• sábado, 21 de febrero de 2026
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COMERCIO LOCAL

Sergio, 30 años en una de las tiendas centenarias de Pamplona: “Nos piden que no nos jubilemos”

“De momento estamos bien. Da para vivir, pero desde la crisis de 2007 esto va bajando más”, admite.

Mercería Beatriz en el casco viejo de Pamplona. Navarra.com
Sergio Goñi en la mercería Beatriz del casco viejo de Pamplona. Navarra.com

Sergio Goñi Sarasibar aprendió pronto que un mostrador también puede ser una escuela. Con diez años, en plena calle y en medio de las manifestaciones de 1978 en Navarra, hizo su primera venta: unos botones a una señora. Aquel gesto pequeño le dejó marcado. Hoy, décadas después, sigue con la misma naturalidad de entonces, aunque el paisaje haya cambiado y cada vez queden menos tiendas como la suya.

Ahora está al frente de la mercería Beatriz, en la calle San Nicolás 35 del casco viejo de Pamplona, un comercio con más de un siglo de vida que continúa en el mismo local desde que abrió por primera vez. Muy cerca de otros que hemos conocido como la tienda Lanikas que abrió hace muy poco en la Plaza de San Nicolás.

Sergio, pamplonés y a punto de cumplir 58 años, lleva ahí “oficialmente desde 1996” y, antes, echando una mano desde siempre. “Aún me quedan unos diez años para jubilarme”, comenta, y lo dice casi como quien no se termina de imaginar el día en que deje de levantar la persiana.

La historia del establecimiento es casi una línea recta en el tiempo. La tienda abrió en 1922 con otro nombre, mercería La Victoria, y la primera en atender a los clientes fue Victoria Seminario. En 1926, el negocio pasó a Juan Guiu Vidal y, tras su fallecimiento en 1940, continuó su viuda. Todo, sin moverse de ese mismo rincón del Casco Viejo que hoy sigue viendo entrar y salir a clientes con prisas, con dudas o con esa tranquilidad de quien sabe que aquí le van a asesorar.

El nombre actual llegó más tarde. En 1970, la mercería se traspasó a Beatriz Sarasibar Mendive y la tienda cambió de identidad: desde entonces pasó a ser la mercería Beatriz. Beatriz falleció en 2010 y Sergio se hizo cargo del negocio, siguiendo una cadena familiar que, en su caso, tiene fechas muy concretas. “Fue heredado por mi madre Beatriz en un traspaso hace 56 años”, explica, subrayando que la tienda no solo ha sobrevivido, sino que se ha mantenido con el mismo pulso.

En el día a día no está solo. Trabaja con Nieves y Ainhoa, sus dos empleadas. “De momento estamos bien. Da para vivir, pero desde la crisis de 2007 esto va bajando más”, admite. No lo dramatiza, pero tampoco lo disfraza: el comercio tradicional, dice, lo nota en la caja y también en el barrio, donde cada cierre se comenta como si fuera una mala noticia familiar.

En su tienda, además, el tiempo se ve. El local conserva la estructura antigua por dentro y también la fachada, en esa esquina entre la calle y la plaza de San Nicolás. “Hace unos meses vinieron del Ayuntamiento porque van a consolidar la fachada para que no se toque”, cuenta. “Se rehabilitó cuando pasó la entibadora y se mantuvo todo como estaba”. La escena suena casi a declaración de intenciones: modernizar lo justo, tocar lo mínimo.

Sergio nota que esa autenticidad pesa. Y que para muchos clientes es una razón de más para volver. “La gente nos dice que no nos jubilemos, que no saben a dónde van a ir”, relata. Lo dice porque lo escucha a menudo, sobre todo desde que han ido desapareciendo mercerías en distintos puntos de Navarra. “Están cerrando todas las mercerías de los barrios y de los pueblos. Esta mañana ha venido una señora de Peralta porque se ha cerrado la del pueblo”, explica, como quien da un parte de daños.

Las ventas también funcionan por temporadas, como si la tienda tuviera su propio calendario. “Cada fecha tiene lo suyo. En Navidades se han vendido un montón de calcetines y bufandas. Ahora empezarán las puntillas”, detalla. En su caso, la conversación suele acabar en lo mismo: si hay futuro. Y ahí, Sergio se muestra claro. “Yo no tengo relevo. La empleada que viene detrás, que lleva 30 años en la tienda, tiene un año menos que yo. Mientras siga viniendo la gente seguiremos atendiendo. De momento siguen viniendo”.

Cuando habla de por qué cuesta encontrar continuidad, no se anda con rodeos. “Vacaciones cogen las empleadas, pero el empresario solo coge los festivos”, apunta, poniendo el foco en la parte menos amable del negocio. “Es muy esclavo. Lanzó una campaña el Gobierno de Navarra, pero los hijos se van a trabajar a una fábrica o a una cadena. Así tienen festivos y días de vacaciones y no tienen ningún problema”, añade, con ese tono de quien ha visto pasar generaciones y sabe cómo han cambiado las prioridades.

Aun así, también hay motivos para el orgullo. Sergio recuerda que el año pasado “nos hicieron un homenaje los Gigantes de Pamplona y nos tocó a nosotros entre otros comercios centenarios”. Y el reconocimiento no se queda solo en ese gesto: las reseñas en redes sociales son especialmente buenas. Un cliente escribe: “Es fantástico que permanezca abierta esta mercería Beatriz.

Es recordar cómo eran las tiendas de trato personalizado y especialización en su área. Donde siguen vendiendo las boinas Elósegui. Gracias”. Otra persona destaca: “Me han atendido de maravilla, con paciencia y simpatía. Y bien de precio. Hay que seguir apoyando el pequeño comercio”. Y un tercero lo resume sin florituras: “Trato, por parte de los dueños, excelente y productos perfectos”.

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