• sábado, 07 de febrero de 2026
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COMERCIO LOCAL

La tienda del centro de Pamplona que parece sacada de otra época: “Sigue dando para vivir, pero no como antes”

Aremar, lencería y paragüería ha cumplido 74 años abierta en el Segundo Ensanche. Virginia Urmeneta la ha mantenido sin relevo generacional y con trato de barrio.

La lencería paraguería Aremar está en la calle Amaya 19 de Pamplona. Navarra.com
Virginia en la lencería paragüería Aremar, situada en la calle Amaya 19 de Pamplona. Navarra.com

Virginia Urmeneta Galilea sigue al frente de un comercio que se resiste a desaparecer en el centro de Pamplona, en un momento en el que las tiendas de toda la vida han ido bajando la persiana una tras otra. Con 56 años y 32 detrás del mostrador, ha descrito la situación con una frase directa: “Sigue dando para vivir, pero no como antes”.

La lencería paragüería Aremar, en pleno Segundo Ensanche, ha mantenido su actividad desde hace 74 años en la calle Amaya 19. Es uno de esos locales en los que entrar es cambiar de década: baldas antiguas, maderas de siempre y ese aire de tienda que parece sacada de hace “como 50 años”, tal y como se percibe nada más cruzar la puerta.

El negocio ha llegado hasta aquí con una historia larga y con varios relevos. Antes de los propietarios más conocidos, Virginia ha recordado que “estuvo una señora que se llamaba Domi que se asoció con Mari”, aunque no ha sabido precisar el año. Sitúa esos orígenes en la época en la que se hizo el Mercado del Ensanche, “a finales de los años 40”.

Aquel mercado marcó una etapa en el barrio y también en el comercio. Más adelante, el nombre de la tienda quedó asociado a José Arellano Martínez y su mujer Mari, antiguos dueños y amigos personales de la pamplonesa Virginia. Y ahí llega una de las curiosidades: “Parece que el nombre procede de arena y mar, pero no”, ha aclarado. Aremar sale de Arellano y Martínez, y ella lo ha mantenido por fidelidad a esa historia: “Como teníamos mucha amistad preferí mantener el nombre”.

Con el paso del tiempo, la tienda ha cambiado de manos, pero no de espíritu. Virginia se ha quedado como la cara visible de una “nueva etapa” que arrancó primero en familia y luego en solitario. “Lo cogí cuando se jubilaron”, ha explicado sobre la retirada de los anteriores dueños. Primero asumió el negocio su hermana Lidia, amiga y vecina de aquella familia, y Virginia empezó ayudando. Hasta que el relevo se completó del todo: “A los seis años, por circunstancias de la vida, me lo quedé yo sola”.

Desde ese momento, ha ejercido como quien lleva el timón de principio a fin, en un contexto cada vez más complicado para el pequeño comercio. “Hemos pasado de ser una tienda de muchísimo trabajo a como están las cosas ahora con internet, Amazon, El Corte Inglés… Ha cambiado mucho”, ha relatado. Aun así, ha querido conservar el estilo. La tienda se reformó “hace 15 años”, pero sin perder el carácter: “La idea es guardar ese sabor de tienda pequeña”.

Y parte de ese sabor está en su manera de funcionar: aunque esté en el centro, Virginia ha insistido en que la ubicación “es casi de barrio”. Muy cerca del Mercado del Segundo Ensanche, el trato ha seguido siendo de tú a tú. “Nos conocemos todos y nos llamamos por el nombre. Esa es la gracia del pequeño comercio”, ha comentado. Y ha puesto un ejemplo que todavía se escucha en Aremar: “El ‘déjame esto que me lo pruebo en casa…’”.

En la tienda, lo que más se vende sigue siendo lencería: “interiores, pijamas, batas, medias, calcetines, ropa interior, corsetería…”. Pero hay otra parte que la hace distinta al resto de comercios del sector: Aremar también es paragüería. Virginia ha subrayado que es “la única tienda de lencería que es también paragüería en toda la ciudad”. Esa doble condición viene de los antiguos dueños y ella la ha mantenido: “Yo quise mantenerlo y lo mantengo”.

Eso sí, la parte de arreglo se ha perdido con los años. “Aquí se arreglaban paraguas, pero ya no hay nadie que lo haga”, ha señalado. Y ha tirado de memoria para recordar otros tiempos: “En tiempos se arreglaban hasta medias”.

La Navidad ha continuado siendo uno de los momentos fuertes del año. “Siempre va bien”, ha apuntado, aunque con matices claros. “No como hace años cuando era imposible trabajar con solo dos personas atendiendo y teníamos que estar más. El jaleo era inmenso”. Ahora el ritmo ha bajado: “Ha ido bien porque es una temporada que se vende muchísimo regalo, pero como antes no”. Y ha vuelto al mensaje que más repite quien resiste en solitario: “Sigue dando para vivir porque estoy yo sola. Más no. Es un trabajo bonito. No es penoso”.

El perfil de la clientela también ha cambiado. “Aquí entra cada vez gente más mayor, aunque también vienen hijas de clientas”, ha explicado. Y ha resumido el choque generacional con una frase: las generaciones jóvenes están “acostumbradas al click”. Aun así, ella cree que una parte del público se mantiene por costumbre y por gusto: “A la gente de mi generación aún nos gusta comprar en el pequeño comercio”.

En su día a día, Virginia ha defendido que la diferencia está en lo que no te da una pantalla. “La ventaja es que nos sostenemos por el trato directo familiar”, ha indicado. También por conocer a quien entra, por saber “el tipo de género que tienes” y por una forma de vender muy concreta: “Mantienes unos precios lo mejor que puedes y no engañar a la gente. Ser honesto y tener suerte”.

Desde el mostrador, ha lanzado una reflexión con tono de aviso: “Con tanto internet vamos a necesitar un hilo y no va a haber una tienda donde comprar un hilo”. Para ella, el cierre del pequeño comercio no es solo un problema económico: “El comercio hace ciudad e iluminas la calle”.

A corto plazo, no siente que la presionen para bajar la persiana. “Aún no me dicen que no cierre. Me ven joven, por lo visto. Dentro de algunos años empezarán a decirlo”, ha soltado con una sonrisa. El problema real, según ha explicado, está en otra parte: “No hay relevo generacional. En mi casa desde luego que no”. Y ha añadido que, fuera de ahí, no es sencillo que alguien tome el relevo “salvo que a algún extranjero le apetezca”.

En lo personal, ha dejado claro qué es lo que más le engancha del oficio: “Lo que más me gusta es el trato con el público”. Antes trabajó en otros sitios, como “una empresa de márketing”, pero lo recuerda casi como otra vida: “Casi ni me acuerdo porque entré aquí con veintipocos años”.

Las reseñas de clientes en redes sociales han ido en esa misma línea y han puesto el foco en lo que la tienda ofrece hoy: “Es un rincón como los de antes. Tienes el género más actual y exclusivo a un precio inmejorable y con la buena atención personalizada de Virginia que con mucha experiencia te aconsejará en lo que necesites. Es una suerte que todavía conservemos espacios así”.

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