• martes, 19 de mayo de 2026
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PAMPLONA

El rincón de Pamplona junto a los Corralillos del Gas que esconde siglos de historia bajo sus piedras

Un nuevo tótem informativo recoge el origen del nombre de la plaza, los antiguos usos del entorno y su papel en las fiestas históricas del barrio de Rochapea.

Presentación del nuevo tótem que recuerda la historia de la plaza Arriasko en la Rochapea. AYUNTAMIENTO DE PAMPLONA
Presentación del nuevo tótem que recuerda la historia de la plaza Arriasko en la Rochapea. AYUNTAMIENTO DE PAMPLONA

La plaza Arriasko de Pamplona cuenta desde este martes con un nuevo tótem informativo que recoge la historia y la toponimia de este espacio situado en el barrio de la Rochapea, junto a los Corralillos del Gas.

La Comisión municipal de Presidencia ha participado en la inauguración del nuevo elemento, instalado en la orilla derecha del río Arga, al lado del puente de Curtidores y muy cerca de uno de los lugares más vinculados a los Sanfermines.

El nuevo tótem de la plaza Arriasko se ha colocado en un enclave conocido por su característico suelo de piedra, formado por cantos rodados. El espacio también ha sido identificado tradicionalmente como plaza de Errotazar, aunque nunca ha tenido una denominación oficial.

En el acto han intervenido el concejal de Seguridad y Convivencia Ciudadana, Endika Alonso Irisarri, y el historiador y vecino de Rochapea Patxi Abasolo López, que ha explicado algunos de los datos históricos y toponímicos recogidos en el tótem.

La información instalada en la plaza Arriasko explica que el término Arriasko deriva de Arrasco, con uso documentado desde los años veinte del siglo XIX. A su vez, este nombre podría proceder del topónimo Larraiscoa, documentado en 1704.

Según José María Jimeno Jurío y Pedro Salaberri Zunzarren, Larraiscoa podría ser un diminutivo de larratz, que significa ‘prado’. Esta evolución permite entender mejor la relación entre el nombre actual del espacio y la antigua toponimia pamplonesa.

La plazuela ha tenido a lo largo de los años una configuración muy distinta a la actual. Pegado al río se instaló el matadero municipal, que estuvo en funcionamiento desde finales del siglo XVI hasta comienzos del siglo XX.

También se tiene constancia de la existencia de nueve casas pertenecientes a las Agustinas Recoletas, que fueron destruidas en 1813 durante la Guerra de la Independencia. Más tarde, en 1823, este enclave fue habilitado como cementerio provisional de Pamplona hasta 1828.

La cercanía al antiguo matadero marcó el uso posterior de este espacio. En 1827, el Regimiento de Pamplona adquirió el terreno para construir una corraliza destinada al ganado.

Décadas después, en 1864, se levantó la Casa de los Pastores para atender a los empleados vinculados a esa actividad. Entre 1920 y 1975, este edificio sirvió además como cuartelillo de la Guardia Civil.

El entorno de la plaza Arriasko también ha estado unido a otros oficios tradicionales de Pamplona. Frente al antiguo matadero se situaron varios edificios que albergaban pequeños talleres de curtiduría, muy habituales junto a los ríos por la necesidad de agua para el lavado de pieles.

Estos talleres tenían además una ubicación estratégica. Al estar cerca del matadero, los curtidores disponían de las pieles del animal recién sacrificado para comenzar rápidamente su trabajo de curtido.

El conjunto de edificios recibió el nombre de barrio de curtidores. Al final de ese espacio, justo debajo del Portal Nuevo, existió también un lavadero de ropa.

Hasta hace poco, solo quedaban las ruinas de uno de aquellos edificios, conocido como la casa de barquilleros. Recibía ese nombre porque en su momento albergó a una familia dedicada a la venta de barquillos por la ciudad.

En ese mismo entorno se están realizando actualmente obras para levantar viviendas nuevas. El nuevo tótem permite recordar así una parte de la historia de Rochapea que ha quedado transformada con el paso del tiempo.

La plaza Arriasko fue durante años el punto neurálgico de las fiestas del barrio de Rochapea, conocidas como las mecetas. Estas celebraciones se organizaban cada agosto en honor de San Lorenzo.

Hasta la década de los veinte, el barrio vivió en este enclave buena parte de sus festejos. En la plaza se encendían hogueras la víspera y se bailaba cada tarde al son de gaiteros y tamborileros.

Las sesiones festivas terminaban con el baile de la Era, uno de los momentos más destacados de aquellas celebraciones. El día grande, el 10 de agosto, los mayordomos del barrio acudían al consistorio para anunciar los festejos.

Los tres mayordomos, un hortelano y dos sirvientes, vestían floridas coronas y coloridos pañuelos. Sus gorros eran adornados por las tres mayordomas, también una hortelana y dos sirvientas.

Ellos y ellas eran los encargados de abrir cada día el baile de las mecetas de Rochapea. Durante los cuatro días habituales de fiestas, el menú más consumido en comidas y meriendas eran los rellenoss.

Como postre, tenían especial protagonismo los piperropiles, muy vinculados a aquellas celebraciones populares. El historiador rochapeano Bernardo Apesteguía ha estudiado y documentado en profundidad las mecetas, con noticias localizadas desde el siglo XVI.

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