a varias generaciones. El cierre no ha llegado de golpe, pero ya se nota en el ambiente: hay liquidación y el mostrador se llena de conversaciones de las de antes, de las que mezclan compras y recuerdos.
En el número de la calle Escuelas Pías donde se encuentra Confecciones Arbona, muy cerca de otros establecimientos que se han conocido como el centenario Ultramarinos Baztán, la Despensica de Nieves o la mercería Rise en la ciudad del Cidacos, el aviso ha sido claro: se ha puesto el género a precio de fin de existencias porque la familia ha decidido que no va a continuar. La tienda, abierta poco después de terminar la Guerra Civil y en marcha desde los años 40, ha superado los 80 años como negocio.
El dueño actual, Jesús Arbona Arzoz, ha explicado que la decisión ha sido personal y también inevitable. “No hay continuidad y la edad ha dicho que ya va siendo hora”, ha comentado. Él tiene 66 años y su esposa, Yolanda Larrauri Zudaire, 65, y señalan que cierran por jubilación.
La persiana todavía no tiene un día marcado. “Más o menos calculamos que para el verano aproximadamente”, ha avanzado Jesús, aunque deja claro que no hay prisa. “El local es nuestro. Estamos ahora con la ropa de verano. Luego sacaremos la de invierno y tampoco tenemos prisa”, ha detallado, con la calma de quien ha vivido décadas siguiendo el ritmo de las temporadas.
El cierre también viene marcado por una realidad que se repite en muchos comercios. No hay relevo generacional. “Tenemos una hija (Mirentxu). Ella lleva su vida con su trabajo y su padre no se lo recomienda”, ha explicado, al confirmar que la continuidad familiar no va a ser posible.
La historia del establecimiento ha sido, además, una historia de apellido y de traspasos. La tienda ha abierto bajo la dirección de Antonio Arbona Deán. Después ha tomado el relevo su esposa, Juana Irigaray, y más tarde ha seguido su hijo José Arbona Irigaray. En la etapa actual, Jesús Arbona Arzoz ha estado al frente junto a Yolanda Larrauri Zudaire.
Él mismo ha puesto fecha a su entrada en el negocio: “Yo empecé en febrero del 82 y Yolanda un poco más tarde”. Y al hablar del recorrido, ha resumido el peso de la trayectoria: “Como negocio desde los años 40, más de 80 años”.
En su explicación, Jesús también ha dibujado el mapa de un comercio local que se ha ido apagando poco a poco. “Hoy en día ya estás viendo que los negocios en los pueblos van cada vez a menos”, ha señalado. Y ha enumerado dos razones que, según su experiencia, han cambiado las reglas del juego: “Ha aumentado mucho la facilidad de subir a Pamplona y ha subido muchísimo la venta por internet”.
El cambio, ha dicho, no solo se ha notado en la competencia, sino en el orden de prioridades de la gente. “Cuando entré en la tienda la compra de ropa era la cuarta prioridad de la gente y ahora está en el número 16 o 20”, ha asegurado. A su juicio, el dinero se ha ido a “otras cosas” y “no merece la pena”, ha expuesto, al describir una forma de consumir que ya no tiene nada que ver con la de hace décadas.
Mientras tanto, en el día a día, el cierre se ha vivido con un punto de emoción. “Indudablemente nos da pena”, ha reconocido. Y ha explicado por qué le ha pesado especialmente: “Mi abuelo cogió la tienda después de haber sido empleado en la misma. Luego pasó a mi padre y luego a mí”. En esa cadena de generaciones, ha insistido, se han quedado muchas historias. “Da mucha pena porque son muchos años hablando y conociendo a mucha gente. Intentando echar una mano a quien se puede”.
En estos días, esa misma gente ha vuelto a entrar, algunas veces solo para saludar o para comentar lo que significa que la tienda cierre. Jesús ha contado que muchos clientes le han dicho que se acuerdan de cuando iban a comprar con su madre o su abuela. “Nos comentan: ‘¿a dónde vamos a ir ahora si cerráis?’”, ha relatado, con esa sensación de que se cierra algo más que una persiana.
El negocio ha vendido durante años ropa de caballero y de señora, además de ropa laboral “azul y blanca”. “Es lo que estamos vendiendo desde hace muchos años. Ahora más despacio que antes”, ha explicado, al describir un ritmo que se ha ido reduciendo.
También ha recordado de dónde ha salido buena parte del género que han ofrecido en la tienda. “Nosotros hemos traído siempre ropa de aquí, de Castellón, de Barcelona y de Córdoba”, ha señalado.
Cuando llegue el cierre definitivo, el final no va a ser solo un cierre de caja. Jesús ha explicado que, una vez se decida la fecha, “lo que quede irá destinado a alguna asociación benéfica en la que tengo confianza”.
Y, mientras la liquidación sigue, el matrimonio ya ha empezado a imaginar la vida después del mostrador. “Iremos de viaje”, ha dicho Jesús, aunque también ha confesado una idea que lleva tiempo rondándole: “Yo tengo en mente unos estudios de la UNED que siempre me han gustado o en el instituto de la Plaza de la Cruz como la historia, el derecho, las ciencias políticas... Creo que será una de las cosas a las que me dedique aparte de otras historias”.
En las reseñas, los clientes han dejado escrito lo que muchos han repetido en voz alta estos días. Hay quien la ha descrito como una “fantástica tienda de las de toda la vida”, con “mucho género y muy variado” y un trato “íntimo, cariñoso y personalizado”. Y también quien ha subrayado que ha sido “un comercio pequeño” que ha aguantado “a la presión de las grandes superficies”, “acogedor” y con “trato familiar” de los que “ya van quedando pocos”.