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COMERCIO LOCAL

Celso y Mari Jose, una década vendiendo fruta y verdura en Burlada: "Los impuestos nos comen y estamos deseando jubilarnos"

"Otros comercios van a batalla, van a precio, y aquí queremos que se vayan contentos con la calidad y con el trato”, aseguran.

Celso y Mari Jose en la frutería Gil - La Huerta en Burlada. Navarra.com
Celso y Mari Jose en la frutería La Huerta en Burlada. Navarra.com

Celso Izuriaga y Mari José Callero llevan 11 años levantando la persiana cada día en una frutería muy cerca de Pamplona, de esas en las que todavía se saluda por el nombre, se recomienda la pieza más madura y se escucha al cliente cuando llega con la compra y con sus quejas. Tienen 60 años, vienen de otros sectores y han aprendido a sacar adelante el negocio a base de horas, paciencia y mucho oficio.

La tienda se llama Frutas La Huerta y está en la calle Mayor 37 bajo bis de Burlada, muy cerca de otros establecimientos conocidos de la zona, como la Carnicería Hermanos Gil o la Bodega Eslava, que ha cumplido 50 años.

Muchos vecinos, sin embargo, todavía la conocen como Frutas Gil, el apellido del antiguo propietario. A ellos no les molesta. Al contrario. “Como llevaba muchos años, es un poco referencia y no nos importa que nos sigan llamando así. Mantenemos incluso el cartel que está en la entrada del local”, explican.

Detrás del mostrador están Celso y Mari José, siempre con trato cercano y una sonrisa. Él es de Burlada y ella de Villava, aunque, como recuerda Celso, “lleva muchos años aquí”. La pareja no llegó al mundo de la fruta por vocación de toda la vida, sino “por circunstancias de la vida”, después de haber trabajado en otros ámbitos.

En ese cambio de rumbo, la familia también ha sido un apoyo importante. “Mi cuñado tiene varias fruterías y nos ha servido un poco de apoyo y de ayuda”, señala Celso Izuriaga. A partir de ahí, les tocó aprender el ritmo del pequeño comercio: madrugar, comprar bien, colocar el producto, atender, cuadrar números y volver al día siguiente.

La palabra que utiliza Celso para describir la situación económica del negocio no deja demasiado espacio a la fantasía. “Sobrevivimos. Así, sin más, porque la edad que tenemos y las circunstancias del comercio local actual son las que son y lo llevamos”, reconoce. La ubicación, admite, es buena: la zona “está bien ubicada y es un punto de referencia”. Pero eso no basta para que el día a día sea sencillo.

Uno de los grandes problemas que han tenido que afrontar es la competencia. En muy poca distancia se han concentrado muchas fruterías y supermercados, algo que ha endurecido mucho el trabajo. “El mayor problema que tenemos es la competencia que ha salido. En un radio pequeño de varias manzanas de casas tenemos un montón de fruterías”, advierten.

Celso pone cifras a esa sensación. “Muchas son de extranjeros y otros supermercados están aquí al lado, y entre todos suman un montón de fruterías, que es una barbaridad. En la calle Mayor te puedo contar que hay unas 13 o 14 fruterías y se nota. La competencia es muy dura”, afirma.

Aun así, la pareja sigue peleando por mantener su sitio. Lo hace con una fórmula sencilla, pero cada vez menos frecuente: producto cuidado, trato directo y confianza. “Estamos muy contentos porque tenemos mucha clientela. Somos del pueblo y nos conocen de otros ámbitos, incluso de antes de estar aquí”, destaca Celso.

Esa fidelidad de los vecinos ayuda, pero no elimina la carga que soporta cualquier autónomo. Los horarios pesan, los gastos se acumulan y los márgenes no siempre acompañan. “El día a día del pequeño comercio y del autónomo es muy duro. Además de los horarios, está lo que todos nos quejamos: los impuestos son una barbaridad. Nos comen entre IVA, IRPF, luz…”, lamenta.

La economía de las familias también se nota al otro lado del mostrador. En Frutas La Huerta, Celso y Mari José ven cómo muchos clientes compran con más cuidado, comparan más y llegan con el presupuesto ajustado. “Estamos en tiempos duros en cuanto a la economía. La gente viene con los bolsillos más rascados y se nota”, explican.

Ellos entienden esas quejas porque también están en primera línea de los precios. “Estamos muy contentos con la clientela que tenemos, pero al final comer sale caro y nosotros estamos en primera línea, donde nos llegan las quejas”, señalan. No siempre es fácil vender producto fresco cuando el cliente mira cada euro, pero la pareja intenta que quien entra salga satisfecho.

La mayoría de sus clientes son personas mayores, aunque también se acercan jóvenes que buscan algo más que precio. “Hay gente joven que quiere producto de buena calidad y prefiere que le asesores. Es la diferencia con otros comercios, donde van a batalla, van a precio, y aquí queremos que se vayan contentos con la calidad y con el trato”, aseguran.

Después de 11 años al frente del negocio, Celso y Mari José ya miran de reojo la jubilación. No lo dicen con dramatismo, sino con la sinceridad de quien sabe lo que cuesta sostener una frutería cada día. “No cabe duda de que estamos deseando jubilarnos, sinceramente, porque el trabajo es duro”, admiten.

Tampoco habrá relevo familiar en el mostrador. La pareja tiene dos hijos, pero ninguno se plantea continuar con la frutería. “Para nada. Tenemos dos hijos y ninguno de los dos se anima. Buscan otras alternativas en lo que han estudiado. El chico estuvo con nosotros, sabe de qué va esto y no repite”, explican.

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