NAVARRA
50 años del asesinato de dos carlistas en Navarra que puso en peligro la transición en España
El choque violento entre las dos ramas del carlismo derivó en el suceso más grave de los años 70 en Navarra.
Navarra recuerda este mes de mayo uno de los episodios más oscuros de la Transición española. El 9 de mayo de 1976, apenas seis meses después de la muerte de Franco, la tradicional subida carlista a Montejurra, muy cerca de Estella, terminó con dos asesinados, decenas de heridos y muchas preguntas sin respuesta.
Los muertos fueron el cántabro Aniano Jiménez Santos, militante carlista y de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), y el navarro Ricardo García Pellejero, joven estellés que cayó abatido por disparos en la cima del monte. Sus nombres han quedado unidos para siempre a los llamados sucesos de Montejurra de 1976, un episodio señalado durante años como uno de los grandes crímenes políticos de la Transición.
La cita de Montejurra tenía una larga tradición dentro del carlismo. Cada primer domingo de mayo, los carlistas subían al monte para celebrar un viacrucis en memoria de los requetés muertos en la Guerra Civil. Durante el franquismo, aquel acto fue adquiriendo un significado especial, porque se convirtió en uno de los pocos espacios públicos donde se expresaban diferencias con el régimen, aunque se toleraba por el apoyo que el carlismo había prestado a Franco durante la guerra.
Pero en 1976 el escenario era muy distinto. El viejo carlismo ya no era un bloque compacto. Carlos Hugo de Borbón-Parma, considerado el heredero legítimo por el sector mayoritario, había impulsado un profundo giro político. El Partido Carlista se había definido como una fuerza democrática, socialista, federalista, autogestionaria y antifranquista. Incluso había participado, junto al Partido Comunista, en la fundación de la Junta Democrática.
Ese cambio había roto por completo con el carlismo más tradicional. El antiguo lema “Dios, Patria y Rey” había dado paso al mensaje de “Socialismo, Federalismo y Autogestión”, una evolución que incomodaba a los sectores más ultras y a quienes querían mantener el carlismo dentro de las coordenadas políticas del franquismo.
La tensión venía de lejos. Toda la familia Borbón-Parma había sido expulsada de España en 1968. Un año después, en 1969, se produjeron graves incidentes cuando los carlistas llegaron a tomar prácticamente la ciudad de Estella en protesta por aquella expulsión. Aquellos hechos llevaron al Gobierno franquista a diseñar una estrategia para debilitar la línea oficial del carlismo, cada vez más alejada del régimen.
La batalla por el control del movimiento se hizo visible en las semanas previas a la convocatoria de 1976. Sixto de Borbón, hermano menor de Carlos Hugo, reunió a sus partidarios en el mismo escenario. Su sector, apoyado por grupos de ultraderecha, pretendía recuperar el carlismo tradicionalista y frenar la deriva socialista del partido.
La operación contra el sector de Carlos Hugo ha sido conocida como “Operación Reconquista”. En ella participaron ultraderechistas, mercenarios internacionales italianos y argentinos, y seguidores de Sixto de Borbón. Llegaron a Montejurra con gritos como “Viva España” y “Viva Cristo Rey”, dispuestos a impedir que el acto se desarrollara con normalidad.
La noche anterior al 9 de mayo, los partidarios de Sixto ocuparon la cima de Montejurra para evitar que se celebrara allí la misa. Mientras tanto, otro grupo avanzó desde el hotel Irache hasta la explanada del Monasterio de Irache, punto desde el que comenzaba la subida al monte.
El primer choque se produjo en esa explanada. Allí apareció el conocido como “el hombre de la gabardina”, que disparó contra Aniano Jiménez Santos. El militante carlista, muy vinculado a la actividad sindical en la HOAC, resultó herido de bala el 9 de mayo y falleció días después a consecuencia de aquellas heridas.
La violencia continuó en la subida. Cuando los partidarios de Carlos Hugo se acercaban a la cima, fueron recibidos con nuevos disparos. En ese punto murió Ricardo García Pellejero, un joven de Estella que fue abatido en el acto. La jornada dejó además decenas de heridos y una imagen brutal de la violencia política que seguía presente en España tras la muerte del dictador.
El amplio despliegue de Guardia Civil y Policía Armada no evitó las dos muertes. Las fuerzas de seguridad solo intervinieron después de los ataques. De hecho, Sixto de Borbón-Parma fue escoltado hasta Francia por agentes de la Policía, una circunstancia que alimentó durante años las denuncias de complicidad y de falta de voluntad real para investigar lo ocurrido.
La justicia tampoco aclaró los hechos con rigor. Solo tres personas fueron detenidas y todas quedaron en libertad meses después gracias a la Ley de Amnistía de 1977. Para el Partido Carlista y para las familias de las víctimas, aquello consolidó una impunidad que ha marcado la memoria de Montejurra durante décadas.
El golpe político fue enorme. El Partido Carlista no fue legalizado y no pudo presentarse a las primeras elecciones democráticas del 15 de junio de 1977, pese a que era una de las pocas organizaciones que, en marzo de ese año, cuando se anunciaron los comicios, había sido capaz de presentar candidaturas completas en casi todas las circunscripciones electorales.
A partir de entonces, el acto de Montejurra fue perdiendo peso. Lo que durante años había sido una de las grandes citas políticas y simbólicas del carlismo quedó marcado por la sangre, la fractura interna y la sospecha de una operación destinada a liquidar al carlismo de izquierdas.
En 2003, la justicia española reconoció oficialmente a Aniano Jiménez Santos y Ricardo García Pellejero como víctimas del terrorismo. Ese reconocimiento llegó muchos años después de los asesinatos y fue un paso importante para quienes seguían reclamando memoria, verdad y reparación.
Ahora, en 2026, el 50 aniversario ha devuelto los sucesos de Montejurra al primer plano. El Parlamento de Navarra, a iniciativa de EH Bildu y con el apoyo de PSN-PSOE, Geroa Bai y Contigo-Zurekin, ha aprobado recordar a Aniano y Ricardo como víctimas del terrorismo practicado desde instancias del Estado y por elementos de ultraderecha.
La Cámara foral también ha instado al Gobierno de Navarra a organizar el 9 de mayo de 2026 un acto institucional de recuerdo en el entorno del Monasterio de Iratxe, el lugar donde se produjeron las muertes. Además, ha aprobado oficializar como lugar de memoria el monolito situado junto al monasterio.