• domingo, 21 de julio de 2024
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SAN FERMÍN 2024

Alberto, el mozo que corre todos los días el encierro en San Fermín con las cenizas de su hijo

Alberto Guillamón Salazar, conocido como 'Torrechiva', guarda como recuerdo una bonita carrera en Pamplona con su hijo antes de que falleciera. 

Alberto Guillamón Salazar, alias 'Torrechiva', en un encierro de San Fermín reciente en la curva de Mercaderes en Pamplona. IRANZU LARRASOAÑA

Alberto Guillamón Salazar, alias 'Torrechiva', tiene 68 años. Y lleva 52 subiendo a Pamplona en San Fermín desde Castellón. Corrió su primer encierro siendo sólo un adolescente. Desde entonces, sólo ha faltado a su cita con la capital navarra un año, en 1999. En aquella ocasión, un accidente de tráfico acabó con la vida de su hijo, Alberto Guillamón Prades, más conocido como 'Torre', una semana antes de San Fermín. Desde entonces, ha corrido cada encierro con las cenizas de su hijo, un recuerdo que le une a la carrera más emocionante de su vida

Guillamón recuerda que llegó a Pamplona por primera vez gracias a su tío. "Él tenía un amigo que realizaba la ruta Castellón-Bilbao con un camión. Ya había estado en San Fermín. Le animó a mi tío a ir con él y yo pedí acompañarles", rememora. 

Su primer encierro son hoy vagos recuerdos de un chaval que "no sabía ni a lo que iba". Se colocó al final de la Estafeta y entró de los primeros en la plaza. "Ni siquiera vi a los toros, pero me enganchó tanto que ya no he dejado de venir", comenta. 

Al año siguiente, subió con unos amigos. "Y hasta ahora". Guillamón asegura que una de las partes más gratificantes de correr los encierros de San Fermín es la amistad que ha entablado con muchos de sus compañeros de carrera en Pamplona. "Nos conocemos todos", asegura. Y agradece tener muchas amistades dentro del recorrido del encierro. 

En este punto de la conversación, se acuerda especialmente del desaparecido Julen Madina, uno de los corredores más emblemáticos. Falleció en agosto de 2016 tras sufrir un accidente en la playa de La Zurriola (San Sebastián). Fue rescatado del agua inconsciente y con un fuerte golpe en la cabeza. Murió unos días después en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Universitario de Donostia. Precisamente, este año se cumplen 24 años de la cornada que sufrió en el callejón, una de las más terroríficas de la historia de los encierros de San Fermín en Pamplona

Guillamón ha compartido con Madina y otros corredores momentos muy emocionantes dentro del recorrido del encierro. No obstante, ninguno iguala a la carrera que compartió con su hijo, Alberto Guillamón Prades, 'Torre' para los amigos, el 14 de julio de 1997. 

El joven 'Torre' era muy aficionado al mundo del taurino. Cuando corrió el encierro en Pamplona ya era un reconocido 'rodaor' en su tierra. "A día de hoy sigue siendo una leyenda en la Comunidad Valenciana", se enorgullece su padre. 

Recuerda que su hijo pudo escaparse unos días a Pamplona durante los Sanfermines de 1997. Ese año, la banda terrorista ETA acabó con la vida del joven concejal de Ermua (Vizcaya) por el Partido Popular tras un secuestro de más de 100 horas. Murió en la madrugada del 13 de julio, conmocionando a buena parte de la sociedad española. En Pamplona, se suspendió el encierro de ese día como señal de duelo. 

EL ENCIERRO MÁS ESPECIAL DE UN PADRE EN SAN FERMÍN

Sí se celebró el encierro del 14 de julio de 1997 con toros de la ganadería El Pilar. Fue en esa carrera en la que Guillamón vivió un momento con su hijo que lleva grabado a fuego en el corazón. De ella queda la reminiscencia de una fotografía en la que se ve correr a padre e hijo juntos en la zona del callejón. "Mi hijo hizo ese día una carrera espectacular", constata el progenitor. 

Alberto Guillamón Salazar, alias 'Torrechiva', corriendo junto a su hijo delante del toro rezagado de El Pilar en el encierro del 14 de julio de 1997.  FOTOGRAFÍA CEDIDA POR EL CORREDOR
Alberto Guillamón Salazar, alias 'Torrechiva', corre junto a su hijo delante del toro rezagado de El Pilar en el encierro del 14 de julio de 1997. FOTOGRAFÍA CEDIDA POR EL CORREDOR

Y comienza el relato con la voz entrecortada por la emoción: "Cogió muy bien al toro rezagado de El Pilar en Estafeta, a la altura de la bajada de Javier. Subió por Telefónica guiando al toro, hasta la bajada al callejón". Allí lo vio llegar su padre, quien se sumó a la carrera. "Me emocioné mucho al ver que estábamos corriendo juntos en Pamplona", recuerda. Guillamón insiste en que "es muy difícil" que un padre y un hijo coincidan por casualidad en un tramo del encierro delante del mismo morlaco. 

