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SOCIEDAD

El enorme pueblo abandonado cerca de Navarra que tiene aguas 'curativas'

Más de 1.500 personas fueron expropiadas a lo largo de los años para iniciar la construcción de un pantano. 

Aspecto actual que presenta el pantano de Yesa que ha visto incrementado de forma considerable su capacidad tras las intensas lluvias caídas en los últimos días.  EFE/ Jesús Diges
Aspecto que presenta el pantano de Yesa hace dos semanas que ha visto incrementado de forma considerable su capacidad tras las intensas lluvias caídas en los últimos días. EFE/ Jesús Diges

Entre los imponentes 10 kilómetros de extensión del pantano de Yesa se ocultan secretos que se resisten a desvanecerse con el paso del tiempo. A lo largo de sus orillas, cercanas a la frontera entre las provincias de Navarra y Zaragoza, yacen varios pueblos abandonados, testigos mudos de una historia que se desdibuja en la memoria colectiva.

Escó, Ruesta y otros pueblos desiertos son las cicatrices visibles de un proyecto que cambió el destino de la región en 1960: la construcción del Embalse de Yesa. Con la noble intención de proveer de agua a las regiones del sur de Navarra y Las Cinco Villas de Zaragoza, este proyecto hidráulico alteró irremediablemente el paisaje y la vida de sus habitantes.

Sin embargo, no todos recibieron la noticia con alegría. Más de 1.500 personas fueron despojadas de sus tierras, viendo cómo sus hogares y medios de vida quedaban sumergidos bajo las aguas. Solo dos valientes se negaron a abandonar sus raíces, resistiendo hasta su último aliento. La expropiación, marcada por la injusticia, dejó a muchos sin su sustento, mientras que las promesas de compensación quedaron en el aire.

El acceso al pueblo fantasma de Tiermas es una experiencia que despierta la curiosidad y la reflexión. Desde la antigua carretera a Jaca, un sendero cortado se eleva por una pendiente pronunciada, marcando la entrada a un mundo olvidado. Los vehículos no pueden adentrarse más, obligando a los visitantes a continuar a pie, enfrentándose a la naturaleza que ha reclamado su territorio con fuerza.

La iglesia de San Miguel emerge entre la maleza, su torre aún en pie como testigo silente de tiempos mejores. Los frescos que una vez adornaron sus paredes yacen en ruinas, víctimas de la negligencia y el abandono. Las pintadas y grafitis que ahora las cubren reflejan la falta de interés de los actuales propietarios por preservar el legado histórico del pueblo.

Tiermas, en su estado de semiabandono, revela vestigios de su pasado medieval, con escasos restos de murallas y antiguas puertas de acceso como el Portal de las Brujas. Entre las ruinas, destaca el Hotel Balneario Infanta Isabel, un antiguo complejo de lujo que ofrecía tratamientos terapéuticos en las aguas termales de la región.

La parte sumergida de Tiermas asoma su rostro durante los meses de septiembre y octubre, cuando el nivel del embalse desciende lo suficiente para revelar sus secretos. El olor a azufre que emana de las aguas termales atrae a visitantes en busca de experiencias únicas, como baños de barro y lodo, sumergiéndose en las aguas que una vez inundaron sus antiguas calles.

Sin embargo, el futuro de este enclave está en peligro. El proyecto de recrecimiento de la presa amenaza con borrar para siempre este rincón de historia y belleza natural. La posibilidad de un embalse el doble de alto, con capacidad para triplicar su volumen, pone en riesgo la existencia misma de Tiermas y otros pueblos olvidados en las profundidades del pantano de Yesa.

Ante esta amenaza latente, aquellos que deseen explorar este fascinante paraje deben apresurarse, conscientes de que el tiempo y el progreso pueden borrar para siempre las huellas de un pasado que se niega a ser olvidado. En las aguas del pantano de Yesa, entre sus ruinas sumergidas y sus pueblos fantasma, yace una historia que espera ser contada antes de que sea demasiado tarde.


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