Maite y José Ignacio han decidido cerrar la etapa más larga de su vida profesional: la del negocio familiar que su padre levantó a finales de los años 60 y que ha acompañado a varias generaciones de clientes en la comarca de Pamplona. La razón no es un secreto ni lo visten de excusas: José Ignacio se jubila y su hermana no quiere quedarse sola al frente. Se han marcado junio como fecha límite para bajar la persiana, cuando terminen de liquidar el stock, que está rebajado al 50%.
El adiós llega en la exposición y tienda de Cerámicas Ochoa, instalada desde 2005 en el polígono industrial de Mutilva Baja, tras el traslado desde Villava. En redes sociales lo han contado con un mensaje dirigido a quienes han estado al otro lado del mostrador.
“Amigos, tanto clientes como proveedores, que nos habéis acompañado durante los 56 años que ha durado está emocionante aventura que ha sido, además, nuestro trabajo. Llega el momento de la despedida, toca jubilarse y disfrutar del merecido descanso. Nos ponemos emotivos echando la vista atrás, ha sido un placer coincidir, trabajar y crecer juntos. Nos vemos, pero a partir de ahora, será en las calles de Pamplona”, aseguran.
Ellos han sido la segunda generación del negocio. “Yo ahora cumplo 65 y Maite 61”, explican. La decisión, cuentan, ha sido meditada: primero costó, luego llegó la pena y, con el tiempo, el “duelo” se ha ido asentando. Ahora lo miran con otra perspectiva: “Primero cuesta decidirlo, da pena, y ahora con un poco más de tiempo ya lo vemos como una etapa que ha terminado”, señalan. El cierre será en junio “y si podemos, antes”, insisten.
Maite, eso sí, no se desengancha del todo. Ya ha puesto fecha al “cambio de tamaño” y de ritmo. “No quiero quedarme yo sola”, explica, y anuncia que seguirá con otra tienda más pequeña en la calle Sangüesa 9, “con una pequeña exposición con mis marcas” y añade: “Empezaré en breve”. Ella lleva en la tienda desde 1988, lo que suma 38 años, y su hermano acumula 45 años en el negocio.
Cuando hacen balance, no dudan. “Muy positivo. Con más buenos momentos que malos”, aseguran. También explican una de las claves de su supervivencia en un sector con altibajos: “Fundamentalmente solo trabajamos con particulares y nada con la construcción. Nos hemos evitado así muchos problemas”.
En la misma frase aparece lo que, para ellos, ha sido el corazón del trabajo diario: “La atención personalizada, hacer proyectos desde cero…”. Maite amplía el retrato con entusiasmo: “Me encantan mis proveedores, el trato con el cliente, elegir materiales, estar a la última en las ferias. Es un mundo muy bonito”.
El relevo, sin embargo, no ha llamado a la puerta. No habrá tercera generación. “Mis hermanos no tiene hijos y mis dos hijos no siguen el negocio. Una es diseñadora en Madrid y mi hijo es hostelero. Ni plantearlo”, relata Maite. Y fuera de la familia tampoco lo ven fácil: lo consideran “muy difícil” por una mezcla de vocación y tamaño. “Esto hay que vivirlo y sentirlo. Son unas instalaciones de tres mil metros cuadrados. Es una tienda sobredimensionada. Estamos trabajando siete personas ahora mismo”, explican.
La historia empezó con nombre propio y fecha concreta: el 28 de enero de 1970. Ese día Pedro Ochoa González arrancó el negocio familiar con un socio, Javier Mangado, en un almacén junto a las piscinas de San Pedro. Por entonces se llamaba Mangado y Ochoa. Con los años, la empresa llegó a abrir tiendas en Estella, Tudela, Logroño y San Sebastián. Incluso sortearon un viaje a Brasil, que ganó “una pareja de Pamplona” y al que fueron junto a Pedro Ochoa y su esposa, Teresa Ruiz Gascón.
También hubo capítulos más complicados. En 1992, Pedro se separó de su socio y creó Cerámicas Ochoa en el polígono de Villava. Después llegó el gran salto: el 22 de diciembre de 2005 se trasladaron a la ubicación actual, en Mutilva Baja, con más de tres mil metros cuadrados y parking incluido. Pedro Ochoa falleció en enero de 2017 a los 80 años, pero sus hijos José Ignacio, Maite y Adriana siguen adelante “hasta hoy”.
El anuncio del cierre ha provocado una reacción inmediata en redes sociales, con mensajes de cariño de clientes de toda la vida. Uno de ellos lo escribió así: “Emocionado me siento. Es y ha sido un gran placer haber compartido más de 30 años con vosotros, no tan solo de trabajo sino también de amistad.. que digo casi como de la familia. Grandes momentos y grandes recuerdos me llevo”.