Iba a ser el broche de oro tras meses de estudio intenso. Inés, Yara, Ángela y Berta, cuatro estudiantes de Medicina de la Universidad de Navarra, habían terminado el MIR y se habían dado el capricho de celebrarlo a lo grande: quince días en Tailandia.
Aterrizaron el 15 de febrero con las pilas cargadas y la cabeza despejada. Pero cuando ya tenían las maletas listas para volver el día 1 de marzo, el estallido de la guerra en Irán y el cierre del espacio aéreo lo cambiaron todo.
Las cuatro habían disfrutado el viaje con total normalidad: el norte del país, el sur, y los últimos dos días en Bangkok para rematar. La víspera del regreso, mientras descansaban en la habitación, les llegó un mensaje de un amigo: "Oye, ¿vuestro vuelo se ha cancelado?". Les explicaba que habían "bombardeado Doha o algo así", su escala. Se quedaron flipando.
Lo curioso es que esa misma mañana, apenas unas horas antes, habían recibido las notas del MIR con buenos resultados. La alegría duró poco: tocó aparcarla y ponerse a gestionar la situación a miles de kilómetros de casa.
Su primera reacción fue ir al aeropuerto a hablar con Qatar Airways. Reconocen que "era un poco caótico todo ahí": sin nadie en los mostradores, casi una hora de espera y, finalmente, una sola empleada plantada ante lo que describen como "una marabunta de gente enorme" reclamando. Muchos llevaban las maletas hechas, ya habían dejado el hotel o tenían que incorporarse al trabajo.
La aerolínea les ofreció dos opciones: esperar a que el espacio aéreo abriera, como pronto el día 7, o esperar catorce días para tramitar la devolución. No estaban dispuestas a quedarse "un mes en Tailandia", así que empezaron a buscar alternativas.
Eso sí, tuvieron suerte de no haber quedado incomunicadas en Doha, ciudad a la que no pudieron llegar a viajar. En Doha, una organizadora de viajes les contó que su grupo de turistas españoles mayores había volado esa misma mañana y había quedado atrapado. Los metieron "a cada uno en hoteles distintos, completamente incomunicados", y pasaron la noche "escuchando bombas". Ella, que había salido en un vuelo posterior desde Bangkok, vivía con "un agobio increíble" sin poder hacer nada por ayudarles.
Encontrar un plan B ha resultado complicado. Volar por Estados Unidos significaba encadenar "mínimo tres vuelos" internos para llegar a España. Las aerolíneas europeas, como British Airways o Lufthansa, tampoco valían: no tienen permitido sobrevolar Rusia.
Fue la madre de una de ellas quien, desde Pamplona, dio con la clave: la única "ruta segura" pasaba por China, ya que sus aerolíneas sí pueden volar sobre territorio ruso. Empezó entonces lo que ellas describen como "un caos" frente a las pantallas. En los buscadores, los vuelos desaparecían en segundos. Billetes que costaban 300 euros "pasaron a 1.000" de un momento a otro. Y para colmo, seguían vendiéndose vuelos con escala en aeropuertos cerrados, como Doha o Abu Dabi, lo que les hizo temer estar comprando billetes "que en verdad igual no existen".
Encontraron un vuelo a China para el día 3, pero al intentar pagar, la web daba error. Al final, fueron sus padres desde España quienes lograron comprar los pasajes para el día 5 de marzo con una aerolínea china. El itinerario: dos horas hasta Hong Kong, cuatro de espera y catorce horas de vuelo directo hasta Madrid. "Dentro de lo malo, pues bien", dicen con la esperanza de que esta ruta las lleve de vuelta a Pamplona.
Con el vuelo confirmado, sus familias —cuyos mensajes de angustia copaban el "top" de sus contactos de WhatsApp— pudieron respirar. Las chicas han ido alargando la estancia en el hotel noche a noche, primero con cautela y luego ya con la reserva ampliada. Los gastos extra han salido "de su bolsillo".
La situación, con todo, ha sido llevadera. Al estar en el período de espera entre el examen y la elección de plaza —prevista para abril o mayo—, no tenían ninguna urgencia laboral. Son conscientes de que han tenido suerte dentro de lo que cabe, y saben que no están solas: al menos otros tres grupos de compañeros de su misma promoción también están atrapados en Tailandia. A ellas las sacó la ruta de Hong Kong, igual que a uno de esos grupos. Otra compañera tiene el vuelo para el día 13 y todavía no sabe si la situación se habrá resuelto para entonces.
Ahora solo piensan en aterrizar en Madrid y poner rumbo a Pamplona. Y aunque reconocen que ya tienen ganas de "volverse a España", confiesan entre risas que todo esto les ha añadido "un poco de miedo" a hacer este tipo de viajes. O eso dicen, de momento.