• domingo, 21 de julio de 2024
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OSASUNA

Pablo Ibáñez, el chaval de Mutilva que tuvo que salir de Tajonar y ya es historia de Osasuna

Con el gol del navarro muchos se preguntaron quién era el portador del dorsal ‘19’ que silenció San Mamés con su primer tanto como rojillo.

Celebración de la clasificación de Osasuna para la final de la Copa del Rey, en la Plaza del Castillo de Pamplona. IÑIGO ALZUGARAY
Celebración de la clasificación de Osasuna para la final de la Copa del Rey, en la Plaza del Castillo de Pamplona. IÑIGO ALZUGARAY

El sueño de cientos de rojillos por disputar una final se hizo ayer realidad con el gol del navarro Pablo Ibáñez en el minuto 116, con el que muchos se preguntaron quién era el portador del dorsal ‘19’ que silenció San Mamés con su primer tanto como rojillo.

Pablo Ibáñez Lumbreras (Mutilva, 20 de septiembre de 1998) fue el héroe de todo el osasunismo. No fue titular. Antes del partido, saltó junto a Manu Sánchez a pisar el césped del espectacular estadio rojiblanco con una tranquilidad propia de un veterano con mil batallas a sus espaldas.

Jagoba Arrasate decidió dar la oportunidad al chaval de Mutilva en el minuto 99 para aportar aire al equipo en el centro del campo. Su aportación final nadie se la esperó. Faltaban cuatro minutos para los penaltis cuando Moncayola pisó la bola dentro del área antes de poner un centro bombeado a su amigo.

Ibáñez, con total serenidad, midió los tiempos a la perfección, espero a que llegase el esférico a su posición y golpeó al balón con una colocación perfecta que acabó en el interior de la red a pesar de la estirada de Agirrezabala. Navarra entera estalló de júbilo viendo el premio a la resiliencia de su equipo.

Pitido final de Del Cerro Grande y sí, era real. Osasuna regresaba a una final 18 años después con merecimiento, mucho sufrimiento y la figura del centrocampista como protagonista. Primera campaña con la primera plantilla e imposible mejorar su debut como profesional.

“¡Rojillos!, no sé ni qué deciros, la verdad. Ahora mismo estoy súper emocionado y esto es todo por vosotros y hoy lo vamos a celebrar. ¡Vamos!”, exclamó Ibáñez con la indumentaria todavía puesta en un vídeo publicado por el club.

Esta mañana, con una gran resaca emocional, el mediocentro ha publicado este mensaje en sus redes sociales: “Sigo en una nube. Todo lo que rodea a Osasuna se merecía algo así. ¡Estamos en la final!”.

El camino hasta aquí no ha sido el habitual en este tipo de futbolistas. Pasó por las categorías inferiores de los siete hasta los dieciséis años. Tras ello, probó suerte en la Mutilvera en 2014 para posteriormente jugar en el San Juan y regresar al equipo de su pueblo. Sus méritos iban en aumento.

En Segunda División B destacó por su polivalencia, liderazgo y buen trato de balón. Esto le valió al bueno de Pablo para ganarse la vuelta al equipo de referencia en Navarra a mitad de temporada. Pasó año y medio por el Promesas hasta recibir la llamada de Jagoba Arrasate. El de Berriatúa quería contar con sus servicios.

El pasado verano realizó su segunda pretemporada con Osasuna, pero ya como jugador de la primera plantilla a todos los efectos. En marzo de 2022, el club comunicó la ampliación de su contrato hasta el 30 de junio de 2024 con una cláusula de rescisión de 25 millones en LaLiga Santander. La apuesta por él era clara.

Este año ha ido sumando minutos con el paso de las jornadas. Lleva 323 minutos en Copa y 516 en Liga, completando 483 en las 10 últimas fechas. Arrasate cuenta con el táctico jugador y ayer mostró su alegría en la rueda prensa posterior al choque.

“Me alegro por él. Es muy osasunista, no ha tenido un camino fácil. Tuvo que salir de la cantera. Se lo merece y estoy contento de que haya sido él el que entra en la historia”, anotó su técnico.

Pablo Ibáñez vivió una noche que tardará mucho tiempo en olvidar con su parábola perfecta que culminó años de esfuerzo y dedicación por triunfar con el equipo de su vida.


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