COMERCIO LOCAL
Padre e hijo toman el relevo en un bar de toda la vida en Pamplona manteniendo la cocina tradicional
Ofrecen pinchos de barra, tortillas, anchoas y boquerones, tablas de ibéricos y quesos, espárragos de Navarra, entre otros.
Un histórico local del segundo Ensanche de Pamplona ha reabierto sus puertas tras seis semanas cerrado, del 3 de mayo al 11 de junio. La reapertura marca el relevo generacional de uno de los bares con más historia de la ciudad.
Se trata del café Burdeos, situado en la calle Tafalla 15 bajo, muy cerca de bares como el bar Amaya, el gastrobar Moka y tiendas como Chantal y Aremar, ha recuperado su actividad con un aire renovado. Durante años, este local ha sido más que un bar de almuerzos: un punto de encuentro de barrio donde los clientes se saludaban por el nombre y la fidelidad era la norma.
La gestión anterior, a cargo de Patxi Hermand Pabolleta e Idoia Eraso Jericó, finalizó tras casi 11 años al frente. Ambos se jubilaron el pasado 3 de mayo con una emotiva despedida que reunió a los clientes más habituales, dejando tras de sí un local lleno de recuerdos y tradición.
Tras su marcha, se inició un proceso de renovación que ha dado más luz al espacio y ha incorporado una terraza con sillas y mesas al estilo francés. La decoración se ha actualizado conservando la esencia original, logrando un equilibrio entre tradición y modernidad.
Los nuevos responsables son Eduardo Valle, de 54 años, y su hijo Asier, de 20, quienes son también propietarios del centenario Café Roch, fundado por el bisabuelo de Eduardo. Ambos han tomado las riendas con ilusión y han querido mantener la identidad del local.
Eduardo ha decidido mantener el nombre Burdeos y eliminar la palabra “bar” para reforzar el aire francés del establecimiento. “Nos apetecía darle un toque burdeos o parisino, comprando el mobiliario en una tienda clásica de Anglet para aportar ese estilo”, señaló.
La propuesta gastronómica sigue centrada en la cocina tradicional. Ofrecen pinchos de barra, tortillas, anchoas y boquerones, tablas de ibéricos y quesos, espárragos de Navarra, y buscan trabajar con productos de temporada. Además, planean recuperar recetas clásicas como callos y manitas.
La cocina del sótano será habilitada próximamente, aunque todavía se espera la autorización de salida de humos solicitada a urbanismo. Mientras tanto, el local mantiene su oferta de raciones y platos tradicionales en la barra y el nuevo comedor de la planta superior.
El café ahora cuenta con más luz y un ambiente tranquilo. La música suave acompaña las mañanas de café y las tardes de copas con amigos. Arriba, un pequeño comedor con cuatro mesas permite disfrutar de raciones junto a vinos de calidad, incluyendo dentro de poco algunos internacionales.
La reacción de los clientes ha sido positiva desde la reapertura. Eduardo destacó que al abrir entró un gran número de personas que llevaban semanas esperando volver al local. “Hemos cambiado poco: pintura, algo de mobiliario y decoración con iluminación nueva. Es el Burdeos de siempre con un toque francés”, afirmó.
El establecimiento busca consolidarse como un lugar de referencia en la zona, cercano a Carlos III y con vecinos y visitantes que disfrutan de su ambiente familiar. Eduardo señaló que, al ser su barrio, sentía una conexión especial con el proyecto y la comunidad.
Con esta reapertura, el café Burdeos renace como un espacio que combina historia, tradición y modernidad, manteniendo la cocina de siempre mientras ofrece un entorno renovado y acogedor para vecinos y visitantes del segundo Ensanche de Pamplona.