• lunes, 22 de julio de 2024
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SAN FERMÍN 2023

Una familia hace 500 kilómetros de noche para ser los primeros en coger un sitio en el vallado

La idea les rondaba hace tiempor por la cabeza, pero al ver ayer las imágenes del Chupinazo, ya no se lo pensaron más.

Calvin, Micaela y Roberto, una familia de Castellón que ha hecho casi 1.000 kilómetros para estar unas horas en Pamplona y ver un encierro desde el vallado.
Calvin, Micaela y Roberto, una familia de Castellón que ha hecho casi 1.000 kilómetros para estar unas horas en Pamplona y ver un encierro desde el vallado.

Calvin y Micaela son un matrimonio de la localidad castellonense de Villarreal. Tienen un hijo de 18 años que se llama Roberto, y a los tres les encantaba la idea de ver un encierro de Pamplona en vivo. Y no se lo pensaron dos veces. La idea les rondaba la cabeza desde hace tiempo, pero nunca lo habían planeado demasiado a fondo, hasta que ayer miércoles se liaron la manta a la cabeza.

Tras ver las imágenes del Chupinazo en la tele, ya no lo dudaron más. ¿Cuándo nos vamos? Hoy mismo. Dicho y hecho, el matrimonio y el hijo se montaron a las 23:00 de la noche en Villarreal en su coche y tras 480 kilómetros, entraban en Pamplona pasadas las 4 y media de la madrugada, cuando faltaban otras tres horas y media para el encierro.

Han encontrado plaza en el parking de Baluarte y tras tomarse un café se han dirigido directamente al callejón de la plaza de toros. A esa hora ya había alguno guardando sitio para el encierro, pero no han tenido problema para encontrar hueco en la balaustrada de hormigón, con el doble vallado como punto de apoyo para los brazos. "Aquí estamos de lujo", decía Roberto.

Lo cierto es que desde ese punto, la vista es privilegiada, ya que les alcanzaba para ver el final de la curva de telefónica y todo el callejón.

Se lo han tomado con paciencia, conscientes de que quedaba mucho tiempo para las ocho de la mañana, pero también sabiendo que sólo disfrutar del ambiente y de la diferente fauna que se movía por la zona ya era de por sí un entretenimiento. "No se nos ha hecho muy pesado esperar aquí, no es tan incómodo este sitio, peor sería estar encima de la valla".

Además, desde las 7:30 de la mañana, han disfrutado de las dianas y marchas interpretadas por la banda de música del Maestro Bravo, que ha salido al callejón a animar también a los espectadores apostados a uno y otro lado del recorrido.

Efectivamente, como cada mañana de San Fermín, todo el recorrido del encierro en el doble vallado estaba atestado de gente. Para las 5:30 ya no quedaban huecos en el callejón y a partir de las 6, conforme los operarios de la carpintería de los Hermanos Aldaz terminaban de colocar los postes del encierro, automáticamente, se iban ocupando.

Calvin, Micaela y Roberto aseguran que ha sido toda una experiencia. "Nos encantan los encierros, pero nunca habíamos podido venir a Pamplona, así que estamos disfrutando mucho".

A falta de un cuarto de hora, cuando los medios de comunicación se suben a los postes, la Policía Foral coge posiciones, sale la Cruz Roja y pasa la alcaldesa de Pamplona, Cristina Ibarrola, tras el protocolario paseillo de control y verificación de seguridad, todos los espectadores se hacen más conscientes de que el encierro va a comenzar. 

Con el estallido del cohete que anuncia la apertura del portón de los corrales de Santo Domingo se incrementa la tensión. Hace un rato que la barrera policial de Estafeta se ha abierto, y están bajando corredores, pero la aceleración de las carreras de los mozos presagia la llegada de la manada.

En apenas cinco segundos, la carrera había pasado por delante de ellos y terminado en la plaza de toros.  "Han pasado rapidísimo, pero es una pasada. No tiene nada que ver verlo en la tele que verlo en vivo", decía Roberto, que aunque tiene edad para correr encierros, su madre le mira con cara de "ni se te ocurra pensarlo".

Su estancia en Pamplona no ha sido muy larga. Tras el encierro, han desayunado, han dado un pequeño paseo, y han cogido de nuevo el coche de vuelta a casa. "Una visita relámpago, sí, pero nos ha encantado, así que volveremos, ojalá que pronto", sentenciaba Micaela.


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Una familia hace 500 kilómetros de noche para ser los primeros en coger un sitio en el vallado