• domingo, 30 de noviembre de 2025
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COMERCIO LOCAL

Virginia, en la última tienda de fotografía de un barrio de Pamplona: “Hago lo que más me gusta y eso me hace feliz”

Air Fotografía ha dejado atrás la bajera del grupo Rinaldi para instalarse a pocos metros, en un local de la calle Serafín Olave 5, trasera.

Virginia Barinaga en su tienda de fotografía en el barrio de iturrama. Cedida.
La navarra Virginia Barinaga en su tienda de fotografía situada en el barrio de Iturrama. Cedida.

La fotógrafa Virginia Barinaga Iriarte, de 31 años y natural de Burlada, mantiene viva la esencia de un oficio que resiste como puede: el suyo es el último estudio de fotografía del barrio, un pequeño espacio que ya se ha convertido en referencia para quien aún busca copias, retratos o reportajes hechos “con mimo” y no solo con el móvil. Su proyecto, Air Fotografía, acaba de dar un paso importante con un cambio de local que ella misma vive “con mucha ilusión”.

Desde el 3 de noviembre, Air Fotografía ha dejado atrás la bajera del grupo Rinaldi para instalarse a pocos metros, en un local de la calle Serafín Olave 5, trasera, en pleno barrio de Iturrama. Aunque el traslado ha sido corto, para Virginia ha supuesto un salto enorme en Pamplona.

En su anterior ubicación, junto a la histórica tienda Comestibles Ibáñez, el estudio quedaba escondido al fondo y muchos clientes ni siquiera veían lo que ofrecía. Ahora, con una distribución abierta y luminosa, siente que su trabajo se entiende mejor desde la puerta. “Aquí se ve todo y se entiende más lo que hay. Es bonito y acogedor”, describe.

El cambio también le ha permitido ganar espacio y comodidad. El nuevo local es “más amplio”, entra más luz y la visibilidad desde la calle es mayor. Además, el sobrepiso le está resultando muy útil para ordenar materiales y avanzar en tareas pendientes. “Me va bien. Estoy contenta”, reconoce mientras se acostumbra al ritmo del nuevo lugar.

Detrás de la marca Air Fotografía hay un detalle personal que explica con humor. “Me llaman Vir, de Virginia, y si le damos la vuelta a la uve leemos Air, y me gustó”. Un guiño que la acompaña desde que decidió apostar por la fotografía como forma de vida, un camino que empezó joven y que ha ido construyendo paso a paso.

Virginia admite que el sector “ya no es el que era”, porque la fotografía se consume menos que antes y los carretes han pasado a otro plano. Aun así, se mantiene firme gracias a la variedad de trabajos que ofrece. En el estudio realiza copias, ampliaciones, fotos de carnet, marcos y reportajes de eventos, bodas, comuniones, orlas universitarias, colegios y fotos de grupo. “Hago un poco de todo. No me puedo quejar”, comenta con la serenidad de quien ha aprendido a adaptarse.

La parte más tradicional, el revelado de carretes y las copias físicas, ha bajado mucho. Pero su equilibrio está en combinar el trabajo del estudio con encargos en exteriores, que le permiten mantener actividad durante todo el año. “Como yo lo complemento con otro tipo de trabajo fuera, por ahora voy bien”, asegura.

Ya son cinco años y medio al frente de la tienda y casi doce desde que empezó a hacer fotos. Su formación ha sido igual de variada que su trabajo actual: estudió audiovisuales, vídeo y foto en la Escuela de Artes y Oficios de Pamplona, cursó dos años en Sonograf, hizo prácticas en Italia y probó incluso el periodismo y la moda antes de decidir que lo suyo era el estudio. “He tocado todos los ámbitos y he visto que esto es lo que más me llena y lo que más feliz me hace”.

Trabaja sola y su familia es uno de sus mayores apoyos. “Están muy contentos y orgullosos de que siga con esto, que no es fácil, con temporadas mejores y otras peores”. Cree que, para que esta profesión tenga futuro, se necesitan organización, constancia y un poco de suerte. Y sobre todo, clientes satisfechos.

“Los contactos salen con el boca a boca, que hace mucho. Si te gusta lo que ves, vas a buscarlo porque la fotografía son imágenes”, explica. En su barrio, además, la ausencia de otras tiendas —antes había varias, pero se han ido jubilando— la convierte en un punto de referencia.

Su calendario laboral no para en ninguna época del año. Tras la temporada de Comuniones, llegan las bodas; después, la Navidad; más tarde, los colegios y las orlas; y entre medias, las necesidades diarias del estudio. En estas fechas, ya tiene preparado el decorado navideño para las sesiones de niños y adultos que muchos convierten en regalos, calendarios o detalles personalizados. “Mucha gente regala sesiones fotográficas en Navidad, que a veces no se le ocurre, pero es un regalo muy chulo y bonito porque regalas recuerdo”, comenta.

Virginia defiende que una buena foto de estudio sigue teniendo algo que el móvil no puede igualar. “Luego las imprimes, les pones un marco en casa y las recuerdas mucho más”. Lo dice con entusiasmo y también con la energía de quien disfruta su trabajo. “Hago lo que me gusta y a la hora de trabajar se nota. Las ganas y el cariño que le pones, la gente lo agradece. Eso me dicen los clientes”.

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