Mientras padre e hijo corrían juntos, Guillamón sacó a relucir su instinto paternal. "Vi que iba castigado por la carrera. Le dije: '¡Fuera! ¡Fuera!' y se retiró", explica. Y hace una puntualización: "Si por él fuera, hubiese entrado hasta dentro de la plaza guiando a ese toro rezagado". 

"Tenía mucha sabiduría a la hora de ponerse delante de los toros. Esa carrera fue muy importante para los dos", comenta Guillamón muy orgulloso. Por suerte y por desgracia, fue la primera y la última de su hijo en Pamplona

El 29 de junio de 1999, un fatal accidente tráfico segó la vida de 'Torre' y dejó huérfanos a muchos aficionados taurinos. Apenas faltaba una semana para San Fermín y su padre no se vio con fuerzas para afrontar la carrera en Pamplona. "Sólo he faltado esa vez", subraya Guillamón. 

En realidad, desde el fallecimiento, padre e hijo han compartido infinidad de encierros. Guillamón siempre corre con las cenizas. "Eso es sagrado. Lo llevo a todas partes. Es una manera de sentirlo cerca y estar con él", indica. 

UNA LEYENDA DE LOS RECORTADORES DE CALLE

'Torre' ha sido la inspiración de muchos aficionados taurinos. Entre ellos, su primo Mateo Ferris Prades. "Corre en Pamplona con la misma camiseta con la que mi hijo corrió el encierro del 14 de julio de 1997", señala. "Vino un día a casa y le preguntó a su tía si le dejaba la camiseta, que estaba enmarcada y colgada de una pared", rememora. 

Se la dejaron, pero con una condición: "Le dije lo que había: 'Te dejo la camiseta con la condición de que sepas lucirla'. Y al acabar San Fermín la camiseta vuelve siempre al marco, en mi casa". Su sobrino ha cumplido con la promesa: "Estos últimos cinco años está corriendo muy bien en el tramo de finales de Estafeta hasta el inicio de Telefónica". 

Los 52 años de Guillamón en Pamplona han dado para mucho. "He corrido en todos los tramos, menos en la Cuesta de Santo Domingo". ¿El motivo? "No me gusta. Es muy explosivo. Ponerte y quitarte en cuestión de segundo", insiste. En la actualidad corre en la curva de Mercaderes con Estafeta. "Me siento más seguro porque más arriba, en Telefónica, hay muchos tirones y empujones", confiesa. 

En este punto, hace diez años, Guillamón vivó otro de los momentos más vibrantes como corredor de encierros en Pamplona. Fue otro 14 de julio, el del 2014. Parece que ese número le persigue, aunque esta vez tuvo a un toro de la ganadería Miura como protagonista. Un mozo australiano fue brutalmente corneado por 'Olivito' y salvó la vida gracias a la acción de Guillamón

Guillamón recuerda bien la secuencia de los hechos: "Entré con los dos toros que faltaban. Me fui encima de un toro en la misma curva. Un buey que venía me pegó. Si me llega a tirar a la cara del toro, a lo mejor no hubiera sido el australiano, sino yo. Se fue el toro para arriba, cogió al australiano y se lo bajó otra vez hasta Mercaderes". 

Cuando vio que el astado volvía a prender al mozo contra el vallado de la contracurva de Mercaderes, no lo pensó dos veces: "Tiré del rabo para quitarle el toro de encima", cuenta. Lo consiguió.

Reconoce que en momentos como el vivido en Mercaderes hace una década ha pensado muchas veces "de la qué me he librado". "Trompazos, caídas, eso está a la orden del día. Lo ves claro y, en el momento en el que estás en el suelo ya no te da tiempo a reaccionar", describe. Eso sí, después de 52 años corriendo los encierros de San Fermín en Pamplona puede darse por satisfecho: "Sólo llevo un puntazo. Una cornadita que me pegó en Telefónica un toro de Santiago Domecq. Se había caído al suelo y, al levantarse, me cogió del brazo", relata. 

Además de los Sanfermines, Guillamón ha corrido en otros encierros de Navarra. "En Tudela y Tafalla", especifica él. Y también es habitual de muchos de los festejos taurinos de la zona de Castellón. Con tanta experiencia, tiene claro el consejo que le daría a una persona que este pensando en correr este año, por primera vez, los encierros de San Fermín: "Tiene que saber dónde se mete. No tiene que pensar que, por haber mucha gente, no le va a tocar. Efectivamente, hay mucha gente, pero un percance con un toro lo puede tener cualquier persona que esté dentro del recorrido". De ahí que incida en la importancia de aprender a ponerse delante de estos animales. "Parece fácil, pero no lo es", subraya. 

A sus 68 tiene claro que todavía no ha llegado su momento de retirarse, aunque admite que este año viene a Pamplona con menos pretensiones: "Ya no es como cuando tenía 18 años", admite. "Si consigo hacer alguna carrera bonita delante del toro mejor, pero si no no pasa nada". 

Como todos los años, estos Sanfermines Guillamón tendrá muy presente a su hijo 'Torre', con el recuerdo de aquella carrera delante del astado rezagado de El Pilar. "Mi hijo era un fenómeno", le recuerda con cariño. 


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Alberto, el mozo que corre todos los días el encierro en San Fermín con las cenizas de su hijo